My wonderwall.

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Capítulo 44.

Narra Sam

Oscilaba entre los pasillos mientras deliberaba en mi mente como seguiría con todo lo que de una forma u otra, me veía obligado a enfrentar. Hacía apenas algunos segundos que habían ingresado a Lenna, en primer lugar por la herida en su pierna, la que parecía ser la más grave de todas. Aún estaba atónito de su increíble valentía, es decir, no es fácil entender como alguien puede soportar tantas cosas juntas. Ella estaría bien. Trataba de convencerme a mí mismo de que la situación iba a mejorar y entonces de pronto recordé a Zac. No era que lo hubiese olvidado, pero el rescate de Lenna había sido tan desesperante y repleto de adrenalina, que no lograba tomar conciencia de la real dimensión. Pero solo fue algo momentáneo. No tardé en caer en la cuenta de que mi mejor amigo seguía internado, y que no tenía la menor idea de cómo había evolucionado su estado.

Le prometí a Lenna que no iba a moverme de la sala de espera, sin embargo no resistí en ir a averiguar sobre el estado de Zachary. Tenía que hacerlo. Busqué su habitación. Estaba un piso más arriba, así que tomé el ascensor en cuanto apareció desocupado. Habitación ciento tres. La encontré. Ingresé sigilosamente, evitando que alguien me detuviera y esperando encontrarme con un Zac lucido, comenzándose a recuperar.

Cerré la puerta y giré, para toparme con lo que menos deseaba.

Zachary conectado a miles de cosas. Maldije una y mil veces en mi cabeza. ¿Por qué demonios no podía salir algo bien?

—Diablos, Zac— murmuré con voz alta, como si él estuviera oyéndome. — ¿Qué estás esperando para despertar?— proseguí. —Encontré a Lenna— mencioné y sonreí, después de todo había logrado recuperarla. —Tu hermana te está esperando allí afuera. Yo también estoy esperando, y… y aunque no lo creas, voy a dejar que me golpees, que me insultes, lo que quieras, pero Zac, despierta. Recupérate— terminé mi discurso, mientras lo observaba con la esperanza de ser testigo de algún signo de reacción.

—Disculpe joven, ¿Qué está haciendo aquí?— oí la voz de un tipo y giré, sorprendido. Estaba tan concentrado en otro lado que ni si quiera me percaté que alguien más había ingresado.

—Él es un amigo— respondí. —Pasé a verlo… lo sé, sin permiso. Pero necesito saber cómo está— pedí. El médico me miró con compasión y creo que le di un poco de lástima, no lo sé, su mirada reflejaba eso.

—Hemos conseguido mantenerlo estable, aunque sigue dependiendo del respirador. Lo que se pretendía era que estás últimas horas presentara algún tipo de evolución positiva, pero por el momento no hemos visto ningún signo alentador. Incluso anoche tuvimos que reanimarlo, su corazón se detuvo porque la sangre no está fluyendo como debería— explicó y a pesar de que a cada palabra seguir escuchando se hacía más difícil, traté de comprender cada oración. Al fin y al cabo, agradecía que fuera directo y sincero conmigo.

— ¿No pueden hacer más nada? Quiero decir, ¿Cómo sigue esto?— cuestioné.

—Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance. Cada persona tiene sus tiempos, quizás a él le esté llevando más tiempo salir adelante. Es un muchacho joven, saludable, esas son cosas que tenemos de nuestro lado.

—Pero… ¿No hay nada que pueda hacer? ¿Tengo que sentarme a esperar?— murmuré con cierta desesperación y seguí. —Oiga, su hermana aún no sabe nada de todo esto y no sé, ¿realmente no hay nada bueno que pueda decirle? Porque por lo que me dice, parece que estuviera insinuando que mi amigo se va a morir— expresé, tratando de rescatar la información más concreta posible.

—Mire, no es correcto que yo interceda en su vida personal, pero, su hermana debería enterarse de esto y debería venir a verlo lo antes posible— dio como consejo. Lo miré confundido. A decir verdad no quería oír que Zachary estuviera a punto de perder la vida. —Lo que estoy tratando de que entiendas es que las posibilidades para su amigo son tanto buenas, como malas. Aún no sabemos con exactitud si saldrá o no de todo esto. En casos así, como estos, hay que colmarse de paciencia. Lo siento— volvió a explicar, esta vez dejándome pasmado. Sentía que millones de piedras caían sobre mí. —Ahora, necesito hacerle unos exámenes al paciente. ¿Puede retirarse, por favor?— pidió al notar que yo no reaccionaba y ni si quiera atinaba a moverme.

—Oh, sí, está bien. Lo siento. Cualquier… cualquier novedad que tenga, yo estaré por aquí afuera— acoté y entonces, abandoné la habitación.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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