Necesito Libertad. (precuela: Necesito 0.3)

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Capítulo 3

CARMEN "16 AÑOS"

—¡Así perdiste tu virginidad! —Exclamó Elsa, una de mis mejores amigas —¿Y cómo fue?

 

—Fue algo doloroso y raro al principio, ya después se sintió bien—. Dije como si nada y ella abrió su boca estupefacta.

 

—¿¡Qué!? ¡Solo eso!

 

—Oye, no es como te lo pintan las novelas —estiré mis largas piernas y las puse sobre el escritorio del profesor—.Y te digo que yo quise que fuera perfecto, pero no. Además ya encontraré a más tipos que de verdad me hagan sentir bien.

 

— ¡Carmen, por favor!

 

— ¿Qué? No soy peor que las zorritas de último año, solo quiero experimentar, no hay nada de malo. Además, me estoy cuidando, en mi bolso no hacen falta condones.

 

— ¡¿Y de dónde mierdas...?!

 

—Se los robé a mi hermano Marcus, el mujeriego tenía como diez cajas nuevecitas llenas de condones —ambas soltamos una gran carcajada. —Se los hubiera quitado a Sebastian, pero el gruñón parece los tienes escondidos en el culo, no se los encuentro en ningún lado.

 

—Dios, eres un caso serio Carmen.

 

—Sí y le recomiendo que baje sus pies de mi escritorio señorita Baeva —dijo con un tono severo el profesor de Lingüística, entrando al salón de clases.

 

—Está bien, mi querido profesor —respondí con sarcasmo y me levanté de la silla para ir a sentarme en un pupitre con Elsa a mi lado.

 

Ser un cliché de chica popular se convirtió en mi mejor fachada, usaba ropa a la moda, a veces camisetas cortas y pantalones ajustados, pero no era como las que pagaban para pasar las materias. Estudio para sacar mis notas regulares y algunas sobresalientes. Mi madre se molestaba por mi forma de vestir, creo que eso era lo que me incentivaba, mi intención era molestarla.

 

Había dejado de asistir a las clases de ballet hace meses y eso la puso colérica. Pasé años de mi vida metida en academias tradicionales con mujeres ensenándome como amarrarme mi cabello, mis tutus, ¡Todo! Quería cambiar un poco. El ballet es para chicas lindas que desean verse delicadas o ser figuritas de fantasía.

 

El ballet nunca me representó y ahora gracias a papá y mis hermanos cambié el ballet por danzas más fuertes y sensuales por así decirlo. Las tardes de ballet fueron reemplazadas por clases de hip-hop un día, la otra bachata, salsa, cumbia, todos los días un estilo nuevo, deseaba con ansias despegarme de la identidad de "delicada bailarina" que había mantenido por tantos años.

 

Las clases como siempre fueron un punto medio, ni tan aburridas y ni tan interesantes, creo que mis únicas materias predilectas eran biología y química. Regresé a casa caminando, la preparatoria no quedaba muy lejos y podía fácilmente venir caminando o en tranvía con Elsa.

 

—Hola mamá. —saludé como gente educada apenas entré a la casa y la vi sentada en el mueble de la sala

 

—Llegó la hija ingrata. —rodé los ojos, no sé ni porqué me molesto.

 

—Qué lindo verte a ti también. —respondí con sarcasmo y subí a mi cuarto, me exasperaba y erizaba los pelos su actitud tan infantil, se supone que la adulta es ella.

 

Tenía varios deberes escolares por terminar, por no decir una cantidad enorme de información que procesar para mi siguientes exámenes, la verdad tenía una flojera tan inmensa que prefiero tirarme en mi cama y dormir hasta que se hiciera de noche.

 

Después de una merecida ducha me cambié de ropa para salir un rato, hoy no tenía prácticas, ni ensayos de baile y no me apetecía estudiar, así que preferí fugarme un ratito. Salí de mi habitación maquillada y bien vestida con mi bolso y cartera a un lado

 

—¿Saldrás ahora? —preguntó mi madre al verme bajar las escaleras.

 

—Como ves me voy fuera de este encierro.

 

—¿Y tus tareas? No puedes estar en la calle haciendo váyase a saber qué, cada vez me decepcionas más Carmen. ¿Acaso ese es tu plan? ¿Tu meta? ¡Matarme un día de un disgusto! —la miré y contuve mi enojo.

 

—Cree lo que quieras, yo solo saldré me distraeré un poco —dije como si nada y salí de la casa.

 

Pedí un taxi y fui directamente al centro comercial, cada vez que mi madre se ponía así venia directamente a comprarme alguna cosa o comer como marrana en el puesto de helados más cercano. Casi siempre era la segunda opción, pero hoy necesitaba de las dos juntas, después de comprar mi barquilla casi cuádruple de helado de chocolate con piruletas de caramelo y galletas con mi cono en mano comencé a recorrer el centro a ver que tienda llamaba mi atención.



Gabriela aramillo

Editado: 14.03.2019

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