My wonderwall.

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Capítulo 4.

Narra Zac.

No comprendo en que momento dejé de cuidar a mi hermana. Era la persona con la cual había crecido, la única que siempre estaría ahí para apoyarme. Pero todo cambio el día en que intenté abrirle los ojos, quería hacerle ver la realidad. Tenía el presentimiento que la vida perfecta no duraría demasiado. Por eso me fui, porque no encajaba en todo eso y porque no soportaba absolutamente nada de Víctor. Debí llevar a Lenna conmigo aquel día, debería haberla obligado antes que arriesgarme a dejarla sufrir. Sin embargo, ya todo estaba hecho. Víctor se había atrevido a tocarla e iba a pagarlo caro, muy caro. Un día prometí cuidar a mi madre y a mi hermana, juré que nadie las lastimaría, y cumpliría con eso. Le haría entender de cualquier forma que no debía ni si quiera pensar en acercarse otra vez a Lenna. Cuando salí del departamento, tenía la furia a flor de piel. No podía pensar en el perdón, ni en las conversaciones profundas, solamente quería correr a destrozar al hombre que había arruinado nuestras vidas. Subí rápidamente a mi auto, pero antes de que pudiera ponerlo en marcha, mi mejor amigo apareció para impedirme aquella acción. Se subió, sentándose en el asiento de acompañante, con la intención de detenerme.

— ¿A dónde vas?— preguntó, como si no me conociera.

—Tengo que resolver un asunto pendiente. ¡Te dije que tienes que quedarte!

—No sigo tus ordenes, ya lo sabes— oh genial, ahora mi amigo quería ser gracioso. Le lancé una mirada matadora y me aboqué a conducir el auto. Arranqué a toda velocidad, como si realmente estuviera loco. Por suerte no era así, porque aún tenía la capacidad de seguir controlando mi ira. Recordaba exactamente donde vivía, mi antigua casa, en la cual viví parte de mi vida. Y luego de un tiempo, con veintitrés años, regresaba.

Me detuve justo cuando estuve frente a mi viejo “hogar.” Bajé del auto olvidando que Sam también estaba ahí, caminando directo a la puerta. En lo único que pensaba era en cómo iba a romperle la cara a Víctor en cuanto me abriera. Toqué con tranquilidad, no quería alarmarlo. Esperé un minuto, dos, cinco, pero nada. De a momentos giraba para ver a mi mejor amigo observando expectante. Sabía que quería bajar, pero me estaba dando espacio. Debía hacer esto solo. Volví a tocar y nuevamente espere aún más. En un momento apoyé mi oído en la puerta y pude oír como si alguien realmente estuviera dentro de la casa. Se oían ciertos ruidos, en fin, era obvio que estaba ahí dentro pero no quería atenderme. Me sentí furioso. ¿Cómo podía estar en su casa tan tranquilo después de todo lo que le había hecho a mi hermana? Maldito hijo de perra. Si era necesario, le tiraría la casa abajo. Pero no pararía hasta romperle los huesos, uno por uno. Guiado por mis agresivos impulsos, comencé a golpear la puerta con fuerzas, incluso las ventanas mientras le gritaba.

— ¡Mierda! ¡ABRE LA MALDITA PUERTA! ¿POR QUÉ NO ME GOLPEAS A MÍ SI TAN HOMBRE TE CREES? ¡MIERDA, ABRE DE UNA VEZ! ¡NO SEAS TAN COBARDE! — gritaba una y otra vez, tratando de tirar la puerta abajo, lo cual era inútil recordando que por dentro tenía más de una traba y era de madera fuerte. Estaba agitado, tenía la respiración acelerada sintiendo que no podría soportar un minuto más conteniendo toda la bronca que tenía. Como último intento, tiré todo el peso de mi cuerpo sobre la puerta, pero continuó cerrada, sin abrirse. En ese momento apareció Sam, quién me tomó los hombros por detrás, impidiendo que siguiera haciendo tal escándalo.

—Ya es suficiente Zac, detente— ¿detenerme? Él no entendía. Yo tenía que hacer eso.

—Tengo que matar a este tipo. No me iré de aquí sin haberle roto la cara en mil pedazos— traté de zafarme de su agarre.

—Solo piensa que… — no tenía idea de lo que iba a decirme, seguro pensaba en reprocharme, por eso lo interrumpí. Quité sus brazos de encima y lo miré.

— ¡NO ENTIENDES! ¡TU NO LO ENTIENDES! Deje a mi hermana sola con este tipo ¿YA VISTE COMO ESTABA?— en aquel instante me dominaba una terrible impotencia. Tenía la imagen de Lenna lastimada y eso alimentaba mi ira. Cuando aún estábamos en mi casa no quise seguir mirándola, porque me asustaba de mis propias reacciones, tenía miedo de hacer algo muy grave contra Víctor. — ¿Quieres que me quede parado sin hacer nada? ¡NO DEJARÉ QUE SIGA SU VIDA COMO SI NADA! Y pensar que todo es mi culpa, mi maldita culpa por ser tan… por dejarla sola cuando más me necesitaba— me senté en el piso con ambas manos en mi cabeza. Que imbécil fui.

—Te diré algo— dijo Sam, poniéndose a mi altura. —Todo esto es muy, muy jodido. Pero tu hermana necesita que estés allá, no acá. Tenemos que volver. Luego le haremos pagar a este tipo— me dio una palmada en la espalda, se puso de pie y extendió su mano. La tomé para levantarme, y entonces mi mejor amigo me dio un abrazo. —Estoy contigo en esta— nos separamos y lo miré apenas un poco más calmado. Caminamos de regreso al auto, con la diferencia que fue el quién condujo.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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