Muñeco de Porcelana

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Parte 1/3

>>Era hermoso ante mis ojos.

Podría decir que  perfecto.

Su nariz bien respingada, su mandíbula bien tallada. Pero...

Sus ojos.....

Sus ojos estaban vacíos. 

Al igual que el mío. 

Aquel muñeco de porcelana era una auténtica belleza vacía y delicada. 

_Como quisiera que existieras de verdad.<<

***

Mi nombre es Oscar. Tengo 15 años y mi vida...? Es un asco. 

El porqué? 

Pues a mis 9 años mi "padre", si se podría llamar así, me llevó a un club donde me hizo acostar con mujeres maduras. Pero no para tener sexo, ya que aún era pequeño...pero sí para que esas mujeres horribles me tocasen todo mi cuerpesito, sintiéndome asqueado conmigo mismo. 

Lo que quería mi padre...?

"Que me convirtiera en hombre". 

La primera vez que me llevó, recuerdo que no salí del baño en 5 horas, ya que paraba vomitando y bañándome para sacarme esos sucios y asquerosos besos que me dieron aquellas "señoras". 

Mi madre murió a mis 8 años. Ella era buena, dulce, tierna, todo un ejemplo de madre y heredé su característica sonrisa cuadrada. 
Algo que a mi "padre" no le gustó mucho, ya que le traía recuerdos de ella. 

Pasaron muchas veces que "papá" me llevó a ese club. Hoy en día ya no tanto. Cuando yo me resistía para no ir, siempre me ganaba insultos de "eres un maricon, y mi hijo no tiene que ser maricon", y terminaba con un golpe entre mis costillas o una cachetada que hacía que mi sonrisa desaparesca de a pocos.
Hasta que ya no hubiera rastro de aquello...Solo una mirada fría y cansada por parte mía. 

Hoy es mi cumpleaños.

Mi padre como siempre supongo que estará en un bar o talvez teniendo relaciones con aquellas mujeres de la vida fácil. No lose y tampoco me importa. Con tal que no llegue nunca sería feliz. 

Estoy en mi cuarto con un pequeño pastel que yo mismo preparé gracias a lo que me enseñó mi madre, y encima adornaba una velita de color verde. Aquellos días temerosos que se convirtieron en meses, y aquellos meses en años, fueron una total tortura...y para quien no lo sería?

Pero algo que aprendí, es nunca perder las esperanzas. 

Soplé la velita y me dije a mi mismo...

Tengo la esperanza de que alguien vendrá a salvarme. 

"Lo hare"

Tengo la esperanza de poder ser libre.

"Lo serás"

Tengo la esperanza de ser feliz. 

"Conmigo, 
Yo seré tu esperanza pequeño" 

***
Ahora mismo, tenía un muñeco de porcelana en mis manos. Mi "padre" me lo había traído ya que se lo encontró tirado en una de las esquinas de un pequeño callejón. Siendo un "regalo" de su parte por mi cumpleaños atrasado. 

Después de darmelo se marchó, a quien sabe donde. 

Talvez se pregunten si estudio o no. Pues iba en mi cuarto año de secundaria, la cual perdí por faltar mucho. Pero no me causó problema. Ya que a mi "padre" no le importaba mucho eso. Y mucho menos a mí. No tenía amigos, sufría constantes maltratos por parte de mis compañeros y al final siempre reprobava. No era muy bueno estudiando. 

Ya les dije...mi vida era una mierda. 

A lo que estaba. Tenía a ese pequeño y bello muñeco de porcelana en mis manos. 

Era muy lindo, su rostro era perfecto al igual que su cuerpo. 

Quien lo haya hecho merecía un premio.

Pero...

Quién botaría algo tan PERFECTO Y HERMOSO como esto a la basura? En serio no entiendo a la gente. 

Lo miré detenidamente. Sus labios, su nariz todo era tan bien hecho...pero mi mirada se concentró más a sus ojos.

Eran vacíos. 

Me pude ver en él.

***

_Nunca debes perder las esperanzas. 

_Pero ya no puedo.

_Tienes que soportarlo. Aguanta un poco más.

_Hasta cuando?!

_Hasta que yo vaya por ti. 

En eso escuché un fuerte sonido proveniente de un tren. 

_Me tengo que ir.

_No por favor, no te vayas. Ya no aguanto toda esta mierda. Por favor, no me dejes. 

_No te dejaré. Créeme, muy pronto vendré por ti. Solo...espérame. 

Y con eso, se subió al tren y se marchó. Dejándome con lágrimas en los ojos recorriendo por mis mejillas. 

***

Desperté de aquel sueño tan raro, con mis mejillas húmedas. 

No pude recordar la cara de aquel chico. Pero su voz aún está en mi memoria. 

"Aquella voz dulce".

En la mañana no tenía nada que hacer. Preparé mi desayuno, y luego me fui a mi habitación para arreglar algunas cosas. 

Mi cuarto solo consistía en una cama, un ropero y una mesita de noche. No tenía muchas cosas  que ordenar, solo tenía cinco conjuntos de ropa a lo máximo. Ya que no salía de casa. 



Elena Y. Aranda

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En el texto hay: violencia, homosexualidad

Editado: 17.02.2018

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