Ni Cielo e Infierno

Tamaño de fuente: - +

2. Disculpas... a medias

El bien y el mal viven dentro tuyo, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse

El bien y el mal viven dentro tuyo, alimenta más al bien para que sea el vencedor cada vez que tengan que enfrentarse. Lo que llamamos problemas son lecciones, por eso nada de lo que nos sucede es en vano.

Facundo Cabral

 

No recuerdo mucho mi pasado, no recuerdo dónde crecí ni el lugar donde morí. La memoria de mi infancia es nula como los recuerdos de mi adolescencia son borrosos... No sé como era mi madre menos el rostro de mi padre, si es que los tuve.

¿Amigos? No que yo sepa, para haber muerto con menos de tres décadas en el mundo mortal es más creíble que tuviese enemigos antes que éstos. No recuerdo nada, y no soy el único pues nadie aquí sabe algo de su pasado.

Jenner... Hola... ¡Jenner! 

Sentí un leve empujón lo que me llevó a darme cuenta de que no me percaté que alguien más llegó a mi vacío. Miré de un lado a otro hasta centrar mi mirada en una ángel de cabello castaño rojizo, se miraba molesta con el ceño fruncido y sus brazos cruzados.

Se me hacía conocida... Y lo era.

—¡Al fin que haces caso!—pronunció con un tono áspero. Era ella, pero ¿qué hacía aquí?—Primero intentas arrojarme la culpa de algo tan grave... Y... Ahora ni siquiera... ¡AH!, olvídalo—apartando su mirada, tomó aire y buscó calmarse. Luego de unos segundos alivió su temperamento pero la tensión seguía.

Volvió su vista a mí, aunque distante pronunció: —Vamos. El arcángel Gabriel te está esperando.

Se dirigió hacia delante y abrió aquel cuarto blanco.

—¿Te mandó? ¿Por qué no vino a buscarme él mismo? —no moví un pie en su dirección.

Ella seguía de espaldas: —Porque no eres alguien por quién se merezca perder tiempo de más. ¿Contento?

Asentí, a medias, con la cabeza y la seguí. Me percaté que era de baja estatura, o quizás yo era muy alto. Una cosa estaba seguro, era una chiquilla con un carácter bastante especial.

No pasó mucho tiempo hasta que llegáramos al lugar donde se suponía que se encontraba el arcángel; pero estábamos solos y un silencio incómodo nos rodeaba.

—Y... ¿Cómo te llamas? -fue lo primero que se me vino a la mente para terminar con ese agobiante sigilo. Sin embargo, ella ni se inmutaba— Digo, como sabes mi nombre, tengo curiosidad de como llamar a esa cautivadora carita que tienes.

Y nada. ¿Tan ofendida estaba?

Justo en ese momento en el que iba a volver a decir algo, apareció un humo blanco y de éste se presentó ante nosotros: Gabriel, el arcángel. Apenas de verlo, ella se sonrió y con gusto le hizo una reverencia.

—Maestro... ¿Cómo ha estado? —expresó con curiosidad mientras aún tenía una sonrisa dibujada en su rostro.

Qué aduladora.

—Muy bien. Gracias por el interés —le devolvió la sonrisa y volteó a mi. Su expresión se tornó severa—... Jenner, veo que todavía no le has pedido disculpas a Holly

Lo miré confuso pero de modo instantáneo me percaté de que se refería a la chica. Ella era Holly y yo el tipo que quiso arruinarle la pos-vida.

Me sentí un poco mal e intenté de disculparme pero por alguna razón no lo hice. Me quedé  cabizbajo sintiendo la energía de las miradas fusilantes de ambos.

—No importa, maestro —expresó con un tono quebrado por la desilusión—. Si lo sintiera de verdad, ya lo hubier...

No di tiempo a que dejara de hablar.

—Lo siento, Holly —interrumpí de manera impulsiva, la vi firme a los ojos para que supiera que era cierto lo que decía y sentía—... Sé que actué mal, no merecías que te atribuyera la culpa.

Ella arrugó la frente ante lo que me había oído decir. A parte de eso no mostró reacción alguna.

Iba a tomarle de la mano pero se alejó de inmediato para luego darme la espalda. No le había convencido del todo aquella disculpa y no es que yo sonara del todo arrepentido que digamos.



KEBenavent

Editado: 18.12.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar