Nacidos de la Envidia

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Capítulo 2

Cuando estaba a punto de iniciar el receso, Daphne trató de convencerse a sí misma de que no todo era como su mente le indicaba, poniéndole sobre aviso acerca de alguien que apenas acababa de conocer como si fuera el enemigo y una persona a la que atenerse. En cambio, solo soltó un suspiro al tiempo que volvía a marcar en su rostro una sonrisa genuina.

No creía tener mayores motivos para desconfiar que solo una corazonada infundada, como tantas que habían causado que otras personas decidieran no intentar forjar amistad con ella. Era injusto, cruel, y lo que más le dolió fue que entendía con certeza lo que significaba y provocaba estas cosas y ni siquiera quería considerar que podría causar lo mismo en otra persona, una que aún no conocía. Quizás estaba haciendo lo mismo que sus compañeros cuando ella inició, dando un sello por la apariencia y el presentimiento de que no es alguien con quien formar amistad ¿Por qué? Nadie lo sabe. A veces son sensaciones, que aunque pueden llegar a ser correctas —la minoría—, también pueden llevar a que una persona pase por soledad y marginación.

Venciendo el mal con el bien, o tratando de compensar sus pensamientos, decidió ir a saludar a la chica nueva, decirle algo sencillo que transmitiera seguridad y simpatía a sus inicios en el instituto. Aunque era obviado que otros harían lo mismo debido al impacto que ella causó con solo su presencia, eso no la dejaba conforme, sino que hasta sentía una especie de compromiso por hacerlo, porque era lo que querría que hubieran hecho por ella en sus fatídicos inicios, esos que intentaba olvidar.

Yendo a la acción, frotó ambas manos contra sus piernas para limpiar la leve capa de sudor que se formaba por la ansiedad y así se decidió por dar por terminado con esas ridículas suposiciones. Sonrió y dio por hecho como si eso jamás hubiera pasado por su mente, después de todo, siempre odió lo humano de prejuzgar, y en este momento ella lo estaba haciendo. Nadie podría culparla por primera vez desconfiar de una persona, y mucho menos considerando que, la que escogió para hacerlo era un misterio en bruto.

Todos se pusieron de pie al escuchar el timbre, con un mismo pensamiento al parecer, ya que de un segundo a otro la iniciativa de Daphne quedó en la nada al ver que tenían acorralada a la chica nueva en una especie de círculo intimidante. No quiso precipitarse a pensar en nada, por lo que estiró el cuello para poder ver mejor qué estaba pasando allí. Lo hacía por su bien, para entender si necesitaba ayuda o algo, más sabiendo que cuando ella inició hicieron lo mismo, pero para dejarle las cosas claras acerca del instituto y su lugar en lo que parecía ser una cadena alimenticia. Después de eso olvidó lo que era que te dirigieran la palabra, sobre todo por un grupo tan numeroso.

Ni bien pudo notar lo que pasaba dentro de aquel círculo, soltó un suspiro de alivio. No era lo que había pensado en un principio con temor, sino todo lo contrario. La saludaban, se presentaban con risas y chistes, algunos con sonrojos y manos temblorosas, pero con cariño; le estaban dando una bienvenida alegre con promesa de amistad de por medio, y aunque eso era lindo por ella, no pudo evitar sentir algo de enfado por eso, algo que se negó a aceptar.

Con quienes se había esforzado por años para que la tomen un poco en cuenta, para que le den atención y algo de simpatía, de golpe y porrazo otra había ganado todo eso con solo cruzar la puerta, por ser bonita. Lógico, quizás inmaduro, pero no veía lo justo en nada de lo que la rodeaba. No quería decir que esperaba que la trataran de la misma forma a la chica nueva como habían hecho con ella hacía ya dos años, pero, tampoco esto.

Con los labios apretados simulando una sonrisa, tomó sus libros y con paso firme salió del salón para pasar el tiempo en la biblioteca. Trató de no llevar la mirada a sus compañeros en el proceso ni a la chica nueva, y aunque se le hizo algo difícil, lo que más la impulsó a no hacerlo fue que si lo hacía llegarían a ver las lágrimas que comenzaban a acumularse en sus ojos. No quería que eso pasara. No quería que se burlaran. No quería tener otra enemiga.

Recorrió los pasillos que tanto conocía al tiempo que trataba de no estorbar a los demás alumnos que pasaban sin darle mucha atención, que, atentos en sus cosas, cada tanto le propinaban un pequeño empujón. Se encogía en sí misma para facilitar las cosas, pero la verdadera la solución no era esa, sino que la encontró cuando pudo estar frente a frente a una puerta oscura, distinta a las demás debido a que mucho los directivos no habían querido reformarla, pero que conservaba una especie de sensación de paz y diplomatura que lograba aliviar a los amantes de las palabras.

Así, luego de quitar unas lágrimas rebeldes que amenazaban con caer, entró. Abrió la puerta con determinación y una sonrisa de por medio, una um poco más chica de lo normal, pero tan genuina como el resto que siempre esbozaba al entrar allí.

El lugar tenía el aroma característico de los libros, a papel siendo añejado, pegamento, tinta fresca en algunos casos y una leve esencia a polvo. Todo dando una buena combinación para encontrar un poco de paz del colegio y lo que implicaba, por lo que Daphne no dudó en inhalar con fuerza ni bien pudo verse rodeada de lo que siempre le había dado confort. Buscó una mesa vacía de entre todas sin observar demasiado a los demás alumnos estudiando, y al encontrar una un tanto reservada, la que últimamente se había vuelto su predilecta, en seguida se dirigió allí para dejar sus libros sobre un costado.



Chuxamia

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En el texto hay: romance, revolucion, marginados

Editado: 07.02.2019

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