No confíes en mí ©

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Capítulo 29

Hace mucho no estaba en un hospital, al menos, no desde mi último incidente en Norwich.

El rubio obligó a los doctores que me atendieran enseguida, era divertido verlo pelear con su cara angelical, nadie lo tomaba en serio, yo tampoco lo hubiera hecho.

Me obligaron a llamar a mi tía, cosa que definitivamente no quería hacer, siendo que su hija fue la que ocasiono que este aquí.

A los médicos les importo un bledo, no iban a revisarme hasta hubiera algún mayor, así que no tuve otra opción, a menos que quisiera morir en esta camilla.

—¡¿Qué te ha pasado?! —gritó mi tía al verme en posición fetal y mi rostro enterrado en el fino colchón.

—Una chica la golpeó y muy duro —dijo el rubio por mí. ¿Aún seguía aquí?

Jessi estaba imparable, pensé que yo era la que tenía tanta ira contenida en nuestra relación, pero evidentemente me equivoqué y mucho. Estaba colérica y estoy segura de que, si no me hubiera cubierto con mis manos, ahora tendría un ojo negro y varios moretones junto con cortes producidos por sus anillos.

—¿Quién? —Quiso saber ella.

—Nadie —Me apresuré a decir a regañadientes.

El rubio me miro extrañado, él tenía todas las intenciones de decirle a mi tía quien fue. No tenía sentido hacerlo, ¿Qué podría hacerle? Además, empeoraría todo. Si Jessi volvía a tocarme, me defendería, no necesitaba que mi tía lo hiciera por mí.

Cuando el doctor me reviso, palpó mi abdomen y presiono sobre el para ver qué tan grave era el golpe. El grito que solté cuando lo hizo, lo sobresalto. Eso ya le dio un indicio que estaba prácticamente agonizando en la camilla.

Me hizo una ecografía y tomografía computarizada, no tenía idea de para que eran, pero ni siquiera podía hablar para quejarme o preguntar.

El doctor me dio medicamentos para disminuir el dolor y la hinchazón, pero aún no hacían el efecto que deberían.

Estuve en observación una horas, el rubio se fue a buscar mis cosas del instituto por pedido de mi tía y ella se quedó a mi lado en todo momento, no decía mucho, pero parecía preocupada.

Ya apenas sentía dolor y pude sentarme cuando oí ruidos afuera de la habitación. —¡No puedes entrar ahí! ¡No eres familiar! —ordenó una enfermera fuera del cuarto, enseguida Donovan se hizo presente en el umbral de la puerta absolutamente agitado—. Llamare a seguridad enseguida...

—No, no lo haga, es mi amigo —rogué a la enfermera mientras ella estaba por tomar su teléfono. Con una expresión desagradable hacia Donovan, se retiró y él se acercó a mí.

Se arrodillo en el piso para estar a la altura de mis rodillas. Estaba arrodilladlo ante mí, jamás creí ver esto. Parecía verdaderamente preocupado. —¿Cómo estás? —susurró mirándome directo a los ojos.

—Acaban de medicarme, estaré mejor —le hice saber para que cambiara su expresión—. ¿Cómo supiste que estaba aquí?

—Te busque en los tres hospitales más cercanos. Sali corriendo del instituto apenas escuche que Jessi te golpeo y que te habían traído a un hospital

—¡¿Jessi?! —chilló mi tía detrás de mí. Había olvidado que estaba aquí

Mierda.

—¿Ella te golpeó Celina? —preguntó mi tía empujando a Donovan para dejarle lugar e interrogarme. Genial.

—Si —confesé queriendo matar a Donovan por mencionarla—. Fue una pelea tonta y se nos fue un poco de las manos.

—¿Un poco? Tienes una lesión contundente Celina, tu frente esta lastimada y tus manos también.

Pude ver como Donovan fijo su vista en mis manos totalmente llenas de cortes superficiales. Su mandíbula se tensó y sus puños se apretaron.

—Ni siquiera lo pienses —le advertí a él, ignorando lo que mi tía tenía que decirme. En poco tiempo, lo conocí muy bien y ser impulsivo era una gran característica suya.

Donovan negó con la cabeza, recio a escucharme. —Tía, ¿puedes dejarnos un momento?

—¡¿Que?! Tu y yo no hemos terminado, me contaras cada detalle...

—Después —La interrumpí—. Te contare todo, pero primero déjame sola unos minutos.

Ella a regañadientes, obedeció, pero no sin antes matar a Donovan con la mirada. Le están dando con un caño a mi pobre amigo.

—¿No pensaras hacerle nada verdad? —Quise asegurarme.

—Se merece una lección —masculló mirando mi frente. Estaba demasiado enfocado en mis golpes para mirarme a los ojos.

—¿Qué? ¿Vas a matarla? —me burlé, pero él no me sonrió en respuesta como solía hacerlo, su expresión enojada era inquebrantable.

—No, pero podría hacer de su vida un infierno en un segundo —dijo sin vacilar. No necesitaba un vengador en este momento, sino que este a mi lado ayudándome a curar las heridas.



JohannaPonce0

Editado: 18.11.2018

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