Niñas en tinieblas

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II

 

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Cuando caminas por Grass Town, por Roanoke, su avenida principal. Te encuentras con los viejos edificios de la ciudad, algunos renovados,otros como leños viejos, te los imaginas caídos ante la próxima tormenta de nieve.

Pero lo que llama la atención de los visitantes son las viejas torres en la lejanía, herrumbradas por la nieve y el calor, como esqueletos desnudos de lo que fue prosperidad en algún tiempo. Las ruinas son como el parque de juegos de los niños de la ciudad, a los adultos no les agrada que lo niños jueguen en el sitio, pero nada puede detener la curiosidad de los niños.

Las ruinas están compuestas por tres viejas torres de vigilancia, pequeños cuartos sin techo y algún que otro edificio casi completo pero en estado deplorable. Es un lugar ideal para jugar a la escondidas. El sótano del que hablaba Sly estaba en la parte este de las ruinas, en lo que otrora fue el cuarto donde dormía el guardia nocturno de la mina.

Nadie sabía con exactitud como se había iniciado el accidente que acabó con el complejo de edificios y provoco el derrumbe de la mina. Arthur Coleman, un policía retirado que pretendía sobrevivir la tercera guerra mundial después de haber sobrevivido la segunda. Se resistía a morir fosilizando su cuerpo en alcohol en la barra del bar La yegua tuerta. Contaba a quién le diera un dólar o un trago que el viejo idiota de Terri, el guardia nocturno, tenía la costumbre de fumar su pipa donde quiera que fuera y que eso incluía el cuarto donde se guarecía la dinamita. Daba igual si Arthur mentía o decía la verdad, Jamás se encontró a Terri, Quizás sus cenizas ahora abonaban algunos de los jardines en Grass Town.

A la pandilla del ocho no le importaba ni tampoco sabía que cierta vez había existido un Terri que gustaba de fumar pipa junto a la dinamita. Así que llegaron a la vieja mina cuando Sarah intentaba convencer a Sly de que fueran al lugar sin esperar a los demás. Ella sonreía y pestañeaba abriendo sus ojos azules y jugando con los dedos y los rizos de sus cabellos. Pero en Sly no parecía surtir efecto el intento de seducción infantil de Sarah y reía divertido contestando que era mejor esperar al resto.

Cuando Chelsea vio a Sarah caminó mas despacio. Alice se acercó a ella para tomarla de la mano, sintió como su amiga la aferraba con fuerza. Sarah las vio y apartó su atención de Sly con evidente enojo.

-Mira quién viene- Dijo, y dirigió su atención a sus amigas, Fancy y Sthepie. Ambas niñas hicieron gestos burlones. -Es la ratera de la ciudad- Terminó Sarah.

-Y tú, la estúpida de la ciudad- Le gritó Alice desde la distancia que se hallaban.

-Y su amiguita, la señorita perfecta, mascota de las maestras- Replicó Sarah.

-Mascota o no, puede revolcarte por el suelo- Dijo el mellizo Roland.

Alice en tercer grado había peleado con Sarah en unos de los recreos,después de que Sarah abofeteo a Dapnhe, y en un golpe de suerte antes de que la maestra viniera a separarlas, Alice se las había arreglado para tomarla del cabello y arrojarla al piso. Fue un episodio que la banda del ocho jamás dejaría olvidar a Sarah Powell.

Sarah le regaló una expresión de odio infinito a los mellizos y decidió que no convenía seguir picando a Alice, estaba con sus amigos y a ella solo la acompañaban las idiotas de Fancy que era una tullida y Sthepie que la única habilidad que le conocía era ser buena en matemáticas y contar chismes de la gente que conocía.

-No es tonta-Dijo Joss. -Sabe que no le conviene pelear tres contra siete-.

-Podría estar parejo si Sly las defiende, él es mayor que nosotros, creo que tiene catorce o quince- Dijo Jannice.

-¿Sly?-Rió Joss. -Sly compraría entradas en primera fila y unas palomitas para ver una pelea-.

-Aún así-Dijo Alice-Vinimos a ver lo que encontró Sly, no a pelear.

Cuando la pandilla llegó donde estaba Sly, por algunos rincones aparecieron otros rostros, algunos conocidos de la escuela y otros no tanto.

-¿Llamaste a todo Grass Town?-Dijo Sarah despectiva.

-Claro qué lo hice!-Respondió Sly-No se trata solo de un sótano, ya verán-.

Algunos estaban enojados, otros decepcionados por no poder entrar primeros, pero el lugar donde los había llevado Sly era muy pequeño, apenas si entraba Sarah con sus amigas, Sly, Alice y parte de su banda.

El sitio en cuestión era una habitación vacía con medio techo, de aquellos que los padres advertían no entrar por el peligro de derrumbe y lo que Sly había hallado era una puerta bajo una espesa capa de tierra en el suelo.

Los niños observaban la puerta y el hueco en la madera.



Iker Onimanteius

Editado: 05.09.2018

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