Murmaider

Tamaño de fuente: - +

09: Nadar no es original

—¡Qué demonios!—Frunciéndole el ceño a la columna frente a él, la vena de su sien podría saltar y caer dentro de su copa en cualquier momento, apartado de todos, sus dedos frotaban por enésima vez el puente de su nariz Ian suspiró.

—Si sigues suspirando así tu felicidad se evaporará...

La voz de Ariel sonaba irritada, como un erizo de mar, empujando un perfecto bucle hacia atrás, golpeó la punta de su pie envuelta en los tacos y lo miró ceñudo.

La fiesta era agradable pero no íntima, todo el pueblo se encontraba ahí, inclusive sus hermanas las cuales corrieron dispersandose en todas direcciones dejándolo solo con el problema. Él cual lo miraba asesinándolo con sus ojos azules resaltados por largas pestañas. —¿tuviste que acceder a sus juegos?, ¿Dónde está tu orgullo masculino?, ¿Por qué de todas las cosas esto?—Cuestiono haciendo un florín señalándolo por completo a lo que Ariel solo rodó los ojos reacomodándose el entallado vestido, visiblemente incómodo las presentaciones fueron difíciles, ordenándole que no hablara le había hecho pasar por mudo. Una joven amiga de la familia. Por fortuna sus padres no los acompañaban estarían muertos por el escándalo que suponía el travestismo de su joven compañero.

—Eres un imbécil, me veo muy bien, mucho mejor que todas esas mujeres...¡Ellos no dejan de comerme con los ojos!—Sonrió malicioso levantando el mentón en un gesto puramente callejero hacía un par de hombres que le sonrieron. Ian no tardó en colocarse en el centro bloqueándolos de la vista.

—¡Deja de hacer eso Ariel!— Inclinándose le cogió del antebrazo arrastrándola hacia afuera, ignorando las protestas de él al tropezar con el vestido y resbalarse con los zapatos.

Estrellándolo contra la dura piedra entre las sombras que los ocultaban sin soltarlo, su aliento caliente se estampo contra sus labios.—Esto no es un juego, esta es mi gente, mi familia vive aquí y tiene que ver a cada uno de estas personas a diario, además estamos en una misión, el hombre que tiene a tu hermana se encuentra aquí y tan solo le tomará un breve vistazo para saber quién eres y qué buscamos. ¿Que si la mata?

Ariel intentó sacudirse el agarre ofendido, con la peluca deslizándose a un lado de la cabeza, sus palabras lo aturdieron mucho más profundo que nunca, helándolo, el dolor viajó por todo su cuerpo entumeciéndolo, y los sentimientos de amargura e ira que dejó atrás en el océano volvieron como densas olas, ahogándolo, saltando sus lágrimas las oculto tras un ceño fruncido. Eso no lo había esperado, al vestirse de mujer de alguna forma se había vuelto vulnerable, incapaz de sacudirse las duras palabras y reírse, y Ariel quería reírse y decirle lo estúpido que era.

Ariel se sentía feo pero supo esconderlo tras el volumen del vestido.

—¡Él no la matará, lo hubiera hecho desde el principio si ese fuese su objetivo!, ¡Ella le importa!, además si me ve, tal vez crea que ella ha escapado y venga por mí, podríamos cazarlo. Y respecto a tu pueblecito— Clavando sus ojos en el rostro ajeno le dedicó su mejor mirada desdeñosa.— No estaré aquí el tiempo suficiente para echarlo a perder.

Con un empujón logró deshacerse de él, avanzando de vuelta a la luz, Ian parecía que estaba por decir algo más cuando un par de figuras emergieron de la sala directo hacia ellas, la voz suave de una mujer lo llamó.

—Sabía que te encontraría aquí... pensé que tu y yo teníamos algo.—Astrid resplandeciente en un vestido color crema le sonrió a Ian empujando una mano hacia él. Ian la beso recuperado.—¡ Señorita Astrid!, lo siento, mis hermanas tenían otros planes a los cuales no pude resistirme... te ves hermosa.

Ella soltó una risita nerviosa empujando su abanico contra el pecho del joven que tenía al lado.—Quiero presentarte a William Hoem, es un amigo de la familia.

Los hombres se miraron un momento asintiendo con cierta incomodidad. —Willian, un placer, Astrid me ha hablado de ti.—Los ojos azules de Willian vieron por encima de él.

Ariel con los brazos cruzados, luchaba por soplar fuera un bucle que había caído sobre su nariz, empujando las manos después para repartir los cabellos, apenas escuchó las aburridas presentaciones cuando noto la mirada de todos sobre él. Levantando el rostro miró a Ian con los labios apretados.

Ian se inclino cerca sujetándolo por la espalda empujándolo hacia ellos.—Les presento a Ariel, es una amiga de la familia también.

Astrid arrugó la fina nariz evaluándola de pies a cabeza y Ariel entendió que se sentía intimidada, empujando el pecho, mujer o no le desagrada cuando alguien le juzgaba sin conocerlo así que se pavoneo mostrando su mejor sonrisa, de esas que resaltaban la estupidez que los hombres tanto les gustaban.



Belucarmer

#1248 en Fanfic
#5500 en Fantasía

En el texto hay: sirenita

Editado: 01.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar