No country for bad boys

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 2: Eludibles mensajes del más allá

Abrí los ojos de golpe. Sobre mí se cernía un perfecto cielo profundamente negro plagado de estrellas que titilaban una vez cada una en cegadores destellos blancos. Estrellas fugaces atravesaban el firmamento con la asiduidad de las gotas en una suave lluvia de verano. Podía ver al grisáceo mercurio con sus cráteres pequeños y grandes, también podía apreciar el incandescente amarillo de venus, el tono rojizo del hermoso marte y las cambiantes nubes de júpiter, quien condicionaba los elegantes anillos y el color de saturno.

Estaba acostado boca arriba sobre un muelle y aunque no podía verla sabía que la luna se reflejaba majestuosamente sobre el inmenso río que me rodeaba. Podía captar los perfectos e irreales detalles que me rodeaban aun cuando mi mirada se hallaba pegada al cielo y mi cuerpo recostado sobre la fuerte madera.

Instantáneamente supe que ese lugar podía parecerse a muchos otros, pero realmente no existía.

—Creo que júpiter no condiciona los anillos de saturno, solo su color —murmuré y de un momento para otro, mi vista fue tapada por el rostro de Dexter hincado sobre mí, sus rodillas rozaban mi cabeza y nuestros rostros estaban paralelos el uno del otro como Spider-man y Mary Jane, solo que sin estar colgados.

—Cuéntame algo Lonnell —susurró Dex, cada vez más cerca de mi rostro, tanto que sentí sus rizos cosquillearme el mentón, sus facciones se ensombrecían a cada centímetro acortado y yo perdía gradualmente la visibilidad de todo lo demás—. ¿Quién es el villano ahora?

Desperté agitado y observé a mi alrededor. Mi corazón se comprimió deseoso de que, tal como el espacio que veía desde el muelle había sido un sueño, también lo hubieran sido los sucesos que habían acontecido en el Marie Curie. No más que una nefasta y poco preocupante pesadilla.

Tal vez... tal vez...

Pero no. Mi cuarto seguía revolucionado tras el allanamiento policial que había acontecido siete horas atrás. Aún así no habían encontrado más que fotos del culpable. Nada que indicara que había sido un cómplice, autor intelectual o mandamás, cualquier término que la policía utilizase. Se habían llevado mi teléfono, mi laptop y la campera de Liam Gallagher que Dexter había dejado olvidada sobre el respaldo de la silla de escritorio.

Me levanté y apoyé los adoloridos pies sobre la moqueta. La carrera del día anterior me había dejado la piel irritada y lastimada. Sentía las ampollas como quemaduras y se me dificultaba realmente caminar en un piso que no fuera alfombrado. Observé el desorden que imperaba alrededor mío, un contraste agresivo al que apreciaba en mis sueños, donde, a diferencia de aquí, había estrellas, planetas, paz y Dexter.

Caminé hasta la ventana y removí un poco la tabla que tapaba la base de la persiana. Un pequeño papel blanco se deslizó hasta mi mano acompañado de un poco del polvillo que se acumulaba allí.

Dexter lo había escrito. Supuse que había una nota en algún lugar cuando al regresar a casa vi que un pedazo de hoja de mi cuaderno abierto había sido arrancado. Resultaba chistoso darse cuenta de esa clase de detalles en aquel momento, pero lo había hecho, había resuelto el primero de los muchos acertijos que me esperaban en tan solo un segundo.

El fragmento se había encontrado dentro del bolsillo de la campera de Dexter. Luego de leerlo instantáneamente pensé en dos cosas; comerlo o quemarlo.

La primera no era muy recomendable en mi estado ya que tenía la garganta aún muy adolorida e hinchada, si llegaba a ahogarme y encontraban la nota en mi tráquea, sería el fin. La segunda opción sería demasiado obvia y me incriminaría tontamente. La tercera, a pesar de ser la más arriesgada, había sido la idea ganadora; ocultarla dentro del taparrollos de la persiana.

Deslicé el dedo sobre el papel cuidadosamente, esperando que su contenido cambiase, pero eso no sucedió.

Deslicé el dedo sobre el papel cuidadosamente, esperando que su contenido cambiase, pero eso no sucedió


Ni un perdón. Ni un porqué. Solo aquella premisa de la que no me enteraría porque no tenía planeado cumplir sus deseos. No planeaba seguir las indicaciones de una persona repentinamente desconocida y egoísta que había matado y se había suicidado como si las vidas fueran vasos desechables.

Sabedor de que podría haber otro allanamiento volví a guardar el papel dentro del taparrollos. Coloqué las acolchadas pantuflas verdes de papá en mis pies y salí tranquilo y silencioso de mí habitación.

Necesitaba un maldito ibuprofeno y no sabía cómo carajos iba a hacerlo pasar por la garganta.

—¿Qué hicimos mal? —cuestionó mi padre desde la sala de estar, deteniendo momentáneamente mí andar—. Prácticamente criamos a Dexter.



Larú

#4728 en Joven Adulto
#3567 en Thriller
#1575 en Suspenso

En el texto hay: drama, escuela, tiroteo

Editado: 14.11.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar