Muñeco de Porcelana

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Parte 3/3

_N-No por favor, n-no me hagan n-nada...

_Tranquilo pequeño, la pasaras muy bien con nosotros. 

Nose en que momento había ocurrido eso. Pero en un pestañar aquellos hombres ya estaban en mi cuarto. Tocándome con sus manos tan repugnantes. 

Me sentía sucio. 

Me daba asco. 

Ya no lo aguantaba más. 

YA NOO!!

Tomé toda la fuerza que tenía y empujé al que estaba encima mío. Antes de salir de mi habitación, pude ver de reojo al muñeco de porselana que se encontraba encima de la mesita de noche, lo tomé y salí corriendo hacía la entrada.

Corrí como nunca al salir de mi casa. 

Simplemente corrí, no me importaba nada en ese momento. 

No me importaba mi "padre", no me importaba mis cosas. No me importaba la casa. 

Solo me importaba aquella cosa que tenía entre mis manos ahora mismo. 

Nose cómo, pero había llegado al puente que tenía debajo a la estación de tren. 

Lo miré por unos segundos y empecé a llorar. Lloré con todas mis fuerzas. Mi corazón estaba completamente roto. Ya no tenía a donde ir. 

No tenía un hogar. 

Bueno...nunca lo tube.

Ya no tenía vida. 

Para que vivir? Si no tienes nada. No tienes a donde ir. No tienes una madre que te diga que te ama, que acaricie tu cabello o que te cocine siempre cada vez que vengas del colegio. No tienes un padre con quien jueges a algún deporte, que te proteja o que te apoye. No tienes amigos con quien pasar el día, con quien reír o jugar. 

No tengo a nadies. Todo está muerto en mí. 

Miré por última vez al muñeco de porcelana que tenía en mi manos y luego dirigí mi mirada hacia el cielo, que daba un atardecer hermoso. 

En unos segundos ya me encontraba al otro lado del barandal del puente. Poco a poco mis dedos fueron perdiendo resistencia. Cerrando mis ojos, me iba soltando lentamente. Aún con el muñeco en mano.

_Perdiste la esperanza?

Esa voz...

De quién era esa voz? 

_Por qué perdiste la esperanza pequeño?

Quería abrir mis ojos. Pero ellos no respondían. 

_Q-Quién eres? 

_Soy tu esperanza. Soy tu ángel. 

_M-Mi ángel? D-De que hablas? 

De pronto sentí unas manos rodeando mi cintura. Me llenó de una calidez tan maravillosa, que quería quedarme así para siempre. 

Poco a poco mis ojos se fueron abriendo y lo vi. 

Pude verlo. 

Aquel muñeco de porcelana que ya no se encontraba en mis manos, sino delante mío. Con una sonrisa tan celestial y hermosa. 

Vi sus ojos. Pero no estaban vacíos. Estaban con un brillo especial dentro de ellos. 

_Ya es momento de llevarte. Como siempre lo quisiste. 

Sin apartar sus manos de mi cintura, me dió un fuerte jalón haciendo que me soltara de mi agarré y cayera del puente.

_Cierra tus ojos y ábrelos cuando te lo diga.

Hice inmediatamente lo que me dijo y me envolvió en un cálido abrazo que me encantó. Lo último que fui a escuchar fue el sonido de un tren, anunciando su llegada. Me aferré al cuerpo de aquel chico y de ahí todo se volvió blanco. 

Mi dolor, mi desesperanza, mis angustias, todo lo malo de mí, desapareció en ese instante. 

No sentía nada. Ninguna emoción, solo tranquilidad. 

_Ábrelos ya.

Dijo la voz de hace un instante. Y cuando empecé a abrir los ojos lentamente, me topé con él. 

Estaba al frente mío. Con una sonrisa muy hermosa adornada en su rostro. 

Al parecer estabamos en una estación de tren. Y era la misma que estaba en mis sueños. 

_Vámonos.

Me tendió la mano y yo la tomé sin protestar. En eso se escuchó aquel sonido ya conocido del tren.

Cuando subí y nos sentamos en uno de los asientos. Me percaté que solo estábamos los dos. 

_A donde vamos? 

_A tu nueva vida. 

En eso las ruedas del tren empezaron a avansar. Y todo el tiempo solo estaba perdido en aquellos ojos negros profundos y de cabellera castaña. 

Vi el paisaje de afuera por la ventana que estaba a mi costado. Era hermoso. 

Dirigí mi mirada nuevamente hacia aquel chico y tenía que preguntarle lo que siempre pasaba por mi mente.

_Como te llamas? Ahora me lo diras?

A cambio recibí una linda y leve carcajada por parte suya. 

_Por qué? Si al final no lo vas a recordar. 

_Solo dímelo.

Hizo un movimiento negativo con su cabeza, aún con aquella expresión divertida y sin mas me respondió. 

_Gabriel._dijo aún manteniendo su sonrisa. 

Aquella sonrisa que sería capaz de opacar hasta al mismo sol. 

_Duerme pequeño, el viaje será largo. 

Asentí. 

Mis ojos se cerraron, apoyé mi cabeza en la ventana y antes de caer en los brazos de morfeo, escuché por última vez, el sonido que hacían las ruedas del tren.



Elena Y. Aranda

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En el texto hay: violencia, homosexualidad

Editado: 17.02.2018

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