Murmaider

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01: Turno del recital

El lugar brillaba de un azul puro. El arrecife dormido, apenas perturbado por los rayos dorados que lo acariciaban y el calor producía cosquillas donde tocaba, haciendo una mañana perfectamente perezosa y ...

—Esto es una mierda, ¿Por qué está tan brillante?

Peinando sobre su rostro el cabello, intentó que se quedara pegado a sus ojos sin éxito a lo que su mano tanteó alrededor de la cazadora de cuero que llevaba encima, la prenda había sobrevivido de alguna manera y aunque la humedad causaba estragos curtiendo la piel aún conservaba el color original; jaló el cuello para cubrir su cabeza y con ello su rostro. La migraña taladraba sobre sus sienes amenazando con formarse y a su lado el cangrejo nadaba sin entender qué era lo que molestaba al chico.

—Naturalmente el sol está sobre nuestras cabezas su majes—tras una mirada maliciosa Sebastián tragó—Ariel...

El chico asintió satisfecho haciendo un mohín.

—Entonces dime lo que sabes...¿algún sospechoso?, ¿ encontraste algo en la escena?, ¿puedo ver el cuerpo?, ¡seguro que ese viejo tenía la misma expresión de un atún atrapado en una red!

La suave carcajada atrajo la mirada de una morena que dormía.

Sebastián nadó colocándose delante del ondino cubriendo sus labios con las tenazas.

—Shh, Shh, nadie sabe aún de esto... el pánico reinaría.

Enarcando una ceja delgada el pelirrojo asintió hundiéndose de hombros matando su diversión una mueca desdeñosa en sus labios.

—Lo que sea.

Ariel no se encontraba cómodo, su aleta picaba-literalmente- por nadar alejándose del crustáceo y del reino. Libre al fin, podía gritar, ¡qué rayos!, podía cantar incluso con una complicada coreografía detrás antes de alejarse saltando como un delfín hacia el sol. Toda su vida se la pasó encerrado, privado de todas las maneras posibles, su única compañía mientras crecía fue una vieja sirena que le crió como suyo. La anciana murió cuando cumplió doce y la custodia pasó a un par de delfines, ellos no eran malos pero no le entendían, escaparse siempre fue tentador y las malas amistades no tardaron en surgir. Después de todo siempre supo que era un renegado, las promesas de protección y de que volvería a casa una vez que las cosas se calmaran empezaron a parecer lejanas, no más que simples mentiras. Nunca supo cuando el anhelo y la lealtad que sentía hacia su padre se convirtieron en odio y recelo.

El caos vino un año después de la muerte de la señora. Con trece años intentando mostrar su valía a la banda de carroñeros con los que se juntaba. Sólo quería poner en su lugar a algunos tiburones, nunca pensó que robar algunas armas y disparar unos cuantos cañones fuese a causar tanto alboroto. La catástrofe llegó cuando una de las minas marinas explotó cerca de una comunidad, él no quería herir a nadie sin embargo no pudo hacer nada para impedirlo.

La explosión se llevó a su banda y casi lo consumió a él también.

La luz lo molestaba desde entonces, el recuerdo del destello que crecía y el sonido que destrozaba sus tímpanos...

—Las cosas que solicitó las tendrá al anochecer, mientras tanto he encontrado un lugar donde puede dormir después de que le informe cuánto sé.

Ariel asintió sin prestar verdadera atención.

El lugar le pareció sorprendentemente agradable, pequeño y con poca luz, estaba algo destruido, chucherías yacían enterradas, algo destrozadas en la arena y entre la piedra. Estirando la mano encontró un objeto retorcido con una punta afilada, un arma humana seguramente.

—Nadie te molestará aquí, el rey prohibió que cualquiera se acercara a este lugar, la única persona que lo usaba era su hermana.

—Bonita decoración, no lo esperaba para una niña mimada.—Ariel tocó el torso de lo que parecía ser la estatua de un hombre humano, destrozada, la cabeza había desaparecido al igual que las piernas.

Sebastián resopló echando burbujas.

—El rey se enfureció bastante al descubrirla, Ariel lloró mucho después que la destruyó, la viva imagen de su amor verdadero, tan desdichada.

El tritón chasqueó la lengua sin poder sofocar una risa ahogada, mirando con incredulidad al cangrejo.—¿Amor verdadero?,¿qué mierda es esa?—Sujetándose el estómago flotó llenando el espacio con su suave risa.—¡Seguro que era desdichada!, ¡Adorada por todos, haciendo lo que quería, sin cadenas ni ataduras con una cama suave y rodeada de afecto!



Belucarmer

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En el texto hay: sirenita

Editado: 01.09.2018

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