Nadie debe saberlo

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Nadie debe saberlo

La tienda de ropa es enorme y no puedes hacerte idea de cuántos modelos debe de haber para justificar tal espacio. Al entrar, te sientes cohibido al ver las mesas llenas de ropa, los maniquíes inexpresivos y los accesorios femeninos que están en oferta.

"No me gusta este lugar" es lo que quisieras decir en voz alta, pero no puedes. Las chicas que están contigo se muestran muy animadas al ver ese grupito de zapatos con tacón alto forrados en cuero y que son tan empinados que da la impresión de que uno puede tropezarse con solo mirarlos.

"¿Qué hace un tipo como yo en un lugar como este?" te preguntas. No pudiste negarles tu compañía cuando te rogaron que vinieras con ellas al centro comercial. Eres un blandengue y les tienes mucho cariño.

Miras la hora en tu celular: "Llevo cinco minutos aquí".

Estar rodeado de chicas en la sección femenina de ropa no es cómodo. No hay qué mirar y no hay nada que te llame la atención. Te gustaría por un momento meterte en la mente de alguna de ellas para así saber lo que piensan de ese bolso que les tiene locas o de esos pantalones floreados. Miras tu propia ropa: un polo flojo (demasiado flojo), unos pantalones gastados, unas zapatillas sucias y un chaleco viejo. Te gusta esa ropa, te sientes más o menos cómodo usándola porque se parece a la ropa que en realidad desearías usar, y no la cambiarías por nada... o quizás sí.

—¿No te gustan los bolsos? —te pregunta una de las chicas.

"¡¿Cómo podrían gustarme?!" quisieras responder, pero eres demasiado tímido para levantar la voz.

—No —respondes—. Prefiero los morrales.

—Igual yo —dice la chica mostrándote el moral rosa que lleva.

Ellas siguen desplazándose por la tienda. Miras de nuevo tu reloj. "Llevo veinte minutos aquí".

No entiendes cómo es que siempre tienen algo nuevo que ver. Tú sientes que con ver una blusa de mujer ya te viste todas.

"Quizás es porque no sé mucho de chicas" piensas.

A pesar de haber soportado con paciencia todo ese rato, empiezas a sentirte incómodo al pasar por las estanterías con ropa interior.

—¿Creen que si me pongo esto mis senos se vean más grandes? —pregunta una de tus amigas poniendo un sostén azul encima de su pecho.

—Solo resaltaría más tus senos fofos —responde otra con una risita.

"Yo no compraría ropa interior que ya vio y tocó todo el mundo" piensas escandalizado. Quizás eres demasiado 'a la antigua'. Te sientes viejo, como un hombre tan entrado en años que ya no sabe a qué época pertenece.

No quieres soportar ver tanta ropa interior, o tacos, o blusones floreados, o bolsos de cuero, o tops, o faldas... Es mejor alejarse un poco y fingir que se está viendo otra cosa...

Sabes que no se trata de un simple gusto por la moda, pero es que a veces rechazar cierto estilo implica haber rechazado antes lo que representa. Tú sientes pavor cuando recuerdas lo que toda esa ropa representa y a lo que implica para ti mismo. ¿Pero realmente a qué le tienes miedo?

"¡Ah!"

Por primera vez desde que entraste al almacén algo ha llamado tu atención. Estás de pie en el lugar en que la sección de ropa femenina y masculina se encuentran.

Miras a tu alrededor para cerciorarte que ninguna de tus amigas te está viendo, y caminas hacia esa casaca roja de botones blancos y capucha que tanto te ha llamado la atención.

"Es carísima" piensas viendo el precio "aunque no es como si pudiera comprarla aún si tuviera el dinero...". Aún así te gusta. Por primera vez desde que llegaste quieres poner una ropa frente a ti en el espejo para ver qué tal te quedaría y sentir que después de todo, no estás fuera de sitio en aquel lugar.

Titubeas. Vuelves a mirar a tu alrededor. Tienes miedo.

¿Y si ellas se dan cuenta de lo que estás haciendo? No tendrían por qué fijarse en ti, pero... ¿Y si algún empleado lo nota? Claro, no te botarían de la tienda por algo así... Pero, ¿y si alguien hace alguna pregunta incómoda al verte probarte la casaca frente al espejo? Siempre puedes mentir diciendo que era para alguien más, que buscar ropa para regalar a algún amigo o hermano...

No, sabes que está mal decir mentiras.

Debes contentarte mirando la casaca e imaginando qué tal te quedaría. Es floja y calentita, tal y como te gustan, con bolsillos amplios para que puedas meter las manos mientras caminas. Los puños son apretados. La caucha es espaciosa... ¿La gente aún usa capucha?

"¿Qué tal se vería en mí?" piensas embelesado sacando la casaca de la percha y dándote la vuelta para buscar un espejo, sin pensar en lo que haces...

—¡Hey! —exclama una de tus amigas.

Das un respingo y estás a punto de soltar la casaca. Empiezas a temblar... ¿Y si ella se da cuenta de que...? Sabes que eso es un secreto... Nadie debe saber que tú... No deben enterarse de tu vergüenza... Es muy doloroso... ¿Y si solo estás exagerando?

Duele.

—¿Qué haces? —dice ella riéndose—. Esa casaca es de chico, la ropa de chica está aquí.



Bethlehem

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En el texto hay: disforia de genero, identidad de genero

Editado: 05.05.2018

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