My wonderwall.

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Capítulo 38.

Narra Zac

Ni Sam, ni yo podíamos pensar en descansar o dormir la noche después de enterarnos de que Víctor estaba libre, que jamás lo atraparon. Lo entendía todo, incluso la desaparición de Lenna era un tanto lógica. Ella jamás se iría por su cuenta y menos este último tiempo, cuando empecé a notar que de a momentos se reía y era feliz. Podía asegurar que él se la había llevado. Sigo sin comprender porque está tan obsesionado con mi hermana y con hacerle daño, quiero verlo para gritarle otra vez que la deje en paz y exigirle que se olvide de nosotros.

Con Sam nos propusimos recopilar todos los datos que teníamos sobre Víctor. Internet fue de gran ayuda para conocer la dirección de sus hoteles y otras propiedades que aparentemente le pertenecían a él. Estábamos solos en la búsqueda. No podíamos contar con la policía porque nunca nos quedaría en claro quienes realmente eran sinceros y buscaban hacer justicia, a diferencia de los corruptos que estaban del lado de Víctor. Aunque por mi parte, sé que tiene comprados a la mayoría de ellos.

Lo cierto era que no podíamos confiar en nadie más. Solo nosotros dos. El abuelo de Sam se había ofrecido a ayudarnos pero preferimos dejarlo a un lado para no poner en peligro su vida. Estábamos metiéndonos en algo pesado, eso era lo único que teníamos claro.  —Lo que tenemos que hacer es ir a todos sus hoteles y propiedades, tal vez encontremos algo que nos sirva o la encontremos a Lenna. ¿De acuerdo?— en la organización yo era quién había tomado el mando porque me tranquilizaba ser quién marcaba los pasos.

—Bien. Vamos ahora, sé que es muy tarde pero ¿para qué esperar?— propuso con razón. No debíamos perder el tiempo pensando. Actuar era la solución. Si no la buscábamos Lenna no aparecería como si nada. Y me aterrorizaba pensar en lo que podría estar haciendo Víctor mientras nosotros perdíamos tiempo.

Pero lo que nos ocurrió al ir en busca de los hoteles fue igual de espeluznante.

Ningún hotel existía.

Eran direcciones reales, pero en lugar de hoteles había sitios vacíos u obras en construcción.

Yo estaba cada vez más nervioso y Sam también.

¿Qué mierda ocultaba Víctor? Me esperaba que perteneciera a algún tipo de mafia o algo así, pero jamás creí que sería tan misterioso.

Por unos minutos nos paralizamos dentro del auto, tratando de idear alguna otra opción para avanzar porque los pocos datos que teníamos habían sido descartados. Incluso pasamos por la casa donde solía vivir con Víctor, pero ahí tampoco encontramos nada. Estaba todo cerrado. Algunos vecinos nos dijeron que hacía tiempo que no veían gente entrar o salir de la casa. En fin, era predecible que no estarían allí, seguro la tenía en el lugar menos pensado y eso continuaba poniéndome los nervios de punta.

—Vamos a entrar sea como sea— murmuré con seguridad. —Aquí dentro quizás haya información o algo así, hay que buscar entre las cosas de Víctor— agregué, mientras me disponía a colarme por una puerta trasera a la cual forzaba, pero no conseguía abrir.

—La última vez con Lenna entramos por la parte del patio. Hay una ventana fallada— comentó y lo miré mal. Cuando mencionaba esas cosas me sentía un estúpido. Claro, era tan obvio, compartían tantas cosas, juntos, frente a mis ojos y yo nunca pude darme cuenta que lo que tenían era mucho más que una simple amistad. En cambio me designe pensar que el cariño entre ellos era como de hermanos. Al final estaba tan equivocado.

— ¿Por qué me miras así?

— Así es como tengo que mirarte ¿no crees? Estuviste con mi hermana a mis espaldas ¿te parece poco?— reproché sin dejar de forzar la entrada. Más hablaba y más bronca sentía. Descargué aquella ira sobre la puerta, y la sacudí tanto hasta que se abrió, permitiéndonos la entrada.

Olvidé la discusión y caminé directo hacia donde se ubicaba la habitación y oficina de Víctor. Sam siguió mis pasos, cerrando la puerta tras él. Teníamos que ser rápido porque cualquier cosa podía sorprendernos. Empezamos a inspeccionar por todas partes. No fue hasta ir al último rincón de su escritorio que hallé algo interesante. Uno de los cajones estaba cerrado con un candado, lo cual dejaba en claro que ahí ocultaba algo.

— ¡Aquí Sam! Aquí tiene que haber algo que nos sirva— exclamé captando toda su atención. Ambos observamos el fuerte candado y  a la vez fuimos conscientes de que no teníamos tiempo para buscar alguna llave que lo abriese.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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