No cierres los ojos ©

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Capítulo 25

Su cuerpo se tensa al sentir mi lengua recorrer su oreja, amo que su cuerpo exprese el deseo que le produce mis acciones, que cada fibra de su ser anhele mi toque. Retiro mis manos de sus ojos y las bajo a su cintura, depositando besos a lo largo de su cuello, sus labios se entre abren y un pequeño gemido escapa de sus labios.

—Nathan. —Gime débilmente, tomando mis manos con las suyas— ¿Qué haces?

—Recuperar el tiempo. —Respondo haciendo que voltee y nos miremos a los ojos profundamente, la unión de azul con la miel es exquisita.

Sus manos se levantan y acarician mi rostro, cierro los ojos, permito que mi cuerpo se deje llevar por el contacto de su piel contra la mía, un suspiro de satisfacción surja de mi boca, anhelo más de él. Tenerlo como no lo he tenido, amarlo como no lo hecho y complacerlo como puedo.

—¿Por qué quieres recuperar el tiempo si me odias? —Inquiere acercando sus labios a los míos, rozando suave y sensual, excitándome completamente.

—He descubierto la verdad. —Conteste intentando culminar la unión pero él no lo permite, se aparta y se aleja unos pasos con su respiración agitada.

—La verdad. —Repite nervioso, tomando su cabello con las manos— ¿Cuál verdad?

—La que me negaba a aceptar. —Dije caminando unos pasos, necesito sentirlo cerca—. Brooke es la culpable de todas nuestras desgracias, que nos encontremos hundidos pero nunca predijo lo que haría.

Sus ojos se abren sorprendidos, una luz de esperanza se eleva ante tanto dolor y él toma la iniciativa de acercarse, tomando mis manos en el proceso, causando un sonrojo en mi pálido rostro.

—Perdóname por no haberte dicho nada. —Muerde su labio inferior y la sinceridad cubre sus facciones—. Temí decepcionarte al enterarte de que fueron capaces de infiltrase en mi sistema, quise resolver todo pero me arrastro por malas decisiones.

—No debes disculparte. —Exprese, respirando pausadamente, soy un bastardo por dañarlo—. Él que debe disculparse soy yo, por entregarme a otro hombre y destruirte.

Su mirada me perturba y temo lo que salga de su boca, pero nada se pronuncia, solo toma mi rostro y de improvisto sus labios impactan contra los míos con posesividad. Reclama cada parte de mí como suya con un beso, muerde mis labios demandando que abra mi boca y permita que su lengua recorra cada centímetro de mi cavidad bucal, lo hice y sentir nuevamente el sabor de su paladar me llevo al éxtasis.

Nuestras lenguas se unen en una danza, sus manos bajan por mi espalda depositándose en mis caderas, mis manos rodean su cuello, nuestros cuerpos se acercan implorando más contacto. Los sentimientos se unen en mi interior, mi corazón late desenfrenado, el oxígeno se escasa y me separo lentamente, uniendo nuestras frentes.

—Tus labios son un pecado. —Pronuncia Zean sonriendo felizmente, acariciando un área de mis caderas.

—No sé cómo pude vivir sin ti. —Declaré, cerrando los ojos, conectándome íntimamente con él—. Tú eres mi hogar, mi estabilidad, daría todo por ti.

Abrí mis ojos y presencio las lágrimas bajando por sus mejillas, demostrando lo que anhelaba escuchar esas palabras provenir de mí. Mi alma se repara lentamente, nuestro dolor se mitiga y el amor predomina.

—Almorcemos. —Propuse tomando su mano delicadamente, recibiendo una asentimiento de su parte, la parsimonia es perceptible y las tensiones que antes permanecían en mis músculos desaparecen al sentarme frente de él e iniciar a comer armoniosamente.

Las risas, alegría y romanticismo invaden la sala, conversaciones banales transformadas en importantes, gestos grabados en la memoria y momentos únicos naciendo de las emociones que estamos experimentando juntos.

Al culminar de comer y ordenar, nos dirigimos al living con una copa de vino cada uno, dispuesto a disfrutar de los momentos que estamos creando y olvidando el pasado.

—Zean. —Susurre, tomando su copa para depositarla junto a la mía en la mesa en frente nuestro, su atención debe estar completamente en mí para lo que pediré.

—¿Qué ocurre? —Pregunta confundido por mis acciones y nervios que resaltan exteriormente.

—Quiero pedirte algo. —Murmure jugando con mis manos, solo con él se disipa la imagen de la fuerza y aparece la timidez que yace en mi interior.

—Dime. —Otorgó toda su atención a mí, elevó mi quijada para que mis ojos conecten con los suyos.

—Te necesito. —Gemí cerrando los ojos y sintiendo mis mejillas encenderse, él comprende lo que se haya tras de esa simple declaración y me lo hace saber al tomar mis caderas, motivándome que tome asiento en su piernas.

Ejecuto la acción, rodeando sus caderas con mis piernas, el calor recorre todo mi sistema, entre abro los ojos y me percato de esos mieles oscurecidos por la pasión, sus manos se ubican en mi trasero y lo acarician, escapando de mi boca un jadeo sorprendido.

—Te haré olvidar las manos que te han tocado. —Menciono con su voz grave, las ansias que haga lo que desee conmigo nubla mi mente—. Eres mío, ni el cielo o el infierno podrán volverte a separar de mi lado.

Sus palabras fueron pactadas por un beso fuerte y sensual, que roba cada timidez y debilidad, sus caricias suaves fueron más rudas pero placenteras, sus manos impulsan a mis caderas moverse, que nuestros miembros colisionen dolorosamente contra las prendas.



Soulfire

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En el texto hay: infidelidad, lgtb, traiciones y venganza

Editado: 03.01.2020

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