My wonderwall.

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Capítulo 6.

Narra Lenna.

Me quedé con Sam conversando y me enteré lo que intentó hacer mi hermano el día anterior, le agradecí con sinceridad por haberlo detenido porque Víctor podría haberle hecho cualquier cosa, quién sabe. De cierta forma me sentía segura allí dentro, pero tenía miedo de que él me encontrase y me obligase a regresar. Estaba segura de que algo planeaba, porque llamaba a mi teléfono celular cada vez que tenía oportunidad. Por esa razón tuve que apagarlo, no pensaba atenderlo porque me estremecía la sola idea de imaginar oír su voz. Tomé un analgésico que Sam me entregó y entonces sentí sueño, aquella pastilla había calmado absolutamente todo. Le dije que iría a dormir y me acosté en la cama que pertenecía a mi hermano. Quería dejar de pensar al menos por unas horas, sabía que dormir me haría muy bien. Cerré los ojos, entregándome a los brazos de Morfeo.

Desperté al oír la voz de mi hermano, que parecía mantener una conversación en el comedor con su mejor amigo. Desde la pieza podía oír lo suficientemente claro como para entender lo que decían.

—Mierda. Había olvidado lo de esta noche. No creo que pueda ir a tocar. —  dijo. ¿Tocar? En mi mente no entendía demasiado.

— ¿Cómo haremos sin ti? Es bastante tarde para buscar un remplazo ¿no crees?

—Lo sé… Pero entiende, esta mi hermana aquí. No quiero dejarla sola por la noche, apenas pude ir tranquilo hoy a la universidad— el solo hecho de saber que estaba complicándole la vida a dos personas, me hacía sentir horrible, estaba estorbando entre ellos. Ninguno merecía encargarse de mis problemas, ni sufrir las consecuencias de ellos.

—Ella está bien. Hoy la vi, no tiene nada grave. Se va a recuperar— mencionó Sam. Oír esas palabras me daba esperanzas. —Hace semanas que estamos esperando este día… música, alcohol y chicas ¿lo recuerdas? No puedes negarte— ¿esperen? ¿Sam acababa de decir eso? Sonó un tanto gracioso, parecía otro, no el que yo conocía.

— ¡Cambien el repertorio! Hay canciones que no necesitan tanto de mi teclado— okey, ahora empezaba a entender. Tenían una banda o algo así.

— ¿De qué hablas? En menos de cinco horas tenemos que tocar, ya está todo ensayado— se estaban complicando demasiado por mí y no podía permitir eso. Me levanté cuidadosamente y no tardé en aparecer. Ambos se quedaron mudos apenas me vieron, como si de repente ya no tuvieran palabras. Pedí hablar a solas con Zac, a quién necesitaba aclararle algunas cosas. Sam nos dejó, yéndose a su cuarto.

—No tienes que detener tu vida por mí— dije, sin más. Hacía mucho tiempo que no hablaba con tanta seguridad y determinación.

—No quiero irme de fiesta mientras tú estás así, Lenna.

—Pero…

—Pero nada. Me quedaré aquí. Los chicos pueden arreglarse sin mí.

—Zac, tienes que ir.

—No. Ya este decidido, no iré.

—Escúchame…— suspiré. —Estoy muy agradecida contigo, con Sam. ¿Y sabes? Lo mejor que podrías hacer ahora es ir a divertirte un rato. Eso me haría muy feliz— dije sincera. A estas alturas no entendía demasiado sobre felicidad, pero saber que mi hermano estaba pasándola bien me haría sonreír.

— ¿Hablas en serio?

—Muy. Me quedaré aquí, no abriré a nadie la puerta, voy a descansar, dormir— cada vez que hablaba buscaba mirarlo a los ojos, pero el parecía desviar todo el tiempo la mirada. Y bueno, recordando mi antigua actitud asquerosa que tuve hacia él, lo entendía. Necesitaba tocar ese tema, pero Zac había esquivado oír mis disculpas y no era el momento indicado de insistir otra vez.

—Siempre tuviste el poder de convencerme. ¿Y qué crees? Sigues haciéndolo— no pude evitar sonreír, en nuestra infancia yo siempre fui la niña consentida. Era su hermanita menor y siempre terminaba por darme todo lo que quería. Si, solía ser bastante caprichosa. Pero después de todo lo que pasé ¿Cómo seguir siéndolo? Luego de pasar tanto tiempo encerrada y tras las garras de Víctor, había perdido gran parte de mi personalidad. Apenas llevaba unos pocos días “libres” y me estaba costando demasiado encontrarme, pero Zac estaba ahí, Zac me recordaba a mi infancia, a mis días felices, a mi antiguo yo.

Narra Sam.

No fue a propósito, lo juro. Pero oí toda la conversación entre Zac y su hermana, y es que, en ese maldito departamento todo se oye con facilidad, debo admitirlo. Incluso cerré la puerta de mi habitación, pero aunque no quería, seguía escuchando. Al menos lo intenté ¿cierto? Es que, diablos, todo esto de la hermana de mi mejor amigo me causaba demasiada intriga; no entendía demasiado lo que ocurría, Zac apenas me había dicho algunas cosas, como que eran problemas familiares y que lo tenían tenso. Y es entendible, los problemas familiares siempre son jodidos. Se supone que tu familia es la que te hace la vida más fácil, pero así como lo dije, solo es una suposición. Creer eso es de imbéciles.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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