Necesito Libertad. (precuela: Necesito 0.3)

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Capítulo 4

CARMEN.

Después de la semejante borrachera que me monté en mi última salida mis padres me tuvieron en arresto domiciliario, no me dejaban salir de la casa y para colmo no lograba encontrar al perdedor escuálido por ningún lado, de broma podía venir a mis entrenamientos de baile.

 

El sudor corría por toda mi espalda y cuello. Estaba exhausta, los ensayos de danza eran lo único que me habían tenido bastante ocupada. Después de la graduación empezaría a ir a la universidad, me gustaba mucho la carrera en Nutrición y educación para la salud.

 

No había prestado mucha atención a mis clases y la verdad no podía pedirle ayuda a Elsa, ella tampoco era la mejor estudiante. Tuve que ir a la biblioteca a buscar algunos libros para leer y escribir mis apuntes para estudiar.

 

Necesitaba ayuda con matemáticas, me daba rabia no saber cómo resolver funciones, es una estupidez tan sencilla y no logro entenderla, busqué entre los pocos que estaban en la biblioteca, solo había una pareja metiéndose mano, obvio no. Dos chicas con cara de no saber ni cómo escribir una simple formula química.

 

Estaba condenada hasta que para mí buena suerte vi a dos chicos y uno de ellos era el perdedor de la fiesta. Por el montón de libros que tenían encima de su mesa, podía asegurar que los dos eran los cerebritos de su salón.

 

Me arreglé un poco y con una sonrisa me fui acercando, cuando tomé asiento frente a ellos, ambos me miraron, sobretodo el perdedor que no me quiso decir su nombre.

 

—Por lo visto estamos destinados a encontrarnos perdedor. —dije con una sonrisa y él me ignoró enfocando toda su atención en su estúpido libro.

 

—Oye amigo, no hace falta ser grosero —le dijo su compañero, el cual era un obeso moreno con cara de mongolo.

 

— ¿Y tú cómo te llamas? —le pregunté al moreno.

 

—Peter.

 

— ¿Y sabes algo de funciones, Peter?

 

—¿De qué tipo? ¿Cuadrática, Radicales, Lineales? Tú solo dime cuál y yo te explico —mis ojos se abrieron sorprendidos, ¡lotería! Había encontrado al perdedor perfecto. Bajé un poco mi escote para distraerlo y tenerlo completamente embobado.

 

—Necesito una explicación de cada una de ellas y hacer una resolución de ejercicios en un trabajo. ¿Podrás ayudarme? No soy buena en este tipo de...

 

—Por qué no dejas de mostrar tus pechos y fingir que te agradamos —fulminé con la mirada al perdedor sin nombre.

 

—¡Mike por favor!. —Así que el escuálido se llama Mike.

 

—¿Qué no ves que busca meterte sus pechos por los ojos para sacar beneficio propio?. —Siempre jodiendome la paciencia. —Allá tú si quieres que te usen.

 

El imbécil se levantó de la silla y comenzó a marcharse.

 

—¡Idiota! —murmuré colérica y yo de estúpida lo seguí, levantándome de la silla dejando al gordo solo en esa mesa. — ¡Espera ahí!

 

Ni siquiera se inmutó, no podía gritar porque estaba en la biblioteca.

 

— ¡Si no me miras te arrepentirás Mike! —siguió ignorándome, corrí y lo jale del brazo haciéndolo mirarme. —¿¡Acaso quieres joderme la vida desgraciado!?

 

—Ni siquiera te conozco para querer hacer algo en tu contra. Pero no dejaré que utilices a mis amigos para tu propio beneficio egoísta.

 

—Por si no lo sabias era un ganar, ganar, él me hace todos mis trabajo y yo le ayudo a quitarse esa apariencia de virgen que trae pegada en su cara, le presentaré alguna chica tan fea como él y que hagan linda pareja. Creo que ni siquiera han visto unos pechos que no sean de una cutre revista pornográfica. —él río con ironía.

 

—Qué generosa santa Carmen Baeva. Y para tu información he visto mejores pechos que los tuyos.

 

—Los de tu madre no cuentan perdedor —dije con una cínica sonrisa.

 

—Hay que ver que te dejas llevar por los estereotipos, además tienes senos pequeños.

 

—¡Discúlpame! ¡Yo no tengo senos pequeños! Ahora solo falta que me digas que no te parezco atractiva. —dije con una ceja levantada.

 

—No me pareces atractiva.

 

—Eres un hipócrita mentiroso.

 

—Si ya sabes que eres hermosa ¿qué más da si yo lo admito o no? ¿Siempre necesitas sentir la admiración y envidia de los demás?

 

—Sí, la necesito, me gusta ser la envidia de muchos y el deseo de otros.

 

—Entonces eres una persona muy vacía. —no supe que responder ante esas palabras, no me se me ocurrió ningún chiste o respuesta agria para callarle la boca, solo quedé en silencio.



Gabriela aramillo

Editado: 14.03.2019

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