Namasté, tú y yo somos uno

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5. La libélula

Llegamos de regreso al hotel Delhi justo a tiempo. Me siento muy mal por haberle hablado a Cayden de ese modo, quisiera darle las gracias por todo lo que ha hecho por mí pero cuando llegamos al hotel él frunce el ceño y me deja plantada y sola en la recepción del hotel.

Nuestros compañeros llegan solo unos minutos después comentando en voz alta la experiencia de visitar un poco más la ciudad y el fuerte rojo. Viola está completamente roja. El sol ha hecho estragos en ella, Alan tampoco tiene su mejor aspecto, yo pensé que era un hombre de mundo acostumbrado a este tipo de experiencias pero al parecer, ésta le está sobrepasando y eso que aún no hemos empezado la parte dura.

En realidad, tengo la sensación que solo Cayden, Anthony, Stanley y yo, estamos disfrutando de esta parte del viaje. Tal vez Alan sea de ese tipo de hombres que se crece en situaciones difíciles, no sé. No vuelvo a hablar con Cayden de lo que ha sucedido esa tarde, ni nadie me pregunta cómo he pasado el tiempo, solo Stanley parece estar al día, porque la tensión que tenemos Cayden y yo es evidente.

Tras una cena rápida en el hotel decidimos descansar para salir al día siguiente. Estoy contenta por eso.

No tengo fiebre, ni ningún síntoma raro, ni me duele la pierna.

Sé que Cayden ha conseguido una nueva dosis de la vacuna de la rabia para ponérmela dentro de siete días. Lo cual no es precisamente un sueño para mí, pero es lo que tengo por haberme saltado las normas.

Nuestro próximo destino es Jilahner en Rajastán. Allí comenzaremos con las primeras secuencias del rodaje. Hecho que no comprendo porque para mí cualquier escenario que hemos visto desde que hemos llegado es magnífico.

Tenemos unas siete horas de viaje por delante, horas en el coche que se harán eternas como no rompa la tirantez con Cayden.

Intento pasar el tiempo prestando atención al paisaje, sin conseguirlo. Me paso la mano por el pelo y trato de hacerme un moño alto para aplacar el calor que voy teniendo.

—¿Estás más tranquila? —comienza él. Al parecer no soy la única que se siente mal por esa tensión no resuelta.

—No estoy enfadada.

—¿Ah no?

Se ríe.

—Tienes una extraña forma de comunicarte Bianca. Tus labios dicen una cosa y tu cara otra muy distinta.

—Simplemente me supo mal que no te fiaras de mí, ¿crees que soy estúpida? Sí, Tal vez sea un poco inconsciente, pero no soy tonta, y sé lo que hago.

—Si querías salir tenías que habérmelo dicho y no jugártela tú sola por ahí.

—Estaba un poco preocupada al principio, pero luego al ver que me encontraba bien, decidí aprovechar la tarde. No dije nada porque fue algo improvisado que pensé más tarde.

Me sonríe con sinceridad y al hacerlo se le iluminan los ojos. Cayden desprende algo realmente bueno, y no solo es su belleza física porque es un tipo muy guapo. Parece legal, la clase de hombre del que te puedes fiar completamente. No me siento merecedora de su atención y el que esté tan pendiente de mí me halaga.

—Está bien.—dice él mientras acaricia el volante.— Pero no vuelvas a hacer nada parecido sin comentárselo a alguien. Imagínate que te ocurre algo. Tu pasaporte y tu móvil desaparecerían en cuestión de segundos; las pasarías canutas hasta regresar al hotel, eso sin pensar en que no te encuentres con ningún desaprensivo.

—Iba con Saroo, no me iba a ocurrir nada.

—Lo dicho. No lo vuelvas a repetir. Aunque pienses lo contrario, a nosotros sí nos importas.

Sus palabras son auténticas y alcanzan mi alma. Bien, en realidad cualquier cosa que Cayden dice, hace que me derrita. ¿He dicho que estaba guapísimo?

Su ropa de hoy es diferente. Lleva una camiseta entallada de color oscuro que hace resaltar el color de sus ojos y que se fusiona a la perfección marcando sus bíceps. No quiero ni imaginarme lo que tendrá debajo, madre mía. Intento calmar el rubor de mis mejillas bajando un poco más la ventanilla del auto.

—Cambiando de tema ¿Conseguiste hacer funcionar tu tarjeta sim?—me pregunta por el móvil.

—Sí –asiento mientras meto otro trago a mi botella de agua, Achir descansa en el asiento de atrás echando una siestecita—Ayer por la noche hablé con mis padres, no me da ninguna vergüenza decirlo.

Se queda callado y serio, deduzco que no debo devolverle la pregunta y lo respeto. Es reservado a más no poder.

Es extraño la cantidad de contrastes que vemos por el camino que vamos recorriendo. Hay carreteras nuevas, caminos viejos, paisajes únicos y, hermosos pueblos que parecen anclados en el tiempo.

Paramos a descansar de vez en cuando para dar un respiro al coche que en ocasiones hace ruidos raros. Comemos todos juntos en varias posadas no muy aptas para detenerse, pero que son las únicas que encontramos en la carretera.

Agua envasada y barritas energéticas parecen ser los únicos alimentos de Viola, quien no ha vuelto a probar bocado desde que salimos de Delhi y eso no es bueno. Me rocío de vez en cuando con relec para ahuyentar a los mosquitos y disfruto de un té para calmar el calor del viaje.



Liselene

Editado: 24.08.2019

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