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Capítulo 28

— ¿Café?

Brinque del susto cuando Donovan aparece repentinamente a mi lado hablando justo en mi oído.

Siempre hace lo mismo.

Esta vez me di la vuelta y golpeé su pecho con mi puño cerrado, él se separó haciendo una mueca de dolor y frotándose el lugar en el que lo lastime. Tengo una buena derecha.

Donovan se sienta a mi lado como de costumbre, estoy en mi escondite detrás del campo de deporte como hago diariamente, April casi nunca asiste a clases y actualmente está siempre enferma, por ello desde que Señor Maldad decidió ser amigable conmigo hace un par de semanas, siempre almuerza conmigo, o voy a su casa después de clases para estar con Alice y con él.

Todos en el instituto piensan que somos más que amigos, lo que no me sorprende, estamos todo el tiempo juntos y hasta a mí me asusta el hecho de que nunca me canso de él

Jessi y Travis no me hablan desde hace mucho tiempo, ya no me buscan, y estoy segura que eso es debido a Donovan, le temen, como todos.

Mi tío y mi prima siguen igual de imbéciles que siempre, aunque Dave está más nervioso de lo usual, siempre está al teléfono gritándole a alguien o completamente errático moviéndose de un lado al otro. Estoy casi segura que es por mi tía, pero no estoy todo el día en la casa como para confirmarlo.

—Te he advertido que dejaras de asustarme —le aclaré intentando tomar la taza de café que tiene en su mano. Esa bebida me corresponde.

—Ahora olvídalo, no te lo daré, esa no es la forma en la que debes tratar a tu proveedor de cafeína Alicia —Dijo tomando un sorbo de mi vaso. Estaba a punto de saltarle a la maldita yugular si no me daba ese café, un sorbo más y podía ir eligiendo las flores para su funeral.

— ¡Te dije que no me asustaras! ¡Ahora te callas y me das eso!

— ¡Sabes que siempre vengo aquí, no puedes asustarte! —alegó riéndose de mi indignación. Me volví codependiente de ese café por su culpa y lo sabe. No sé si es la crema, canela o leche, pero es tan sabroso.

Lo probé la segunda noche que fui al bar donde cantaba. Nos quedamos hasta muy tarde en la noche y me dio ese café para mantenerme despierta.

Esa misma noche, descubrí que cantaba las mismas canciones todos los fines de semana, nunca cambiaba el repertorio y la gente, nunca se aburría, seguían alabándolo. Yo estaba entre ese grupo de gente.

—Si puedo

«Y más aún si te acercas tanto con tu respiración en mi nuca».

Él me lanzo una mirada divertida que decía «No me vas a convencer».

¿Así que eso cree?

Con el tiempo que hemos estado juntos, se cuál es la debilidad de Donovan. Solo se necesita que le hable amablemente, no puede evitar hacer lo que le pido cuando me comporto dulce con él.

—Den, ¿me lo das, por favor? —Me incliné hacia él y revoloteé mis pestañas dramatizando.

Se puso tenso cuando me acerque, sabía que había ganado.

Rodó los ojos y me tendió el café. —Utilizas tus encantos de mujer contra mí, eso es doloroso, creí que éramos amigos.

Le guiñe y tome un sorbo. Oh si, dulce néctar traído por los mismísimos dioses. —Lo somos, pero no me diste mi sustento para sobrevivir todo el día, tenía que utilizar mi mejor arma

Soltó un bufido. —Aun no puedo creer que te haya gustado tanto, diría que te gusta el café más de lo que te gusto yo, pero eso ya es exagerar.

—Ya viene el señor arrogante, para tu información, prefiero mil veces que esta preciosura que un chico llamado... Disculpa, ¿Cuál era tu nombre?

Con una sonrisa cálida y agradable, paso la mano por su cabello y seguido a eso, con su dedo índice y pulgar, atrapo mi barbilla. —Donovan cariño, el chico de tus sueños.

Eso hizo que quisiera derretirme en su mano, pero no iba a permitir que él lo supiera.

Me rio y suspiro soñadoramente, como actriz novata. — ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

—Ya te lo dije, en tus sueños, cielos, todo se te tiene que repetir todo Alicia —bromeó

Mis ojos se estrecharon en su dirección. —Cierra la boca.

—Oblígame.

—Créeme, no te gustara.

Su mirada insinuante me dijo exactamente que iba a decir a continuación —Hm... Créeme que, si es de la forma en la que yo me lo imagino, estaré fascinado.

—Voy a ponerte una orden de restricción —Le recordé matando lentamente cualquier ilusión.

— ¿Qué? Oh no... ¿Acaso creíste que quería besarte? Por favor Celina, no seas pervertida, soy un chico decente.

Casi escupo mi café de la risa y Donovan sonrió por eso. Me hace reír mucho ahora que no ocupa todo su tiempo para irritarme.

— ¿Hoy dónde quieres ir? —Se acerca un poco más a mí, expectante por mi respuesta.

No se la doy de inmediato, de hecho, la delibero. Estas semanas casi todo el tiempo estuvo conmigo y su madre, luego las llamadas a media noche lo hacían correr hacia lo que lamento, es su trabajo. Juro que la cara de tristeza cada vez que tiene que irse me rompe el corazón.



JohannaPonce0

Editado: 18.11.2018

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