My wonderwall.

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Capítulo 41.

Narra Lenna

Desde el día que quedé encerrada en ese sombrío lugar, siempre sentí un escabroso miedo cada vez que percibía la puerta a punto de abrirse. Cuando fue Sam quién apareció, dejé de tener miedo. Al instante me apacigüé, sintiéndome a salvo de todo. Olvidé a donde estaba, solo quería mirarlo a él, mirarlo hasta que las asquerosas paredes a nuestro alrededor se desvanecieran. Pero aquella sensación de estar libre no duró demasiado. Me quedé aferrada a los brazos de mi novio en cuento oí a la puerta abrirse, antes de que nosotros pudiéramos escapar. No sé cómo Sam consiguió ingresar al lugar, pero Víctor a fin de cuentas no es ningún idiota, es fácil para él controlar las cosas a su antojo y esta no sería la excepción. Oí su voz en la habitación y escondí mi cara en el pecho de Sam. Sus brazos me envolvían, apretándome contra él con la intención de mantenerme protegida.

—Oh, vaya. Miren lo que tenemos aquí, una cursi escena romántica— se burló. No sé qué dolía más. Si las infinitas heridas en mi cuerpo o la impotencia de saber que quizás ya no tendríamos oportunidad para escapar.

—No dejes que nos separen— susurré a Sam temerosa. Él me apretó aún más. La desesperación me hacía pedir cosas que iban más allá de lo que él podía hacer. Nosotros éramos dos jóvenes inexpertos. Ellos eran más de dos, adultos, perversos y como si fuera poco, con armas y con las fuerzas suficientes para lograr hacernos daño.

—Saquen al muchacho. Yo me encargó de la chica— oí indicar a Víctor. Ahí fue cuando deseé ser cualquiera cosa que pudiera hacerme quedar pegada al cuerpo de Sam. No quería estar lejos de él, no quería que se lo llevaran. ¿Quién sabe lo que le harían? Víctor y sus cómplices eran capaces de cualquier cosa, no tenían ni una pizca de piedad y atentaban ante la vida de las personas sin ningún tipo de problema.

—No, no, esperen ¿Qué creen que van a hacer? ¡Déjennos salir de aquí o haré cualquier cosa para terminar con ustedes!— murmuró Sam, quién retrocedió conmigo entre sus brazos, tratando de evitar que nos alejaran. Pero yo en el fondo sabía que terminarían logrando lo que querían.

— ¿Para qué te gastas? ¿Te piensas que me afectan tus amenazas?— rio con sarcasmo. —Vamos, ocúpense— reordenó. Sentí su mano buscando amarrarme por la cintura.

—Imbécil, ¡no la toques!— exclamó furioso aun tratando de conservarme junto a él, pero a los segundos sus brazos dejaron de rodearme, mi refugió acababa de desarmarse. Finalmente abrí los ojos y observé como dos tipos lo habían tomado por los hombros. Y Víctor se encargó de agarrarme con fuerzas. Mis brazos por inercia se estiraron hacia Sam, intentando hallar algún tipo de contacto físico. — ¡Suéltala! ¡SUÉLTALA!— gritó buscando librarse de los tipos, pero era inútil. Ellos eran fuertes. Sam se removía con bronca, lo más potente que podía hacerlo, pero los tipos empezaron a arrastrarlo hacia la salida. Lo miré con los ojos repletos de lágrimas.

— ¡NO, SAM! ¡SAM! ¡NO LE HAGAN DAÑO, POR FAVOR, NO LE HAGAN NADA!— rogué centrando en aquel pedido mis mayores deseos.

—Lenna, Lenna, TE VOY A SACAR DE AQUÍ. TE LO PROMETO. TE LO JURO— murmuró y por última vez nos miramos. Tragué saliva, repleta de miedo pero creyendo en su promesa. Sam siempre tuvo la solución para todo. Tenía la esperanza de que esta vez también la encontraría.

Víctor me tiró sobre la cama sin consideración alguna. Estaba adolorida por todas partes, pero el parecía haber olvidado los golpes que me había proporcionado horas atrás.

— ¿Cuándo mierda aprenderás a portarte bien?— cuestionó. —Eres tan ingenua. ¿Creíste que ese niño te salvaría?— no respondí. No hablaría con él, no accedería a sus humillaciones. Simplemente miré al suelo, como si nadie más estuviera allí. — ¿Eh?— seguí callada. — ¿Por qué no me contestas?— preguntó, agarrándome del cuello con brusquedad. Su mano presionó mi garganta con fuerzas, hasta que me costó respirar. —Vas a responder cuando te pregunto. ¿De acuerdo?— continuó presionando. Creí que iba a desvanecerme, pero de repente me soltó, haciéndome inhalar una larga bocanada de aire. Tosí y él carcajeó. — ¿DE ACUERDO?— repitió la última pregunta mirándome lleno de ira.

Hice mi mayor esfuerzo por hablar. Me había estrangulado de tal forma, que llegué a creer que mis cuerdas bocales no funcionarían más.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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