No confíes en mí ©

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Capítulo 39

—Sé que te amo y sé que me amas, por eso espero que me respondas esto, ¿Qué hacías en ese bar completamente vacío en la noche? —preguntó Cris del otro lado de la puerta del baño, estaba bañándome y por lo visto, no podía esperar a que terminase.

—Donovan

—¿Regreso?

—Si

Se escucho una pequeña risa. —¿Ahora vas a reconocerlo? ¿O seguirás fingiendo que no existe?

Rodeé mis ojos siendo consciente de que no podía verme. —¿De que hablábamos?

—¡En serio idiota! —chilló más emocionado que yo— ¿Él estaba allí cuando fui a buscarte? ¡¿Se besaron?! ¡¿Tuvieron sexo?!

—No, sí y no.

—¿Que ocurrió esta vez? —Su voz sonaba como si quiera que le contara solo los detalles sucios.

No había ninguno.

Bueno, exceptuando que sintiera su erección y que me dejara con una frustración que lloraría por días.

—¿No vas a dejar de hacer preguntas?

—Nop

Solté un gran suspiro y agarré la toalla para empezar a secar mi cabello. —Pasamos una noche genial y a la mañana desapareció, como la última vez.

—¿Estas bien con eso...? —dijo con un poco de recelo. De seguro él esperaba que estuviera destruida y llorando, pero nada más alejado de eso, estaba furiosa porque falto a su promesa.

—Si, volverá —aseguré mientras tomaba el vestido negro que dejo Cris en una repisa. Era muy bonito, la madre tenía buen gusto, pero era muy pequeño para mí, no tenía una cintura tan pequeña.

—¿Cómo sabes?

Sali del baño y caminé directo a su habitación. —Me dejo una nota otra vez, pero esta vez ¿invitándome a salir? No lo sé, decía algo de comer juntos y esas cosas

—«Y esas cosas» —Se burló. Lo mire seria, no entendiendo porque se burlaba de mi—. ¡Donovan te invito a salir niña! ¡Donovan! ¡Nuestro chico malo!

—No es tan malo como tú crees... —inicié, pero Cris me interrumpió.

—Sh, cierra la boca, no cagues mis fantasías sadomasoquistas —alegó tirándose a la cama dramáticamente—. Maldita suertuda, ¿Por qué no hay hombres así para mí? Son todos heterosexuales, si supieran que bien se siente que te metan...

—¡Cris! —Lo detuve arrojando la toalla mojada en su cara.

—Bien, lo siento, me dejo llevar.

Por alguna razón, no me gustaba que lo tacharan de chico malo, una vez que lo conocías era diferente, su mirada dejaba de ser feroz y empezaba a ser dócil, sus palabras igual, todo en él se reducía a un chico normal con sentimientos. Únicamente cuando se enojaba era más feroz que cualquier persona, no me sorprendería que con luna llena se transformara en una peligrosa criatura de la noche.

***

Cris me ayudo a bajar del coche, al tocar el suelo varias hojas crujieron debajo de mí. Estábamos en un lugar hermoso y lejos de la ciudad. Una fogata y mucha gente alrededor de esta con vasos de plástico descartables en sus manos, la mayoría podía asegurar que ya estaban ebrios.

Toda la situación se me hizo demasiado cliché y ya quería irme, esto no es lo que esperaba ni de coña, creí que sería un lugar cerrado con gente que no reconocería, pero la mayoría de las personas eran del instituto y varias se voltearon a mirarme cuando bajé del coche.

Demonios.

Desde que Donovan se fue, para ellos yo era su ex.

—No creí que fuera una fiesta del insti —aseguré acercándome con recelo hacia donde él estaba tomando la botella de vodka de una mesa un poco alejada.

—¿De dónde crees que me entere? Siempre estoy contigo Celina, y escuche a unos chicos hablar de esta noche en mi clase, siempre tienen la primicia de las fiestas.

—No me gusta la idea...

—Vamos —insistió y me tendió la mano con un vaso lleno de vodka—. Anímate, solo será esta noche y de seguro mañana estarás en los brazos de tu amado

—No es mi amado —afirmé estrechando los ojos en su dirección.

Justo en ese momento, mi celular comenzó a vibrar en mi brasier. No tenía bolsillos, no me juzguen.

«¿Dónde coño estas?». Donovan.

Parece enojado, ¿Por qué está enojado? Yo debería estar enojada.

No le voy a contestar.

Vuelvo a posicionar mi celular en el brasier y estuve a punto de intentar convencer a Cris que me llevé a mi casa cuando volvió a vibrar.

«Estoy fuera, sal».

«No estoy en casa».

«Y vuelvo a la maldita pregunta inicial, ¿Dónde coño estas Celina?»

«¿Qué te sucede?».

La respuesta tardo unos segundos, pero me sorprende lo larga que es y en el tan poco tiempo en el que lo envió.

«¿Qué me sucede? Pues, resulta que anoche estuve cuidándote como un maldito idiota sin pegar un puñetero ojo porque tenía miedo de que te marchases. Estuve obligado a irme y creí que considerarías la idea de esperarme por lo de anoche. Pero no lo hiciste. Eso me sucede».



JohannaPonce0

Editado: 18.11.2018

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