Nieblas Profundas

Tamaño de fuente: - +

PARTE DÉCIMO SEGUNDA

La niebla era tan espesa en aquel lugar que parecía que caminábamos en un mundo irreal, sin horizonte.

El doctor Brandt decidió que iríamos hasta el pueblo que había más al norte. Era allí donde algunas mujeres habían sido víctimas del vampiro.

Durante el viaje, lord Terence se preocupaba por su hermana y por mí. Y yo, de vez en cuando, abría la cortina de la ventana para mirar y admirar su porte.

Lady Susan se mostraba desmayada pero, a medida que nos acercábamos al cementerio del lugar, parecía reaccionar. Abría los ojos y mostraba una sonrisa voluptuosa que me asustaba.

Nos detuvimos a comer en una taberna que había en el pueblo. No ofrecía variedad de comida pero podríamos entrar en calor con unos platos calientes de sopa y carne. También era reconfortante poder acercarse a una chimenea donde ardía un buen fuego.

Observé que el doctor Brandt no se separaba de su maletín médico pero yo dudaba que dentro guardase material clínico.

─¿Cómo se encuentra, Laura? ─me preguntó lord Terence.

─Estoy bien, gracias, milord.

─Le aseguro que cuando contraté sus servicios, no tenía ni la menor idea de que pudiese poner en peligro su vida.

─Usted no es responsable de lo que hace… el vampiro.

─Quizás debería regresar a Londres en vez de seguir aquí. Es muy arriesgado.

─¡Oh, no! Soy consciente del riesgo que supone para todos enfrentarse al vampiro pero eso no me hará abandonar mi responsabilidad de hacer todo lo posible por ayudar a lady Susan.

─Agradezco mucho sus palabras y su decisión ─sonrió complacido.

Posó una mano en mi hombro. No era normal que un caballero tomase esa libertad con una dama, salvo que tuviera extrema confianza. Así que, con temor a equivocarme, pensé que el lord me tenía en alta estima y quizás… No, no podía creer que él albergara los mismos sentimientos por mí que yo sentía por él.

Sentí una punzada en el corazón al perder la pequeña esperanza que había despertado en mi interior y me alejé de él, cabizbaja.

Después de comer -lady Susan apenas probó bocado-, reiniciamos el viaje. Esta vez, el doctor Brandt, se sentó dentro del coche. Quería observar atentamente las reacciones de lady Susan. Intuía que estábamos cerca del escondite del vampiro y ella podría llevarnos hasta él. Yo no conseguía imaginarme qué podía hacer ella para guiarnos hasta ese lugar si nunca antes había estado en él. No tardé en saberlo.

Cruzábamos un puente, cuando lady Susan abrió los ojos como platos. Su respiración se agitó y se abalanzó contra la puerta para intentar abrirla.

El doctor Brandt fue lo suficientemente ágil para detenerla a tiempo y evitar que saltara del coche en marcha.

─Estamos cerca de un viejo camposanto ─dijo, de pronto, el reverendo Paul.

─Entonces hemos llegado a nuestro destino ─añadió el doctor Brandt, satisfecho.

Para reafirmar las palabras del doctor Brandt, como si intuyeran algo inquietante en la atmósfera, los caballos del carruaje se pusieron nerviosos. El cochero tuvo dificultades para domarlos. Lord Terence le ayudó a tranquilizar a los animales.

Llegamos a la entrada del cementerio. Bajamos del carruaje. Lord Terence ayudó a su hermana y la sostuvo entre sus brazos. Aunque ella no necesitaba el sostén de nadie. Increíblemente, mostraba un vigor desconcertante. De hecho, empujó a su hermano y echó a correr hacia el interior del cementerio con una rapidez sorprendente.

Lord Terence corrió tras ella. El doctor Brandt nos miró y habló:

─Quédense aquí. No se separen.

Echó a correr detrás de lord Terence y lady Susan.

El reverendo Paul sujetó con fuerza el crucifijo que colgaba de su cuello y me acordé del colgante que me había entregado el doctor Brandt. Acaricié la cruz y me pregunté si realmente podía suponer una amenaza para un vampiro.

El cochero se encargaba de tranquilizar a los caballos que, una vez más, se mostraban inquietos.

Oímos los aullidos de varios lobos. Me puse nerviosa. Recordé las palabras de la señora Hope. Me había dicho que no había lobos por esa zona del sur de Inglaterra. Entonces, tal vez, rondaba cerca el vampiro. La primera vez que lo vi también habíamos oído el aullido de un lobo. Pero, en esta ocasión, se podía oír perfectamente que no se trataba sólo de un animal, sino de un grupo. Mi miedo se acrecentó.



A.M. Lomba

#672 en Terror
#7290 en Otros
#2827 en Relatos cortos

En el texto hay: vampiros, epoca victoriana, misterio y romance

Editado: 07.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar