Murmaider

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14: Quisiera poder quedarme a tu lado

«¿Cuánto había bebido ya?»

La boca le sabía a vómito y la más mínima luz hería sus ojos, como fragmentos delgados de cristal. Intentó levantarse y andar un par de pasos, el aire frío le sentaría bien y aliviaría el mareo, o esa planeaba si tan solo pudiese ir directo hacia la puerta. Resbalando la bota en el último escalón manoteo intentando prevenir la caída.—¡Hup!—Un fuerte brazo lo jalo levantándolo, manteniéndolo en pie. Ian no pudo reconocerlo en un principio, no hasta que su mundo entero dejó de girar. El pelo oscuro y los ojos azules parpadearon intrigados suavizando con la sonrisa que vino a continuación.

 

—Parece que te ha ido realmente mal, ¿eh?— Estabilizándolo ambos hombres comenzaron a andar hacia afuera Con la luz iluminando su espalda con un resplandor naranjado, Ian entrecerró la mirada y susurró—Príncipe Eric.

 

 

—Es una trampa.

Reclinado contra la mesa de madera de la pequeña habitación Ian se sujetó la cabeza asintiendo ante el comentario del príncipe.—Entonces tu también lo crees.

Reclinado contra la pared de brazos cruzados Eric profundizó su ceño pensativo.—No hay forma de que no lo sea, todo se escucha demasiado...conveniente y que ella haya estado tan interesada en él. Sin contar el hecho de porque si se llevo a todos los brujos la dejo a ella atrás. Lo he perseguido y no hubo nadie más aparte de ella que él perdonó. Ese tipo es...eficiente.

—Quizá es porque Ariel está siendo demasiado persistente.

Antes de que pudiera agregar más el ojiazul negó con la cabeza.—No,—Yo soy persistente...lo he seguido sin descanso—frotándose el mentón dejó caer los brazos.— creo que se debe a lo que es él, y no por quien es...

Ian no pudo evitar notar lo mucho que parecía saber el príncipe sobre Ariel, sabía por las breves conversaciones que sostuvo con el pequeño rojo que el hombre estaba enamorado de su hermana y al parecer su relación era muy profunda, sin embargo pensaba que aquello no se limitaba a la mujer, el príncipe parecía extender sus alas sobre los dos. Y de alguna manera encontraba eso molestó. Apretando las manos juntas, levantó la cabeza hecho polvo contra la silla.—¿Qué tanto sabes sobre Ariel?

—Sé lo que hay que saber.—Agrego críptico frotando el nacimiento de su nuca.—Igual que tú.

—Entonces no sabes nada.—Sentenció, por algún motivo aquella frase le enfureció. Él tenía, se sentía con ¿Qué?, ¿derecho sobre el niño?, daba igual simplemente que fuese el único moviéndose en la oscuridad lo hacía sentir relegado, como si fuese solo él quien se encontrara en riesgo, mucho más que físicamente. Golpeando los puños sobre la mesa se puso de pie, consiguiendo que el mareo fuese menos. El alcohol empezaba a perder sus efectos. —Déjate de estupideces y dime, se que tu sabes más de lo que aparentas...la forma en la que él habla de ti lo confirma.—soltó sin molestarse en bajar la voz.

Eric pasó de estar reclinado cómodamente en el marco a permanecer recto con los brazos laxos al costado mirándolo, negó con la cabeza.—No, lo siento no puedo. No me corresponde.

Eso fue todo, viendo rojo Ian apretó los dientes al punto de dolor y lanzó un puñetazo decidido hacia el rostro del futuro gobernante. Eric, sobrio y hábil lo esquivo empujándolo al otro lado de la habitación donde Ian se estrelló contra una de las paredes, sacudiendo la cabeza. Al girarse, el ojiazul se arremangaba las mangas adoptando una pose de pelea con los brazos al nivel del pecho y los puños cerrados.—Necesitas sacarlo todo.¿ Que significa Ariel para ti?—susurró esquivando el siguiente golpe apenas.

—¡Nada!, ¡No es asunto tuyo en todo caso!— Ian se quejo recibiendo un golpe en la nariz escuchando un crujido, fue capaz de moverse lo suficiente para golpearlo igual en el mentón.

—Ellos son especiales es imposible no amarlos, una vez que ellos se hunden dentro de tu corazón. Ingenuos y vulnerables...no son de este mundo.

Repartiéndose los puñetazos más o menos en cantidades similares, hasta que Ian no pudo más y trastabillando cayó de espaldas al suelo mirando el oscuro techo.

El rostro de Ian apareció, sepultado en la oscuridad al inclinarse sobre él. —Lo veras tarde o temprano si eres digno de ello, si no otros podrán llevárselo lejos, si es como mi Ariel.

En dolor en su voz fue suficiente para sumir a ambos en un silencio crudo. Durmiendo en la cama libre, al día siguiente se separaron. Ian aún debía arreglar las cosas con Ariel, le acompañaría le gustara o no, no estaba listo para dejarlo ir. En estos momentos era su Ariel, para proteger y reñir y era todo lo que importaba.



Belucarmer

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En el texto hay: sirenita

Editado: 01.09.2018

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