Murmaider

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16: Ven a bailar

—¡Hey! 

Sentándose de golpe Ariel parpadeo hacia Erik y frotándose los ojos compró que no era una ilusión.—¿Cómo?, ¿Qué rayos? 

—¡Tranquilo!—Palmeando su espalda, el príncipe empujo un vaso de agua hacia él,

Notándose de pronto sediento Ariel apuró su contenido desesperado, empujando el vaso de vuelta al príncipe que se giró rellenándolo de vuelta.

—Gracias.—Tras limpiarse con el antebrazo se dio cuenta de que no se encontraba solo en la cama. A su lado Ian dormía plácidamente. Tenía pequeñas cortadas alrededor del rostro y en los brazos desnudos que comenzaban a sanar. Al igual que un verdugón bajo el ojo. Ariel quedó intrigado sobre cómo había acabado junto a él, sus rasgos se veían desgastados. Ladeando la cabeza de manera canina volvió su azulina mirada a Erick que lo miraba sentado en la cama frente a él.

—Está agotado nada más, hizo una gran proeza, sólo me hubiese gustado ayudarle, sin embargo es bastante...terco. —Encogiéndose de hombros, el príncipe se frotó el cuello, ahora que lo veía bien, se veía agotado, probablemente de estar cuidando de ambos.

—¿Cómo llegue aquí?

—Yo te traje, estabas inconsciente en el carromato cuando llegue ahí, Ian te tendió en mis brazos y me dijo que te protegiera llevándote a un lugar seguro, que pasara lo que pasara no me apartara de tu lado o me mataría.—Los ojos azules del príncipe se giraron hacia el durmiente.— Así que traje aquí, él fue más complicado.

Ariel asintió sin comprenderlo del todo, a punto de frotarse la cara con las manos algo en su vientre se deslizó entre sus prendas cayendo a la cama. Al descubrirse, la perla blanca y enorme rodó sobre el colchón.

—Entonces no fue un sueño, nada de esto.

—Eh...nope.—negando con la cabeza Erik aguardo a que el pequeño tritón lo asimilara.—Para serte franco estuve preocupado, durante un momento tus piernas se desdibujaron y pude ver tu aleta. ¿No le has dicho nada al respecto, cierto?

Mordiéndose el labio inferior Ariel asintió—No he podido...me aterra revelar ese lado...

Mirándolo fijamente por un momento, la intensa mirada de Erik le hizo sonrojar y bajar la cabeza a sus manos que jugaban con la perla.

—Pudiste haber muerto, yo no sé qué clase de relación difícil tengan ustedes dos, sin embargo a este punto debe saber, no digo que lo merezca pero ha escalado una montaña por ti-literalmente- y creo que seguirá pegado a tu costado hasta el final, al menos debería saber en dónde está metido antes de que todo se complique aun más.

Rodando los ojos Ariel hizo un puchero.—Es imposible que se complique más—se quejó mirando a Ian, cubriéndolo hasta la cabeza con las mantas ya que se sentía incomodo hablando de ello en su presencia.

—¿Qué hacia Ian en una montaña?—Recordando el comentario, lo uso para zafarse.

—La mujer le dio la clave para liberarte, tenía que cumplir con una serie de condiciones para lograr despertarte del hechizo, una de ellas era ese viaje.

—No puedo entenderlo.

Las cejas negras del noble se perdieron en su cabello.

—¿Por qué hace tanto por mi?, ¡es un maldito bastardo!, primero me besa pero cuando lo hago yo me empuja lejos, intento alejarme y me hiere con palabras crueles y a pesar de eso se queda obstinadamente junto a mi...y ahora.—Tocando su pecho, donde su corazón algo se sentía "diferente". —No me quiere.

Volviéndose al bulto que se parecía a un occiso bajo las sabanas Ariel apretó el puño aun sobre su corazón en un gesto de extrañeza. Dolía mirarlo.

La mano cálida de Erik lo hizo saltar de su piel y girándose encontró comprensión y afecto en la dulce mirada del hombre, eso era lo que más le gustaba del heredero al trono, era un hombre bueno y gentil que siempre hacía sentir seguros a los que están alrededor, todo lo contrario a la espinosa personalidad de Ian o la propia. —Algunos ven sólo lo que quieren ver.

—¿Qué quieres decir?— preguntó el pelirrojo, perdiéndose la mirada de Erik vagar a un punto en su espalda.

—Veremos.

Y sin decir más los brazos del príncipe lo rodearon atrayéndolo contra su pecho en un abrazo confortable que pareció durar un largo tiempo. Ariel no pudo evitar comparar este con los momentos en los que Ian lo tomó de la misma forma, pese a que su complexión era similar, no había ninguna intención sensual ni sugestiva en el gesto, en cambio con Ian el hambre se abría en su estómago tironeando hasta centro con placer.

Un gruñido ronco y desesperado lo obligó a poner fin al abrazo.

Mirando sobre su hombro Ariel se topó con los ojos verdes de Ian chispeando enfurecidos.

—Príncipe.

El reconocimiento salió apretado de sus labios cuando se sentó barriendo su cara con la mano desperezándose. —Ven aquí Ariel.

Ariel miro a Erik dudoso, escandalizándose un poco al recibir un guiño cómplice del hombre.



Belucarmer

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En el texto hay: sirenita

Editado: 01.09.2018

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