Mystic Friends

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Capítulo I: El inicio

¡Arggg! ─resonó un gruñido por todo el bosque.

─ ¡Sálvense quien pueda!

¡La que no corre no vive!

En el campo de batalla una sicaria del reino vampiro, Megami, fue enviada para matar un comandante minotauro mejor conocido como Sataru.

 Esta iba a ser una tarea fácil de ejecutar, le aseguraron, pero en un descuido de su parte, un demonio con forma de serpiente blanca la atacó por la espalda, hiriéndola mientras la lanzaba contra el suelo debilitándola gravemente.

A un segundo de que su vida se extinguiera apareció el comandante minotauro salvándola y este al ver la magnitud de sus heridas decidió cuidar de ella hasta que mejorara.

Contra todo pronóstico al pasar el tiempo se volvieron amigos, pero Megami al enterarse del nombre de su “curandero”, no pudo eliminarlo por más que quiso convencerse de lo contrario, por lo que finalmente desistió de su misión renunciando a su reino en el proceso. Confesándole a Sataru la verdad de su presencia en ese lugar.

Al principio este se enojó, de la misma manera en que cegado por la ira y herido en su orgullo, trató de matar a la sicaria, pero recordando todo lo vivido los últimos meses, se tranquilizó, preguntándole su nueva misión, tratando de descubrir parte de su supuesta alma. Y ella solo pudo responder Si es necesario… morir, para obtener tu perdón ­—Sataru lo pensó detenidamente, finalmente perdonándola luego de un tiempo que empleo para meditar la situación, decidiendo en el proceso ofrecerle refugio en su reino al saber cuál sería el castigo de Megami al no cumplir su misión. 

Transcurrieron seis meses en los que la confianza se volvió a crear (a duras penas, pero pasó).

Lamentablemente justo cuando el sol parecía iluminar nuevamente el panorama, el rey de Tamashii descubrió la estadía que la vampira mantenía en contra de la ley, capturándola y condenándola a ser ejecutada. Sin embargo, cuando la información llegó a oídos del guerrero minotauro, este, iracundo irrumpió en el castillo, ordenando la inmediata liberación de la vampira, el rey denegó esa “orden”. Sataru al ser ofendido insultó al rey y su manera de liderar, este como castigo por su falta de respeto le asestó un puñetazo que lo mando a volar contra una pared, y luego ya más calmado le ofreció un trato: si Sataru le ganaba en un combate mano a mano liberaría a la sicaria y la dejaría vivir, pero, si perdía, quedarían desterrados de Tamashii; Sataru no lo pensó dos veces y aceptó confiado de su fuerza...

Al final del día, en el momento del ocaso, se podía apreciar el cuerpo de un minotauro sobre un charco de sangre, muy mal herido…

… Sataru, había perdido… por lo cual tanto él cómo Megami tuvieron que irse de Tamashii.

Vagaron por dos días hasta llegar a un gran campo de flores en donde el ex comandante minotauro se desplomó agotado tanto física como mentalmente. La vampira se situó junto a él preocupada, esperando un milagro...

Casualmente un joven hombre lobo se dirigía hacia el mismo campo, observando al momento de llegar a los dos extraños heridos; se acercó a estos preguntando quienes eran y de dónde venían. Megami le explicó lo ocurrido y la razón del estado de su camarada, el lobo respondió que se llamaba Ichiro y era el príncipe de Sengoku, tierra en la cual se encontraban y les ofreció refugio hasta que todo pasara.

Al principio la desconfianza reinaba en esa extraña “amistad”, pero con el tiempo se volvieron prácticamente hermanos, y pobre de aquel que lo dudara. Cuando Ichiro ascendió al trono nombró a Megami como guardiana del reino y a Sataru como general del ejército de manera que siempre estuvieran unidos.

¡Vengan acá, me las van a pagar! ─grité corriendo con un objetivo en mente, las dos niñas que huían un poco más delante de mí.

Años después nació Oushiza, hijo de Sataru y un guerrero en potencia.

Contaba con 10 años de edad y le encantaba la batalla. Tenía cabello largo y castaño con unos singulares ojos verde agua. Poseía un muy buen físico para su edad que complementaba su personalidad: engreído, orgulloso y en el fondo, aunque no lo quisiera admitir, tenía un lado amable que pocos habían podido llegar a presenciar hasta el momento… Minotauro tenía que ser.

─ ¡Soy más rápida que tú, jamás me alcanzaras! ─dije aumentando la velocidad con la cual corría.

Luego nació Koya, hija de Ichiro y heredera al trono. Tenía 9 años y le fascinaba la naturaleza. Su cabello plateado estaba coronado por dos orejitas peludas que hacían referencia a su raza y también tenía unos ojos tan azules como el mar que relucían como dos joyas en su carita. Era orgullosa, pero sin dejar de ser generosa, también era ágil e inteligente. Uno de sus pasatiempos favoritos era fastidiar a Oushiza…



Athenea

Editado: 06.03.2019

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