My wonderwall.

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Capítulo 14.

Narra Lenna

— ¿Qué irás a dónde?— preguntó otra vez mi hermano, que parecía no prestar demasiada atención a lo que decía. Pero yo, colmada de paciencia seguía explicándole que había hablado con Melody, una vieja amiga y que me había invitado a pasear por la ciudad con sus amigos. Al principio le costó entender el porqué de mi repentina “desaparición”, pero le expliqué que estuve muy mal por la muerte de mi madre y que por esa razón necesite un largo tiempo de recuperación. Y a las cicatrices pensaba justificarlas diciendo que tuve un accidente estúpido. Me dolía un poco mentirle y no poder explicarle todo, pero prefería mantener lo de Víctor como un secreto, bueno, algo que solo sabíamos Zachary, Sam y yo. De verdad tenía ganas de salir, tomar algo, ver a mis amigas, todo el mundo necesita de esas cosas, cosas básicas para estar bien. Y aunque tenía un poco de miedo de salir y lo pensé miles de veces, me di cuenta que Víctor no aparecería mientras yo estuviese rodeada de gente. Porque tal como recuerdo, él trata de mantener una imagen “limpia” de sí mismo, toda la gente sigue creyendo que es una buena persona. Bufé cuando Zac retomó la pregunta, solo necesitaba ganarme su permiso y así podía irme en son de paz.

— ¿No recuerdas a Melody? Fuimos amigas como desde los doce años. Me invitó a pasear con ella y otros amigos, solo será un rato. Y… volveré antes de que oscurezca— mencioné para convencerlo. No era que fuese de esos hermanos controladores que se creen dueños de todo, él jamás fue tan así conmigo, pero esta vez era diferente porque temía que Víctor estuviera cerca. Yo sabía que él solo quería cuidarme.

—Sí, sí, sé quién es. El problema no es que salgas con ella. Lenna… ya sabes cuál es el problema— tal como lo suponía, era Víctor lo que me impedía poner un pie en la calle. Pero había estado demasiado tiempo encerrada, no quería seguir de la misma forma.

—Pero Zac, es de día, iremos al shopping que esta frente a la plaza central, está repleto de gente y no se arriesgará a hacer nada, estoy segura. Por favor, por favor, dime que sí— obviamente iba a insistir hasta recibir un “si” de su parte, no iba a darme por vencida con facilidad. Se quedó pensativo unos minutos, hasta que se dignó a decir algo.

—Está bien— sonreí contenta al escucharlo. —Irás, pero intenta volver antes de que se haga de noche— indicó. Sacó su billetera y comenzó a entregarme algunos billetes. Genial, dinero. Mis ahorros se habían terminado.

— ¿Todo esto para mí?

—Mamá dejo una cuenta con dinero solo para nosotros. Cuando tengas veintiuno podrás sacar cuando quieras, como lo hago yo— explicó, dejándome bastante sorprendida. Víctor solía repetirme que mi mamá no había dejado nada a mi nombre porque quería que quedase en exclusiva a su cuidado. Pero al final, no estaba tan a la deriva como yo lo pensaba. Teníamos al menos un respaldo que era de gran ayuda. Tomé entonces todo el dinero y lo guardé en mi cartera. —Llámame cualquier cosa ¿de acuerdo?— yo asentí, haciéndole saber que lo haría. Minutos después oí el timbre y entonces corrí a atender, segura de que eran mis amigos.

¡Si, eran ellos! Cuanto tiempo llevaba sin verlos, aunque solo conocía a tres de los que estaban. Melody, la curvilínea joven de cabello castaño oscuro y lacio; Kendall, delgada y repleta de rulos color negro. Luego había tres chicos, de los cuales solo reconocí a uno de nombre Craig, alto, rubio y ojos celestes, saltones.

Melody, la tan querida Melody. Siempre haciéndome reír con sus locas ocurrencias, su manera de hablar rápido y a veces confuso, y sus infaltables exageraciones. Era el tipo de chica contraria a mí, pero nos complementábamos. La extrañaba y le di un gran abrazo al verla. Ambas sonreíamos contentas.

Kendall era de las más coquetas, siempre de punta en blanco y delicada, aunque detrás de esa imagen casi perfecta se escondían ciertas historias no tan “finas”, que mejor, no contar. La quería, me llevaba muy bien con ella. La salude, también feliz de verla.

Por último llegó el turno de Craig. Uff… Craig. Nunca tuvimos nada, en realidad, no dejaba de pensar que era un chico muy atractivo y en viejas épocas llegó a mis oídos que él pensaba lo mismo sobre mí, pero tuvimos algunos desencuentros y jamás llegamos a tener algo “amoroso”. Debó admitir que nos besamos un par de veces, pero jamás llegó a ser algo serio. Él fue de los que siempre estuvo en mi círculo de amistades, así que también podía decir que me alegraba verlo. Me saludó con un beso en la mejilla, algo intenso a decir verdad.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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