Ni 1millón de Estrellas

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Capitulo 15

- De acuerdo - respondí por el teléfono

- ¿A quién llamaste? ¿Que te han dicho? - preguntaba una Alina preocupada

- He llamado a uno de mis contactos para que se ocupe de la investigación, también he hablado con un policía amigo mio para que ponga en marcha una búsqueda

Ella suspiró asustada.

- Mírame - dije cogiéndole de la barbilla y haciendo que me mirase - todo estará bien

Aliña asintió no muy convencida.

- Hazme caso - finalicé mientras la acercaba a mi para darle un abrazo.

Un cálido abrazo, el cuál no deshacíamos.

Tras lo que estaba pasando, que aun no sabíamos que era, no podía dejar que Alina durmiera en esta casa, ¡seria una locura! Pero tampoco sabía como decirle que viniera a mi casa....¿y si me pega? ¿Y si se asusta más? ....nuestra relación no es especialmente buena que digamos....

- Alina.... - hablé en voz baja a la silenciosa niña llamando su atención - puede que esto no te guste, pero creo que lo mejor será que te vengas a mi casa a dormir, no sabemos que ha pasado ni si podría pasarte a ti también.

- Vale - dijo ella rápidamente.

Podía notar como le temblaba las manos, las cuales se apresuró a meter en sus bolsillos, y como le temblaba la voz.

La cogí del brazo para sacarla de allí. Una vez fuera, cerré la puerta y subimos al coche. Ella seguía sin decir una palabra, y eso me estaba poniendo cada vez mas preocupado.

Rápido, puse en marcha el coche y fuimos camino a mi casa.

- Alina - ella hizo un sonido gutural a modo de respuesta - Confía en mi y en las personas a las que he llamado, ellos se encargarán de todo. Seguro que luego no ha sido nada malo y nos estamos preocupando por nada - Sonreí intentando romper el hielo que había en ese momento.

- Eso espero - dijo de una manera secante.

Sin querer molestarla mas, continuamos el camino callados hasta nuestro destino.

- Esta sera tu habitación, y aquí tienes el baño, puedes ducharte si quieres, mi sirvienta te dejará algo de ropa encima de la cama. Mi habitación está allí, si necesitas algo no dudes en ir.

- Vale, gracias - dijo con la mirada perdida.

- Buenas noches, y descansa! - hice una pausa - ya verás que para mañana está todo resuelto - revoloteé su pelo

- Si, buenas noches - respondió mientras entraba al baño.
 

Una vez duchado, con el pijama puesto y tumbado en mi cama hacia arriba, no podía parar de pensar en lo que estaba sucediendo y, sobretodo, en como se lo estaba tomando ella. Nunca la había visto tan decaída, ni me imaginaba ese lado de Alina, la gritona, extrovertida y animada niña a la cual "odiaba".

- Aish.... Como sea - dije molesto mientras me daba la vuelta y me tapaba con la manta intentando conciliar el sueño.

Poco a poco, los ojos se me fueron cerrando, quedándome completamente dormido en unos minutos.




 

Una vez en la ducha, varias lágrimas cayeron de mis ojos.

¿Que era todo esto?

¿Que había pasado?

Miles de preguntas se amontonaban en mi cabeza.

- Alina cálmate, como dijo el Zapajo, todo saldrá bien.

Tras terminar, me puse aquel pijama burdeos con detalles en blanco y me metí en aquella enorme cama....tenia que decirlo, para ser el cuarto de invitados ¡era casi mas grande que mi departamento!

Cerré los ojos en un intento por despejar mi mente e intentar dormir, pero en cuanto lo hacía, imágenes horribles y desagradables venían a mi cabeza. ¿Estarán bien? ¿Estarán a salvo? ¿Tendrán frío? ¿Hambre? ¿Están heridos? ....o mi peor pregunta....¿Estarán....vivos?
Solo el pensarlo hacia que las lágrimas se volvieran a amontonar en mi cabeza.

Tenia miedo.

Mucho miedo.

Me senté en la cama y encendí la luz de la mesita.

- ¿Que hago....? - susurré

Agité mi cabeza intentando hacer desaparecer todo aquello.
Me tiré hacia atrás volviendo a quedar tumbada sobre las suaves sábanas.

Intentaré dormir con la luz encendida, de esta manera estoy algo más "tranquila".

Volví a cerrar los ojos. Intentaba evitar cada pensamiento malo, pero mi corazón se aceleraba, el sudor se amontonaba en mi piel y a ansiedad estaba empezando a llenar mi cuerpo.

No puedo.

Sin pensarlo, salí de aquella habitación.

Caminé sin rumbo fijo, aunque en realidad, y sin darme cuenta, estaba yendo a un lugar en concreto:

Julen.
 

Toqué a la puerta.

No había respuesta.

Volví a tocar.

Tampoco.

Entré en la habitación con cuidado, cerré la puerta detrás de mi y me recosté en el suelo, al lado de la cama.

Sentí como mi corazón se relajaba y mi mente se despejaba.

Para mi suerte, enfrente mía había un cojín tirado, seguramente de los que decoran la cama.
Lo cogí y lo puse bajo mi cabeza.

¡Ojalá encontrar una manta, seria ideal! Pero eso ya era mucho pedir.



Marisabel

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En el texto hay: adolescentes, amor, drama

Editado: 18.11.2019

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