My wonderwall.

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Capítulo 19.

Narra Sam

Desde mi primer día en el apartamento, jamás lo había visto tan luminoso como aquella mañana cuando desperté y al salir de mi cuarto, me encontré con la luz del sol colándose por todos los rincones. El balcón estaba abierto de par en par, al igual que la pequeña ventana de la cocina que daba hacia afuera. Me sorprendí, todo se notaba más reluciente de lo normal. Zac o yo acomodábamos lo justo y necesario, nunca le dedicábamos demasiado tiempo a eso. Pero esa no fue la única sorpresa. Una especie de desayuno estaba extendido sobre la mesa y ¡Sí! Parecía estar preparado para mí ya que había un papel que tenía escrito mi nombre. Sonreí, creyendo saber de quién se trataba. Y entonces esa persona apareció con la elevada comisura de los labios, la noté de cierta forma contenta y la miré un tanto confundido. No era que estuviese molesto por verla así, al contrario, solo que me parecía extraño porque era un cambio bastante repentino. ¿Se debía a alguien o a algo en especial? Solo esperaba que Craig no estuviera entre sus motivos, porque ahí si me sentiría molesto. Es que nunca dejaré de pensar que es un gran imbécil, con todo lo que eso conlleva. Sé que si le cuento a Zac sobre lo que paso, él mismo lo irá a matar, porque no puede controlarse cuando se trata de su hermana. Sin embargo, por alguna extraña razón yo la cubría y juraba quedarme con la boca cerrada. Bueno, después de todo no era mi maldito asunto.

Me senté, dando el primer sorbo a la taza de café.

—Buen día— dijo, aun sonriendo.

—Sin dudas lo es— la guiñé un ojo en plan de… en plan de nada. — ¿Y esto se debe a…?— pregunté haciendo referencia al desayuno y además, tenía curiosidad por saber si estaba contenta por algo en especial.

—Nada… bueno, yo solo… solo quería agradecerte de algún modo todo lo que hiciste por mí— si ella quería hacerme sentir especial, lo estaba logrando. —Y no digas que no hacía falta, ¿okey?

—Bien. ¿Puedo decir que está delicioso?

—Sí, eso sí— rio entre dientes. Me sentía la persona más cursi del planeta al no poder evitar pensar lo bueno que era verla con más energía que otros días. Incluso iba a mencionarlo, pero el timbre sonó, salvándome de mi propia sinceridad.

—Voy yo— de inmediato me puse de pie, fui hasta la puerta y con esa misma rapidez odie a quién se asomó detrás. Bueno, ya lo odiaba pero lo odie más, sobre todo por el gigantesco ramo de flores que traía con él. Craig. Lo sacaría de mi vista de un solo golpe, pero otra vez, me contuve a cualquier tipo de agresión.

— ¿Está Lenna?— lo miré, sin responder. — ¿Está Lenna?— insistió. Arrugué los ojos. Era una de dos: le decía que no, o como correspondía, llamaba a Lenna. Giré para hacer lo correcto. Soy una buena persona, deberían felicitarme.

Ella ni si quiera me dejó hablar, ya sabía lo que iba a decirle.

— ¿Es Craig, verdad?— yo asentí. —Dile que no, no quiero verlo— me volteé hasta Craig otra vez. ¿Lo ven? No me equivoco cuando digo que Lenna es una chica inteligente. Sabe que merece mucho más que ese idiota.

—Ella no quiere verte— contesté. —Después de lo que hiciste estás arriesgando mucho viniendo hasta acá. ¿Lo sabes?— disfrutaba de espantarlo, lo disfrutaba casi con placer.

—No me importa— sus aires de grandeza presentes, por supuesto. —Dale esto…— indicó entregándome las flores. —Y dile que pasaré otro día— agregó. No comprendía. Después de la forma en que lo amanece en el centro comercial ¿Cómo se atrevía a darme ordenes? ¿A caso lo había olvidado?

—Oh sí, claro, se lo diré— fingí seriedad en mis palabras y tiré el ramo al piso, justo por delante de mí. Ante sus ojos confundidos, pise el regalo con tranquilidad y me agaché para tomarlo entre mis manos por segunda vez. Lo mostré, gozando de lo que había hecho con una gran sonrisa en mi cara. —Así como pise esto, puedo pisarte a ti— mi mirada se oscureció. —Olvídate. De. Lenna— dije haciendo una pausa entre palabras, lo cual hizo que sonara más amenazante. El chico —que por cierto, parecía lucir asustado aunque lo intentaba disimular— giró sin decir nada y empezó a caminar hacia el ascensor de salida. — ¡Te olvidas de algo!— grité.

— ¿Ahora qué?— indagó. Entontes arroje con fuerzas el ramo destrozado haciendo que llegara hasta él.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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