My wonderwall.

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Capítulo 3.

Narra Lenna.

Su figura se hizo presente entre nosotros, su altura de casi un metro ochenta y su voz es tan firme y grave, que cuando lo escuchas hablar parece el muchacho más serio e inteligente del mundo. Yo lo adoraba, nunca dejé de hacerlo y me di cuenta al instante en que volví a verlo. ¿Por qué tuve que tratarlo tan mal y echarlo de mi vida como si fuera cualquier persona? Yo misma me alejé de alguien sumamente importante, que siempre debió estar en mi vida. A veces me enojaba, porque pensaba que él tampoco se tomó el trabajo de querer arreglar las cosas. Pero de todas formas, yo era la única culpable. Yo le dije que estorbaba, que lo odiaba y quién sabe cuántas estupideces más. No pude verme a mí misma, pero estoy segura que mis ojos se iluminaron con gran brillo al verlo ahí, finalmente otra vez. Estaba detrás de nosotros, con una expresión de confusión, sin entender nada de lo que pasaba. Supongo que desde su postura, la cercanía entre Sam y yo daba a entender otra cosa, muy lejos de lo que realmente ocurría. Hizo unos pasos acercándose y le dio un leve empujón a Sam para sacarlo de su vista y entonces, encontrarse conmigo.

 — ¿Lenna?— yo asentí con timidez. —Lenna… ¿Qué pasó contigo? Por Dios… ¿Qué es lo que te hicieron?— empezó a cuestionar captando mi rostro lastimado y lo horrible que me veía. No tardó nada en acercarse y quedar a mi altura, mientras me observaba con sus ojos celestes cristalizados. Me rompió completamente el corazón ver a mi hermano así. Yo ni si quiera tenía agallas para responder.

—Solo abrázame— dije en un hilo de voz y al instante sentí sus brazos rodeándome con fuerzas, en un abrazo cálido y reconfortante. Rompí en llanto apenas me sostuvo, todo el tiempo sentía esas insaciables ganas de llorar y no podía evitarlo. Zachary parecía no querer soltarme, así que simplemente me quedé aferrada a él. Era mi hermano, toda la familia que tenía y el único que siempre tuvo intenciones de cuidarme aunque yo haya creído lo contrario. Aún sigo cuestionándome. ¿Cómo pude ser tan estúpida? Abrí los ojos aún amarrada al cuerpo de Zac y observé a Sam que contemplaba aquella conmovedora escena con una pequeña sonrisa en su rostro. Asintió en un gesto de aprobación y entonces me sentí por completo tranquila. Estaba bien allí dentro, podía sentirme a salvo. Me separé de mi hermano cuando mis lágrimas cesaron, buscando finalmente la calma.

— ¿Me vas a contar que te paso? ¿Sam, la encontraste tú?— miró a su amigo esperando algún tipo de respuesta.

—No, yo misma llegué— me adelanté a contestar.

— ¿Cómo sabías que yo…?

— Investigué. Hace tiempo averigüé por internet tu dirección, tu celular. Antes de que Víctor me desconectara todo— nuevamente fui rápida, contestando antes de que el pudiera terminar de preguntar.

— ¿Qué? ¿Entonces fue él, el que te hizo esto? Lenna, por lo que más quieras, di algo— dijo casi como una orden. Zac se puso de pie, colocando las manos en su cintura y de vez en cuando acomodándose el cabello. Lo conocía tan bien, sabía que actuaba así cuando los nervios lo sobrepasaban. Caminó de un lado a otro, luego se detuvo y resopló. Yo aún no hablaba. — ¿Fue él, Lenna?— insistió. Miré a Sam, que estaba parado detrás de mi hermano con la mirada en el suelo. Percibí su inseguridad, probablemente en sus adentros estaba dudando si quedarse allí o irse a otro lado, porque no entendía nada de lo que pasaba. Después miré a mi hermano y me sentí la más idiota del mundo. Supuse que en alguna parte de su mente se consideraba victorioso porque al final él tenía razón sobre nuestro padrastro, Zac había acertado en no confiar en él. Tuve de inmediato la desesperada necesidad de pedirle perdón.

—Lo siento. Yo…— se me perdieron las palabras, quizás porque aún no tenía las fuerzas suficientes para contarlo todo. Seguía débil y adolorida. —Perdón Zac. No debí sacarte de mi vida. Tenías razón, tenías razón sobre Víctor— admití. Luego de eso, cerré la boca y me quedé con la mirada baja. Un horrible silencio incomodo se apropió del lugar, hasta que oí los pasos de Sam.

—Chicos, los dejaré solos. Estoy en la cocina, si es que necesitan algo— atinó a irse. Sam no tenía motivo alguno para quedarse a pasar por aquella situación. Él ni si quiera me conocía, o bueno, acababa de conocerme, pero no era su asunto.

—No, Sam. Necesito que me acompañes a llevarla a un hospital— lo odié por un momento, porque no respondió a mis sinceras disculpas y porque al igual que Sam, insistía con ir en busca de atención médica.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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