Niñas en tinieblas

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III

III

 

La antigua escalera tallada en la piedra era fácil de transitar, de tallado regular. Los pies se deslizaban con seguridad en su superficie con alguna que otra piedra de borde filoso que hacía que las niñas del grupo se quejaran en una oscuridad que la luz de las linternas no alcanzaban a devorar.

Las paredes dejaban un pasadizo angosto donde solo podían ir uno detrás del otro, como los desfiles de uniformados en el cuatro de Julio que tanto apasionaban a Roland. A Sarah le asqueó comprobar que estaban húmedas, gelatinosas y prefirió no iluminarlas para evitar saber que clase de asquerosidad se estaba limpiando contra sus brazos desnudos cada vez que rozaba aquellos muros de roca y tierra.

Sly seguía al frente y le preocupaba haber bajado mas de lo que esperaba, el pasillo aparentaba no tener fin pero iba en descenso. Y a su cabeza volvían todas las historias de trabajadores atrapados en una mina o los cuentos de R.L Stine que había leído en la biblioteca del colegio. Roland fue el primero en hablar.

-Creo que estamos muy debajo-Dijo.

-Creo que sí, han pasado como diez minutos-Contestó Sly.

-¿No sería mejor que regresemos?-Preguntó una de las amigas de Sarah.

Joss, se mordió los labios para evitar hacer un comentario mordaz al respecto, su instinto primario le decía que aquél lugar traía mala espina y deseaba salir cuanto antes.

Cuando Sly decidió que era suficiente emoción por la tarde y era mejor volver, su pie toco el vacío y cayó hacia abajo arrastrando el resto de su cuerpo. La oscuridad impidió ver la expresión de terror en su rostro pero todos alcanzaron a escuchar el grito de sorpresa.

Sarah que iba detrás aferrada a su chaqueta gritó igualmente y sus amigas le hicieron coro.

Joss iba justo detrás de las amigas de Sarah, se detuvo y extendió su mano para detener a Alice que venía detrás de el.

-¡Que ha pasado?-Exclamó Roland al sentir que chocaba su cuerpo contra el de Chelsea en medio de la oscuridad, llevaba su linterna apagada para ahorrar baterías.

-¡Se ha caído!-Chilló Sarah.

-¿Quién?-Pregunto Joss. Tratando de sobrepasar a las amigas de Sarah pero le fue imposible con lo estrecho del pasillo.

-¡Yo me he caído!-Gritó Sly, su voz sonaba desde abajo. No demasiado lejana, a continuación se escucho la risa de Sly.

-¡Si serás zopenco!-Gritó Joss, asustaste a la chiquilla del grupo.

-Pensé que esa era la mugrosa-Dijo Sarah ofendida.

-No fue Chelsy la que grito, ¡Se ha caído! Se ha caído!-Dijo Alice riendo.

-¿Pueden dejar de pelear y venir aquí?, esto es mas que interesante-Gritó Sly.

-¡Claro!-Dijo Sarah mordaz. -Simplemente saltamos y rezamos para tener la misma suerte que tú y no rompernos una pierna o un brazo-

-No. Por favor, ¡ustedes no tienen mi suerte!-Gritó Sly y su voz sonó mas cercana-Estoy justo debajo del borde donde estás, Sarah. Hay una escalera colgante-Dijo Sly.

Sarah se arrodillo en el suelo y tanteo con sus manos hasta que logro hallar el borde de la escalera. Mas que escalera era un manojo de sogas y maderas resecas haciendo de escalones, como los viejos puentes colgantes de madera.

-Debe estar vieja, quizás se rompa-Dijo dudosa.

-Tranquila-Dijo Sly desde abajo-Estoy colgando justo de ella ahora. Y parece bastante resistente-

-Vamos, adelante-Dijo Joss. Ahora el miedo había menguado en todos, dando espacio a la curiosidad.

Sarah dudaba pero no le quedaba otra opción y comenzó a bajar con cuidado. En el ultimo escalón Sly la tomó de la cintura en la oscuridad para evitar que se tropezara, los dedos del muchacho se deslizaron descuidadamente sobre un borde de piel y la niña sintió algo visceral, salvaje. Solo duro un instante pero Sarah se sintió confusa y enojada.

Las amigas de Sarah fueron las siguientes en bajar. Chelsea temblaba como una hoja al bajar las escaleras, los lugares cerrados eran peligrosos y ella mas que nadie sabía lo cierto que era aquello.

Cuando todos hubieron bajado, encendieron sus linternas y los haces de luz cortaron como navajas la oscuridad de la cueva subterránea a la que habían accedido. Era inmensa, al norte del recinto de piedra se escuchaba el rumor de las aguas y una luminosidad cuasi fluorescente en la negrura.

-Bueno, creo que la mina llegaba hasta aquí-Dijo Sarah.

-Estoy de acuerdo-Respondió Roland- Esta cueva esta llena de stalamitas-

-Estalactita-Corrigió una de las amigas de Sarah levantando la voz.



Iker Onimanteius

Editado: 05.09.2018

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