My wonderwall.

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Capítulo 34.

Narra Sam

GIRA DÍA 4

La veía bailar y tararear las canciones mientras dábamos nuestro último concierto, llegando al final de esa especie de primera gira que habíamos hecho. Estaba contento, porque las cosas habían salido tal cual espere, en realidad, mejor aún. Habían sido días increíbles. Lenna seguía disfrutando de los últimos temas y yo notaba como irradiaba una luz diferente, haciéndome creer que la música la hacía olvidar absolutamente de todas las cosas malas, que pese a todo, a veces lográbamos evitarlas a la perfección. De a momentos giraba un poco y le sonreía y luego ella imitaba el gesto, haciéndome sentir completo. En la tarde estuve de compras. Solo yo. Todos habíamos recibido parte del pago por los conciertos y cada uno tenía opciones diferentes para utilizar el dinero. Pero yo quise gastar algo en la chica que se había convertido en la persona que me hacía más feliz. Sé que suena inevitablemente cursi, pero es lo cierto. Es verdad que amo la música y amo viajar, pero eso es mejor aún si Lenna también lo hace conmigo. Nunca tuve una persona que me acompañara de tal forma como lo hace ella. Ni que me cuide, ni que se preocupe por mí. Solo quería hacerle saber cuán importante era para mí y que entendiera que realmente lo nuestro significaba mucho, más que mucho. No podía expresar eso, porque mis sentimientos por ella eran muy intentos, pero lo intentaría de todas formas.

Pasé por una joyería y entonces me encontré con el regalo perfecto, algo que siempre pudiera llevar con ella. Un collar tan delicado y bonito, compuesto por una fina cadena dorada y en el medio colgaba un corazón del mismo color, que se abría mostrando un espacio para rellenar con alguna frase o lo que sea. No entendía demasiado sobre cosas de chicas, pero la vendedora también estuvo de acuerdo en que sería un lindo regalo. Y para hacerlo todavía más especial, pedí que grabaran una frase del lado interior derecho.

“Tienes todo de mí”.

¿Así o más claro? Del lado izquierdo pedí que grabaran nuestras iniciales.

“L&S.”

Maldición. Salí de ese lugar y me di cuenta de que estaba más enamorado de lo que creía. ¿Se podía estarlo más? No lo sé, pero así me sentía, siendo imposible explicar mis sentimientos con exactitud. Era como una sensación, una intenta sensación que cada día me invadía más.

El concierto terminó y entonces todo corrimos a bastidores. Bebimos y brindamos por el “éxito”, pero yo no dejé de buscar con la mirada a Lenna que seguía contemplando sonriente nuestras acciones, como si le hiciera feliz vernos a nosotros tan bien.

Desee ir corriendo, tomarla entre mis brazos y besarla, pero me resistí. Lo soporté, no sé cómo logré soportarlo. 

Lo soporté en la cena y parte de la noche. Los chicos querían festejar y festejar, pero yo solo necesitaba estar con ella para que sea el día perfecto.

Finalmente conseguimos librarnos de seguir jugando a mirarnos de lejos. Lenna escapó primero y luego corrí tras ella. Yo llevaba el pequeño regalo en mi bolsillo y no podía esperar a dárselo.

Nos escabullimos como siempre en su habitación y en cuanto la puerta se cerró, la aprisioné para besarla.

—Sam…— susurró sonriendo entre besos. Me detuve, sin alejarme demasiado de sus labios. —Te extrañé.

—También yo. Y no te imaginas cuanto— volví a besarla, con cierta desesperación, cortando toda distancia existente entre nosotros. Si seguía haciéndolo con aquella pasión llegaría a un punto en que no podría parar más.

Entonces me detuve. La miré fijo a los ojos unos segundos y luego reaccioné.

—Tengo algo para ti— mencioné con ansiedad.

— ¿De verdad?— sonrió animada. —Hace tiempo que no recibo un regalo— agregó, pero no con amargura, sino con entusiasmo.

—Creo que te va a gustar— dije mientras sacaba la pequeña caja de mis bolsillos.

—Seguro que sí— contesto observando curiosa mis movimientos y noté la forma en que se sorprendió al ver la caja.

—No te asustes— bromeé divertido, porque supe que por un momento al ver la caja pensó que la pediría matrimonio. Es que aquel envoltorio también tenía pinta de esconder un anillo. Pero no, aún no era nuestro tiempo para eso.

Lenna rio por mi mal chiste. Y al instante le entregué el paquete a ella. Lo tomó entre sus manos y lo abrió con sumo cuidado, al mismo tiempo que notaba como sus ojos se iluminaban, encendiendo el resto de su rostro.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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