My wonderwall.

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 29.

Narra Lenna

Llevaba la cuenta de las veces que le mentí a mi hermano para ocultar lo mío con Sam, y cada una de esas veces fue horrible hacerlo. Sobre todo porque Zachary confiaba en mí y yo estaba jugando con eso. Pero luego me recordaba que lo hacía por su bien, que aún no era el momento indicado para contarle nada porque estábamos pasando por tiempos difíciles. Aceptar que mamá fue asesinada, lidiar con ello y con qué Víctor aún sigue libre no es nada fácil. Demasiado drama siendo tan jóvenes. Zac quería ir a ver a su novia, pero como siempre, al principio empezó diciendo que no iba a dejarme sola, sobretodo porque comenzaba a oscurecer y las mismas excusas de siempre. La verdad era que yo estaba segura en el departamento, bastaba con tener las entradas bajo llave.

Pero Sam me envió un mensaje diciendo que estaba llegando a casa, así que le dije a mi hermano que Melody vendría también a quedarse conmigo. Agregué a mi amiga porque tampoco deseaba levantar sospecha alguna. No tardé en convencerlo de que con ambos en casa estaría bien. Así que se marchó y yo me quedé esperando a Sam, quién llegó minutos después. Le abrí la puerta con una sonrisa en la cara y apenas lo vi, me acerqué a dejar un beso sobre sus labios, gesto que él recibió y correspondió, adentrándose en el departamento sin despegarse de mis labios y cerrando la puerta tras él.

Me despegué por falta de aire y me mostró que en una de sus manos traía una caja rectangular envuelta en papel de regalo. Lo abrí como si fuera una niña pequeña. Hacía mucho tiempo que no recibía un regalo.

¡Si! ¡Chocolates!

—Gracias, Sam. Me encantan— dije con una sonrisa. — ¿Cómo lo sabías?

—No lo sé, en realidad, soy muy atento. Te he escuchado miles de veces pidiéndole cosas dulces a tu hermano— nunca imaginé que era el tipo de chico que prestaba atención a tantos detalles. No eran los chocolates los que me hacían feliz, sino el gesto de Sam, el que fuera tan considerado conmigo me hacía sentir un bombardeo de cosquillas en mi estómago.

— ¿Ah sí? ¿Y que más sabes de mí?— pregunté por pura curiosidad.

—Bueno, sé que también amas el helado, que cuando estás bien te ríes fácilmente de todo, que te sonrojas cada vez que digo algo lindo sobre ti, como ahora— mis mejillas tomaron al instante un color rojizo. —Sé que te gusta cantar cuando crees que nadie te oye y que amas salir al balcón, entre tantas otras cosas que sé de ti— oh, decía tantas verdades. Sam era bueno analizando a la gente, me conocía mucho mejor que otras personas. 

—Se te olvido algo…

— ¿Qué?

—Se te olvido decir lo mucho que me gusta un chico llamado Sam Michells— mencioné un tanto tímida, seguía costándome expresarme, pero con él todo se sentía más fácil.

—No se me olvido. Solo quería oírlo de ti— habló divertido, estampando un casto beso sobre mis labios. De pronto se quedó callado, acarició mi rostro y se quedó en silencio mirándome. En ese momento supe que algo en él no estaba del todo bien. Sus ojos lucían apagados y a pesar de que seguía siendo todo un encanto, estaba segura que ocultaba algo.

— ¿Estás bien?— rompí el silencio.

—Si… estoy bien. ¿Por qué mejor no hacemos algo de comer?— propuso, cambiando de tema y caminando hacia la cocina.

—Sam, ¿Cómo te fue con tu padre?— insistí, a quién ahora estaba dándome la espalda, buscando no sé qué en la alacena, pero al instante en que hice aquella pregunta, se quedó estático. — ¿Cómo te fue con él?— repregunté. No era mi intención ser una pesada con el tema, pero si le pasaba algo quería saberlo porque me importaba.

Sam giró hacia a mí, dejando su cuerpo apoyado en la mesada.

—Creo que necesito hablar con alguien.

Lo miré, cruzándome de brazos.

—Puedes hablar conmigo. ¿Lo sabes, verdad?— quise demostrarle que podía confiar en mí, porque de hecho, sabía pocas cosas sobre su vida. Me sentí egoísta porque últimamente todo giraba en torno a mis problemas y sin querer, habíamos olvidado hablar sobre su vida. Se me paso por alto, que horrible novia soy.

Nos sentamos en el sofá. En realidad, yo me senté. Sam se extendió a lo largo del sillón, apoyando su cabeza en mi regazo. Lo mejor de aquello era que estábamos solos y tranquilos. Acaricie su cabello, entrelazando mis dedos en los cortos mechones y él cerró los ojos, respirando con calma.



queenev

#194 en Novela romántica
#17 en Detective
#11 en Novela negra

En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar