No confíes en mí ©

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Capítulo 1

Libertad.

Esa palabra es la que siempre estuve buscando, pero nunca pude encontrarla en la guía de... "La Vida de Mierda de Celina Brown". Hasta hace dos semanas nunca viví ese concepto. Jamás en diecisiete años, estuve por asomo, cerca de el y es tan extraño que después de tanto tiempo me sienta... libre. Lo cual no falta nombrar, es raro y triste porque en este momento estoy en una escuela en la cual el 99% de los alumnos creen que este es el lugar con menos libertad en el mundo.

— ¿Así que... Nueva? —La suave voz y el cálido aliento que podía sentir chocar con mi nuca, me sobresaltó

Buen comienzo. Primer día de clases, recién llego a mi casillero y un idiota está detrás de mi indudablemente babeando y probablemente observando mi trasero. Ni me preocupo en darme la vuelta, debe ser otro melindroso que piensa que por ser nueva me abalanzare a sus brazos. Olvídalo, chico. Lo hice una vez, no habrá segunda

—Ni siquiera lo pienses, Travis —advirtió mi prima Jessi, mirando detrás de mí. Ella me sonrió forzadamente y rodó los ojos. Algo que aprendí de ella en este poco tiempo es que, si no es el centro de atención, no es feliz. Ahora que toda la atención va centrada en mí, estoy inequívoca que no está para nada feliz. Casi puedo ver la vena a punto de explotar en su frente.

— ¿Qué? Solo quiero conocerla —insistió el tal, Travis. No mentiré, su voz es dulce y llama mucho mi atención.

Me di la vuelta y Travis, levantó la mirada de mi trasero al instante.

Dio dos silbidos al verme y se mordió el labio. Vale, el melindroso es sexi. Castaño, con el pelo perfectamente acomodado para atrás. Una sonrisa blanca y atrevida. Un cuerpo escultural y una muy bonita cara.

Lástima que ando en una dieta de chicos por... ¿siempre? Sí, siempre es un buen tiempo para eliminar toda mi mierda. Si pudiera, querría una orden de restricción de por lo menos diez metros para todos los chicos.

Algunos dirán que es miedo, otros dirán que soy una cobarde, pero ¿saben qué? No podría importarme menos lo que piensen. No saben mis motivos. No saben mi desastre. No saben lo que pase. Así que, hasta que no pasen todo lo que yo, no sabrán nada y si lo pasaron, quiero que vengan con la cabeza en alto y me digan «Daré otra oportunidad. Quiero sentir»

Hasta que eso pase, seguiré como estoy, gracias.

—Jessi, ¿por qué nunca me presentaste a tu amiga? —cuestionó Travis, mirándome de arriba a abajo sin ningún pudor. Estoy casi segura que vi como su mano hizo amago de tocarme el hombro y estoy segura que, si no hubiera dado un paso para atrás, lo hubiera hecho.

—Veamos. Primero eres novio de mi amiga y segundo... un cerdo

—Ex novio —aclaró y casi muero de la risa al no negar que es un cerdo. Él se dio cuenta de mi diversión, por lo que me guiñó un ojo.

Jessi tomó mi brazo y me apartó un poco de él. Su mano apretaba tan fuerte que parecía como si quisiera romperme un hueso ¿Parecía? No, lo siento, mi error, ella quería romperlo.

—No le hagas caso, no es más que un simple chico con erecciones instantáneas cuando ve carne fresca —murmuró en mi oído y se notó su irritación.

Estaba entre dos personas que apenas conozco y no sé qué se suponía que debía decir o hacer. Estaba nerviosa, sentía cada mirada sobre mí desde que llegue. Sentía que todos se mueren por saber de dónde había llegado esta chica y eso es lo que más me provocaba un nudo en la garganta. Nadie podía saber quién era, nadie puede saber de dónde venía y si preguntaban, mentiría. Es lo que me salía mejor desde que había llegado aquí. Les mentí a mis tíos tan bien que deberían haberme dado un óscar a mejor actriz en Hollywood. Ellos pensaron que mi padre me permitió ir con ellos, nunca supieron lo que me ocurrió allí, ni tampoco los abusos que tuve que sufrir, el hambre que padecí. No sabían nada. Sabían que viva en condiciones deplorables, pero no más allá de eso.

— ¿Cómo te llamas? —preguntó Travis con ceño fruncido. Debió darse cuenta de mi mirada perdida.

Antes de que Jessi, contestara, lo hice yo. No perdía nada. El chico se alejaría de mi rápido, mi tono borde y mi expresión amenazadora deja mucho que desear en la gente.

—Me llamo, Celina. Jessi, es mi prima —respondí y acomodé mi bolso en mi hombro.

«Quiero irme, quiero irme».

—Y Celina, debe irse con su prima Jessi, por cafeína. Piérdete, Travis —Mi prima chocó su cabellera negra en la cara de Travis al darse la vuelta.

Buena retirada, se lo concedo.

Dejando atrás a mi prima, empujé la puerta de entrada para salir al patio. El aire que se llenaba en mis pulmones era consumidor y tranquilizador. Fuera de peligro y estrés. Eso era lo que quería todos los días desde ese momento y si puedo, también ser una ermitaña que solo se dedicaba a estudiar y ser lo más antisocial posible. Eso funcionaba para mí.



JohannaPonce0

Editado: 18.11.2018

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