My wonderwall.

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Epílogo.

Narra Lenna

Tres meses, dijeron. Cuatro, cambiaron. Cinco meses, permanecí al final. El periodo se extendió, porque a mí me costaba hablar, contar las cosas. Mi voluntad era enorme, siempre la destacaban, pero existieron ciertos obstáculos en los cuales estuve trabajando duro para superarlos. Mi hermano era el único que me visitaba dos veces al mes y me contaba algunas novedades. Dos meses tardaron en abastecerle una condena a Víctor. Al final, lo sentenciaron a cincuenta años de prisión. Probablemente, moriría allí. Lo trasladaron a una cárcel en otro estado y no quise saber más, eso era suficiente para mí. Al padre de Sam le dieron siete años, pero por aportar pruebas y colaborar con la causa, terminaron reduciéndosela a cinco. Y en cuanto a Sam… Steel Heroes grabó su propio disco y al mes salieron de gira. Zachary llegaba siempre con una sonrisa a verme y era a causa del éxito que estaban teniendo. También contó que Sam fue el que escribió el noventa por ciento de las canciones y lo imaginaba. Su cuarto siempre estuvo repleto de hojas y cuadernos con letras, letras y más letras. Me llenaba el alma cada vez que me contaba lo bien que la gente tomaba su música y cuando lo valoraban. Pensaba lo feliz que estaría siendo mi chico y eso ayudaba muchísimo a que avanzara en mi recuperación. Preferí no recibir cartas ni enviar, porque me afectarían demasiado en lo emocional. Se suponía que yo debía resistir ahí adentro, y con el tiempo, soportar la distancia se fue haciendo cada vez más leve.

Teníamos clases de tantas cosas… aprendí pintura, estudie sobre música, y también tomé clases de escritura creativa, entre otras miles. Las chicas que se dedicaban a peluquería habían hecho un pequeño cambio en mi cabello largo castaño, no lo cortaron, solo le pusieron una iluminación que de veras, le daba más brillo.

El día que me dijeron que ya podía irme, me sentí un tanto asustada, pero completamente lista para enfrentar al mundo. El miedo que tenía era normal, no me causaría pánico y ninguna sensación de ahogo. Me había convertido en una nueva Lenna, mejorada. Una que ya no dependería de nadie, una que podría salir a caminar por cualquier parte, una que ya no les temía a las personas.

Había procesado cada parte de mi historia y conseguí archivarla en la parte de mi cerebro donde solo estaban los recuerdos que elegía tratar de borrar. Claro que no se irían, para ya no aparecerían en mi mente como flashes acosadores.

— ¡Zac!— murmuré animada al verlo, mientras corría para darle un abrazo. Nos saludamos, él me miraba orgulloso.

—Llegó el día. Al fin— dijo, ayudándome a sostener los bolsos. Ya me había despedido de cada persona, así que solo quedaba irme.

— ¿A dónde iremos?— pregunté. —Estoy ansiosa.

—Estamos dando los últimos conciertos de la gira, mañana en la noche nos toca en una ciudad a cuatro horas de aquí. Todos ya están allí, así que, tomaremos el primer vuelo que es en una hora— explicó. Yo sonreí emocionada, quería verlos a todos. Quería verlo a Sam. Pasara lo que pasara entre nosotros, siempre estaría agradecida con él, siempre iba a quererlo de una forma ilimitada.

Subí al avión repleta de alegría. Una sensación tan placentera que por primera vez conseguía disfrutar después de tanto tiempo.

A la ciudad, llegamos de noche. Cada uno estaba en su cuarto. Zachary me guio hasta el que había reservado para mí. Era un hermoso hotel, bastante lujoso. Estuvimos charlando en mi habitación como una hora, luego lo vi hacer algo en su celular, para después decirme que tenía que hacer un par de cosas, que más tarde volvía. Le dije que no había problema, ya podía quedarme sola sin preocupaciones.

En realidad, solo tenía ganas de salir de ese cuarto e ir a buscarlo a Sam. Tocaría cada puerta si era necesario, como él dijo una vez.

Reí al recordar ese día.

Y lo siguiente que ocurrió, me demostró que nuestra conexión seguía intacta. Oí que golpeaban la puerta así que caminé a atender.

Entonces, ahí lo vi. De pie, con un pantalón de jean negro y una camisa blanca arremangada hasta los codos. Tenía un leve aire de madurez. Se veía algo cambiado, pero para bien, incluso más atractivo que antes. Me sonrió y le devolví el gesto. Quise hablar, pero el interrumpió uniendo sus labios a los míos con potencia. Cerró la puerta detrás de él y caminó conmigo apegada a su cuerpo en dirección a la cama.

Aumentó la profundidad del beso y entonces ahí fue cuando caí sobre el colchón, produciéndome las primeras cosquillas.



queenev

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En el texto hay: accion, amor

Editado: 04.04.2018

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