My wonderwall.

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Capítulo 32.

Narra Lenna:

GIRA DÍA 3

Finalmente, la noche anterior Sam pudo salir al escenario como nuevo. Después de que le canté, se durmió algunas horas y cuando despertó la fiebre había bajado y estaba en condiciones para ir a tocar. Por mi parte, hubiera considerado que descansara por esa noche, pero Sam es el líder, Sam lo da todo por su música y no había forma de detener eso. Yo no sería quién se interpusiera entre él y su gran pasión. Antes de subir al escenario recordó lo que yo canté. Me dijo que fue lo más dulce y lindo que escucho en toda su vida, luego aprovecho en un despiste de los demás para darme un beso y también las gracias. Pero a mí no tenía que agradecerme nada. No me costaba quedarme todo el tiempo a su lado, cuidarlo e incluso ponerme al ridículo cantando solo porque él lo quería. Lo repetiría una y mil veces más, solo por él.

El tercer día, fue como los demás, al menos mientras estábamos todos juntos. Salimos a recorrer la nueva ciudad, conocimos algunos lugares interesantes y fuimos a comer algo a un restaurante. La cantidad de miradas que nos lanzábamos con Sam todo el tiempo eran delatadoras, tanto así que me resultaba increíble que aún nadie lo hubiese notado. Nuestros ojos eran el punto de conexión que teníamos en público, porque no podíamos tomarnos de la mano, ni caminar abrazarnos, ni darnos un beso en medio del camino. Eso se estaba complicando porque a veces quería correr y besarlo, o rodearlo con mis brazos. Las chicas lo miraban con deseo cuando pasaba por la calle y yo reprimía ciertos celos, naturales. Pero por momentos me habría gustado demostrarles que Sam era mío, aunque eso no pasaba mucho. Sam siempre me hacía sentir segura y era algo difícil para mí desconfiar de él.

Llegó la tercera noche, el tercer concierto. Les desee suerte a todos y me quedé observándolos tras bambalinas. El público era tan grande que prefería mirar desde un costado del escenario. Las multitudes me causaban un poco de pánico, sobre todo porque no sabía con quién podía toparme allí.

Pero la sorpresa de encontrarme con alguien inesperado, me la lleve de todas formas.

Un señor con buena pinta se me presentó cuando los chicos ya estaban por la última canción. Lo sabía porque conocía el repertorio de memoria.

—Hey, ¿Lenna Bennett?— indagó y yo asentí. — ¿Pero qué haces aquí? ¡Por Dios, que distinta estas!— mencionó dejándome cada vez más confundida.

—Disculpe pero… pero no sé quién es usted— me sonrojé un poco.

—Oh, no hay problema. Soy Michael, Michael Hanson. Amigo íntimo de Víctor y tu madre.

—Ahhh— dije, como si lo hubiera reconocido. De hecho, no lo recordaba en absoluto. Es que mamá cuando se juntó con Víctor cambió bastante su estilo de vida. Salían con regularidad y traían amigos a casa todos los fines de semanas. Yo no entendía porque me recordaba con tanto cariño.

—Llegué hace poco al país, estuve dos años en Australia— contó, como si yo hubiera presentado algún tipo de interés. —Me crucé a Víctor hace un par de semanas y me habló con mucho cariño sobre ti. Se nota que te quiere mucho— asco, asco, asco y más asco me produjo escuchar aquello. Quería correr a vomitar. — ¿Cómo está tu mamá?— preguntó. Oh, por dios. ¿Acaso no sabía que ella estaba muerta? Sentí que me daban un puñetazo en el estómago, el escuchar mencionarla dolió tanto como uno. —Seguro que muy bien. Siempre la veía tan contenta con Víctor. Hacen una hermosa pareja. ¿Sabes? Ella siempre decía en que Víctor iba a ser un padrastro excelente con ustedes. Es más, él me dijo que tiene un gran vínculo contigo. Qué bueno que hayan podido rehacer la familia— prosiguió, sin darme tiempo a responder su pregunta, ni sus repugnantes acotaciones. Que hombre hueco, pensé. Que cruel, también pensé. Me estaba lastimando, destrozándome por dentro, todo dolía demasiado.

La música terminó y el estadio quedó en silencio. Solo los gritos de la gente. El hombre frente a mí esperaba alguna respuesta de mi parte. Yo no reaccionaba. Entonces todo en mí se encogió, me sentí débil, desprotegida, una basura. Pensar en Víctor, en mamá, en mi familia destrozada, era una sacudida a mi mundo de cristal, devolviéndome a la realidad. Mi horrible realidad. En la cual tenía una madre muerta, asesinada, y un tipo que estaba preso, pero que me había torturado durante largos meses. Y a la vez, pretendía dejarlo todo atrás, olvidar y sentir la alegría de viajar junto a una banda de rock, el sueño de cualquier adolescente. Yo tenía eso entre mis manos, pero solo servía como una distracción momentánea. Todo terminaría y yo debería recordar que aún ciertos detalles del pasado no estaban cerrados.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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