My wonderwall.

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Capítulo 21.

Narra Lenna

Yo con toda la sinceridad del mundo, tenía que admitir que no podía comprender como Sam seguía conduciendo la motocicleta sin que las manos le temblasen, con la misma seguridad de siempre o aún más. Wow. Desde que lo conocí me sorprendió y no dejaba de hacerlo. Todos los días era algo nuevo con él, incluso era como si supiera lo que quería oír, porque siempre decía lo que yo necesitaba escuchar.

En cuanto dijo la palabra “Víctor” todo en mi interior dio un vuelco. El miedo me paralizaba y otra vez me preguntaba por qué no podía vivir en paz. Iba a seguirme por el resto de mis días ¿o qué? Tal vez era porque descubrió que fuimos nosotros quienes ingresamos a su casa. Al instante lo pensé y me arrepentí de aquello. ¿Para qué? Lo único que hicimos fue aumentar su enojo y como siempre, yo tenía la culpa.

Por pura intuición, me aferré a la cintura de Sam con más fuerzas justo antes de que él emprendiera a aumentar la velocidad a la que íbamos. A medida que tomábamos más velocidad, parecía que nos alejábamos del auto de Víctor, pero él seguía insistiendo sin cambiar de camino. A decir verdad, la ruta era un tanto peligrosa, había otros autos y no era lo más indicado ir tan rápido. Sin embargo Sam tenía su mirada fija en el camino, iba demasiado concentrado en engañar a Víctor. Fue cuando doblo en una de las curvas para intentar desviarnos hacia otro lado, cuando perdió el control y sentí como mi cuerpo caía directo al suelo. Cerré los ojos, cubriendo mi cabeza con los brazos tratando de salir ilesa. Un estruendo oscureció mi mente, haciendo que no pudiera pensar en más nada. Perdí la conciencia.

***

—Lenna… Lenna despierta por favor, Lenna… Lenna despierta, no me hagas esto— oí a lo lejos una voz que me hablaba con preocupación, la cual poco a poco fue tomando intensidad hasta oírse con propiedad. Abrí mis ojos como pude y me encontré con los de Sam, asustados. Suspiró profundo, como si de repente estuviera aliviado. Yo no entendía mucho lo que estaba pasando.

—Sam…— murmuré confundida. — ¿Qué pasó?— con cuidado fui enderezando mi cuerpo hasta quedar casi sentada, aun recostándome sobre mis brazos.

—Nos caímos de la moto— respondió y yo quedé por unos segundos tildada, pensando en aquello hasta que recordé de repente lo sucedido.

— ¿Estás bien?— pregunté, a pesar de que a simple vista se veía intacto. Él asintió.  — ¿Víctor?— susurré solo para nosotros dos. Muchas personas se habían acercado ofreciendo ayuda y seguían ahí observando nuestros movimientos. Por un lado me sentí relajada. Ver mucha gente a nuestro alrededor significaba que Víctor no intentaría nada fuera de los límites normales, él para los demás sigue siendo una excelente persona.

—Supongo que se fue. Cuando yo reaccioné la gente comenzó a acercarse y su auto desapareció— dijo, haciendo que mi cuerpo recuperara su alma.

—Gracias a Dios…— murmuré en voz baja.

— ¿Tú estás bien? ¿No te duele nada?— recobré la conciencia tan intranquila y nerviosa por Víctor, que olvidé pensar en mi cuerpo. Por fortuna, no sentía ningún tipo de dolencia que pudiera ser grave. Estaba bien.

—Estoy bien— dije con seguridad y de inmediato busqué ponerme de pie, pero Sam me ganó y entonces fue él quien me ayudo a hacerlo.

—Con cuidado— pronunció mientras me sostenía con sus brazos hasta que yo logré estabilizarme. Lo miré con una pequeña sonrisa que él me devolvió. Ahí todo el mundo comprobó que ambos estábamos bien y comenzaron a alejarse. Sam solo me soltó para levantar la moto que había quedado tirada a un costado, pero que tampoco tenía daños. Creo que tuvimos mucha suerte, porque solo fue una simple caída.

Otra vez emprendimos el camino de regreso, con la diferencia de que esta vez nadie estaba siguiéndonos. Antes de entrar al departamento, pactamos como tantas otras veces, que no diríamos nada a Zac del pequeño accidente. ¿Por qué? Bueno, en primer lugar no dejaría que volviera subir a una moto y mucho menos a la de Sam. Y en segundo lugar, echaría a Sam de la casa y nadie quería eso.

Cuando llegamos Zachary seguía sin querer hablarnos demasiado. Apenas preguntó sobre cuanto tardarían los resultados y luego siguió haciendo sus cosas. Creo que tardaría un poco en perdonarnos lo que hicimos a sus espaldas y sí, sé que fue bastante arriesgado pero en el momento sentí que debía dejarme llevar por mis sentimientos y entonces lo hice. Odio que sea tan duro conmigo, tal vez lo merezca, porque yo lo lastimé mucho, pero lo necesito bien conmigo. Me angustia que no quiera dirigirme la palabra, que ni si quiera me mire. Sé que me escuchó, que aceptó mis disculpas pero aún no estoy segura si realmente me perdonó.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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