My wonderwall.

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Capítulo 9.

Narra Lenna

— ¿Qué hiciste qué?— lo miré preocupada a Zac. Me hubiese gustado que fuese todo una broma, pero no, no lo era. Acababa de confesarme que había golpeado a Víctor y eso en lugar de relajarme, me alarmó. Él lucía satisfecho, pero solo porque aún no entendía que Víctor no era simplemente un hombre que se quedaría sin hacer nada, yo lo conocía y estaba segura que no nos iba a dejar tranquilos con facilidad. —Como se te ocurrió atacarlo… Zac— negué con la cabeza, él me miraba confundido. Los hombres suelen pensar que pueden solucionar todo a los golpes pero por lo general están muy equivocados. Yo no quería más violencia, ni gritos ni gente lastimada. Con lograr escapar me alcanzaba, solo necesitaba olvidarlo todo, dejar esa etapa de mi vida atrás y comenzar a vivir de otra forma, sea como sea.

—Se lo merecía— murmuró, encogiéndose de hombros. ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Víctor podría aparecer en cualquier momento buscando venganza y el hecho de imaginarlo me estremecía.

—Pero no… no es la forma— respiré, necesitaba ordenar mis ideas. —No tenías que hacerlo.

— ¿Cuál crees que es la forma?—  intentaba mantener la serenidad, pero por dentro tenía ganas de regañarlo, de ser honesta y decirle que su actitud había sido estúpida. Pero yo conocía demasiado bien a Zac, sabía que se pondría en una postura firme y no dejaría de creer que tenía la razón y que su forma de arreglar las cosas era perfecta. De todos modos, mi corazón latía a mil, estaba nerviosa. Tan solo pensar que Víctor podría haber sacado un arma o hacerle cualquier cosa a mi hermano… me quedaba sin aire. Moría si algo le sucedía a él, a la única persona que tenía en el mundo.

—Solo… no tenías que hacer nada, quedarte aquí— suspiré, me sentía tan abrumada porque todo lo ocurrido era culpa mía. —Seguir con tu vida.

Zac me miró como si estuviera loca. Comenzó a caminar de un extremo a otro con las manos en la cintura. ¡Por Dios, lo conocía tan bien! Sabía exactamente la cantidad de cosas que pensaba y que soportaba contener, pero tarde o temprano terminaría abriendo la boca. Zac no es como yo, él siempre dice lo que piensa en voz alta, no teme a dar su opinión y defiende a morir su punto de vista. En cambio yo soy lo contrario, suelo reservar mis pensamientos… absolutamente todos. ¿Por qué creen que Víctor me tenía tan dominada? Simple, nunca me antepuse a nada. Seguía cada una de sus reglas, cada una de sus órdenes sin reclamar. Obedecerlo era la número uno en su lista, dejándome en claro que no debía atreverme a estar en desacuerdo con ninguna de sus pautas. Al principio eran medidas a las cuales las tomé como algo normal, creyendo que él buscaba mejorar la convivencia porque se trataban de la limpieza en la casa, el orden y todas esas cosas. Pero a medida que pasaban los días se convertían en reglas mucho más extremas, mis horarios de salida empezaron a disminuir —literalmente llegué al punto de vivir encerrada—, cada vez que hacía algo mal me veía obligada a pedirle perdón de rodillas, siguiendo de que solo debía llamarlo “señor” y por último que todo lo que hiciera debía ser bajo su consentimiento. En esa etapa los golpes y castigos comenzaron a hacerse presentes e incluso intentó llevar el contacto físico más allá pero lograba detenerlo y zafar de la situación con alguna excusa. Recuerdo que luego de eso corría al baño a vomitar porque su completa persona me producía tanto asco.

A veces me gustaría sentarme y contarle a alguien todas esas vivencias, liberarme y quitarlo todo de mi cabeza. Sin embargo, no quiero angustiar a nadie con  eso. Mejor dejar las cosas así, como están.

— ¿Tú no piensas demasiado, cierto?— odié ese comentario. ¡No soy tonta, Zac! —No tienes una idea de lo mal que me sentí cuando llegaste a casa toda…— se interrumpió. Tampoco quería tocar el tema. —El punto es que ¡merecía una buena paliza!

—No tenías que lastimar a nadie por mí— en realidad quise decir “no tenías que exponerte por mí”, pero aquellas palabras fueron las que salieron de mi boca y creo que di a entender otra cosa.

— ¡Nadie tenía que lastimarte a ti!— exclamó elevando la voz. Agradecía que Sam estuviera encerrado en su cuarto, sin tener que vernos discutir. Se oía de fondo como practicaba una melodía con su guitarra. —Me pides que siga con mi vida…— resopló, podía notar la indignación en su cara. — ¡Como si fuera tan fácil! ¿No entiendes, verdad? ¿No entiendes lo grave que es todo esto? ¡NO MERECÍA UNA SIMPLE PALIZA, MERECÍA QUE LO MATARA A GOLPES POR TODO LO QUE TE HIZO!— esta vez gritó, su voz sonaba ofuscada, molesta. Seguía con las manos en la cintura, solo que caminaba más lento y de vez en cuando se detenía para mirarme. Di unos cuantos pasos hacia atrás, sus repentinos alaridos me asustaban y yo… yo odiaba que me gritaran. Me ponía mal, se me llenaban los ojos de lágrimas.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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