Murmaider

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07: Parte de él

Chapoteando en el agua Ariel espió entre las húmedas pestañas el cuerpo inerte de Ian. El hombre era tan esquivo, apenas lograba metérsele un poco dentro y él lo lanzaba lejos y levantaba barreras a su alrededor tan rápido como respirar.

Reclinando la nuca contra el metal cálido enarco una ceja cuando la respuesta se atoro en la garganta del tipo.—¿Y bien?

—¿Qué tiene que ver ese resplandor que mencionaste antes con tu hermana y el príncipe?

Ariel quiso gruñir cerrando los ojos resbalándose hasta que el agua rozó su mentón.—Nada Johnny, cosa de familia, ella es tan bonita que brilla...igual que yo.

Levantándose intento parecer indiferente aprovechando de darle la espalda para tomar la toalla y secarse temblando una vez que abandono el agua caliente, mantener el secreto de su verdadera naturaleza era crucial, incluso aunque Eric parecía entender no estaba seguro que tan comprensivos eran el resto de los humanos, no confiaba en Ian.

—...Claro.

Bajando la cabeza en la bañera pudo leer claramente un "no digas nada" de parte del crustáceo. De puntillas avanzó hasta dejarse caer sobre la cama secándose el cabello, girando el rostro hacia el soldado para encontrarlo semidesnudo con el torso descubierto y dorado a la luz de las velas y las manos luchando con el cinturón de cuero debajo del que asomaba una sombra...

—¿Ariel?— La voz de Ian logró traspasar su cráneo y viéndose sorprendido se sonrojo.—¿huh?— desviando la mirada encontrándose extraño ante la perturbación que provocaba en él el otro hombre.

—¿Qué tanto sabes sobre el príncipe y tu hermana?—Si Ian se dio cuenta de su repentina fascinación afortunadamente no lo demostró, desnudándose Ariel devoró los pequeños detalles con los orbes azules, como la cicatriz que descansaba en el lado derecho de su cadera y la forma en la que los músculos se tensaban con cada movimiento y el color levemente más pálido de su trasero y su entrepierna.

Las diferencias saltaban a la vista, él casi parecía...delicado en comparación, mirándose de arriba abajo busco con los dedos los músculos gruesos del pelinegro, porque en algún lugar debían estar, ¿no?

El jadeo ahogado que escucho al otro lado de la habitación lo hizo levantar la cabeza, Ian lo miraba entornando las cejas con la boca abierta confundido. —¿Qué se supone que haces?

Torciendo la boca Ariel intento no mirar entre cada parpadeo entre los muslos del hombre. ¡Joder!— Tratando entender...¿Por qué tu eres todo músculos y yo soy...—Dirigiendo una mirada crítica a su estómago y su pecho enarco una ceja.

—¿Delicado?

—¡¿Qué?!, ¡No soy delicado!...no mucho.—Se quejo hinchando el pecho y alzando el mentón, recibiendo un bufido exasperado y las palmas abiertas en signo de paz.

—Bien, lo que sea...yo, escucha yo no tengo interés en...de la forma en la que tú me miras, yo...—Lamiéndose los labios compulsivamente Ian luchó por empujar las palabras para hacerse entender.—¡Maldición!

Ariel apretó los labios mirándolo fijamente sin entender—¡Habla claro!— cruzado de brazos adoptó la pose de pelea, no sabía que era pero el tono era el mismo del de un buscapleitos.

Ian se pellizco el puente de la nariz suspirando, atrayendo los cubos de agua limpia más cercanos intentando contener su lengua.—Sólo digo que...no es normal, que te prestes con tanta facilidad a coquetear con otros...sujetos.

Ariel rebotó en la cama apoyando los antebrazos sobre los muslos.—¿Sujetos?, ¿hombres?... lo normal puede o no aplicarse a mí.

—¿Qué quieres decir?— Clavando sus orbes verdes examinándolo vertió sobre su cabeza el agua estremeciéndose al encontrarla tibia, sacudiendo la cabeza atento a escuchar la respuesta a su pregunta.

—No quiero decir nada.

Y de nuevo una evasión, ¿en serio creía que era tan estúpido?, tallando con más fuerza de lo necesario, se encontró gruñendo un montón de maldiciones, quedando limpio en minutos, se tambaleo cansado fuera de la bañera.

—Tarde o temprano...—canturreo empujando la masa de cabello negro sobre sus ojos hacia la parte posterior de su cabeza haciendo que pequeñas gotas se derramaran por su clavícula desde su mentón señalándolo con el pulgar con voz amenazante.—Hablarás y deberás decirme todo lo que sabes.

Ariel luchó con el temblor para darle una réplica dudosa cuando el grito ronco y los espasmos que sacudieron el cuerpo de gladiador de Ian se tragaron sus palabras.



Belucarmer

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En el texto hay: sirenita

Editado: 01.09.2018

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