Nacidos entre las sombras, Libro 2

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Epilogo.

 

Nunca pensó que llegaría este momento, estaba frente a un Lobo que había sido su guía, su amigo, su Alfa. Y estaba a punto de batirse en duelo con él por el derecho de estar con Alekssandra. Ella se había negado a participar en esta tontería, donde solo uno de ellos saldría con vida... Aleck estaba seguro de que no sería él.

 

No es que tuviese miedo de enfrentar a Grigori, no le temía a ningún Lobo. Era él hecho de ese sueño extraño que tubo esta mañana, donde algo le advertía acerca de enfrentarse a él. No vio rostros, no vio cuerpos, solo fueron sentimientos y voces los que le hicieron esa advertencia. Esas premoniciones le habían salvado en el pasado, pero por una estúpida razón había decidido ignorarla esta vez

 

¿Cuál había sido esa estúpida razón? Ni siquiera él lo sabía.

 

Frente a él estaba Grigori, se veía más imponente de lo que recordaba que era. Su padre en forma de espectro estaba a unos cincuenta metros de ellos, no participaría, pero sería quien ayudase al perdedor a cruzar al mundo de los muertos. Alekssandra estaba en la casa roja, la casa que la manada había mandando construir para su Alfa.

 

—Qué bueno que no está aquí para verme morir —pensó sintiendo la briza fría a su alrededor.

 

Si pensaba fríamente estos, era él el que estaba equivocado. Ella amaba al Lobo que tenía enfrente, y este Lobo le amaba. ¿Entonces por qué interponerse? Ah sí, lo hacía por sus hijos... pero él no estar con Alekssandra, no significaba que pudieran quitarle su derecho sobre sus hijos... entonces ¿Cuál era la verdadera razón?

 

Desde que había despertado, también se había despertado en él, la insana obsesión por Alekssandra, a quien siempre había visto como una hermana pequeña. Cuando estuvo atrapado dentro de su cabeza, y no fue capaz de contactarse con el mundo exterior, fue a ella a quien acudió. Pero fue como si algo lo guiara a ella, como si se hubiera activado un GPS en su cabeza.

 

Había encontrado a un Lobo salvaje y lo había utilizado para llega a ella, cada momento que podía escaparse hacia lo mismo, encontraba al Lobo he iba a ella... ¿Por qué?

 

Después estaba esa insensatez que hizo, transferir poder a ella. Todas las alarmas de su cabeza le decían alto, pero lo hizo de todos modos. Eso casi la mata, de no ser por Grigori. Pero esa noche en el castillo de Verona, por primera vez hubo algo que lo dejo tranquilo, fue como correr y estrellarse con una pared sumamente fuerte. La pequeña mano derecha de Grigori...

 

Meylan... Meylan Yilmas.

 

¿Por qué? Desde que la vio por primera vez algo lo golpeo como un tren de carga, una descarga eléctrica que casi lo hace caer de rodillas. Luego la otra noche, se encontró con esta Loba, no. Él la había buscado, él había ido hasta la manada de la Cruz dorada para verla. Pero una vez que la tuvo enfrente, algo ocurrió. No supo que fue en realidad, primero la besaba y al segundo siguiente la tenía sujeta por el cuello casi asfixiándola...

 

Tomando todo esto encuentra, ¿Por qué estaba esta noche aquí?

 

Grigori Záitsev no quería este enfrentamiento, pero lo que Aleck había hecho... ¿Por qué había atacado a Meylan de esa manera? Fue brutal, fue... fueron necesarios siete sanadores y más de veinte horas para salvar su vida.

 

Esa noche Grigori se encontraba haciendo ronda por el Vulpak, no tenía sueño de modo que decidió caminar, algún que otro Lobo de la manada se le unió en la caminata, al igual que los Lobos salvajes. De pronto percibieron la sangre en el viento, él la reconoció de inmediato. Pero se suponía Meylan estaba dormida en su habitación, en el edificio de habitaciones del Vulpak.

 

Entonces percibieron el aroma de un Slavik, difícil saber cuál de los dos era. Lo vio salir caminado con el cuerpo casis sin vida de la chica en los brazos, su boca y el cuello de ella estaban llenos de sangre, tenía moretones y desgarros por todo el cuerpo. Extrañamente Aleck no tenía un solo rasguño, como si Meylan no se hubiera defendido.

 

No le importo si lo dejaron ir o se lo comieron vivo, solo le importo llevar a su mano derecha con los sanadores. Le arrebato a la pequeña Lobo de los brazos y corrió con ella al hospital interno, en el Vulpak. Una semana después recibió el desafío, Alekssandra estaba entrando en la fase final del embarazo, solo tres meses y sabrían el futuro de ambas manadas.



C. L. Hoffnung

Editado: 07.02.2019

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