No country for bad boys

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Capítulo 6: La inmortalidad del cangrejo

¿Cómo definía vida una persona que estaba evitando iniciar una?

Lo cierto era que sentía que aún no había comenzado a vivir y temía que un viejo y moribundo Lonnell en un futuro muy lejano —o no tanto— mirara su pasado con dolor, impotencia o desesperación, sabiéndose incapaz de dar marcha atrás para aprovechar esos momentos que yo estaba tirando por la borda.

«Desperdicié los mejores años de mi vida» le contaría a una joven constantemente drogada con un diploma de enfermería falso, desesperada por esos centavos de pensión o herencia que pudiera llegar a darle por cuidarme.

Aunque casi siempre me veía a mí mismo como un viejo comprensivo diciendo «No fue tiempo perdido, fue tiempo invertido en crecimiento personal», aún me corría el miedo de sentirme aún más vacío a la hora de la partida.

Me removí mínimamente para que no me atacara otro hormigueo en la pierna. Estaba acostado en el sofá, tapado con una manta, viendo la televisión y sin deseos de buscarle un significado a nada que requiriera alguna clase de movimiento más prolongado.

Vida era eso que pasaba frente a mis ojos sin que me importara.

—¿Piensas en la inmortalidad del cangrejo? —mi madre me sacó de la nebulosa existencial, obligándome a observar su rostro compenetrado. Al parecer hacía rato que me estaba hablando, o llamando, o picando con un palito.

¿No deberíamos atacar las raíces de los problemas sociales en vez de atestar las prisiones del país? —cuestionó Lisa Simpson desde el televisor, en conversación con una Marge Simpson policía.

Oh, estaba viendo los Simpsons, lo había olvidado.

—Te toca hacer la cena —murmuró Linda señalando la pizarra de quehaceres detrás del sofá, junto a la entrada de la sala de estar—. Pero si me cuentas qué es lo que te viene sucediendo últimamente, podría hacerlo por ti.

Excelente. Quiere negociar mi derecho a permanecer en silencio.

Por un momento la imaginé esposándome a una silla, con una lámpara de incandescente foco blanco dirigido a mi rostro como en las viejas películas de detectives. Un simple interrogatorio.

—No me viene sucediendo nada —afirmé deshaciéndome de la manta, seguro de que encontraría un cuerpo completamente achicharrado. La primavera ya había llegado y se estaba haciendo sentir, pero yo tenía siempre la necesidad de cubrirme.

Linda se cruzó de brazos, atravesándome con aquellos enormes ojos pardos.

—Loner, estás muy extraño estos últimos días.

—Extraño vine de fabrica, no te quieras lavar las manos, Pilatos —sonreí levantándome, logrando sacarle una sonrisa a pesar de que quería lucir seria y preocupada—. Mamá, han pasado solo unos meses desde... desde lo de Dexter —acoté con suavidad, era raro que dijéramos su nombre en voz alta—. Es lógico que me apague de vez en cuando.

—Y es mi deber cuestionar qué te sucede cada vez que te veo mal —acotó siguiéndome como una sombra cuando comencé la lenta caminata hacia la cocina, esperanzado de que mi maestría gourmet la acallara de preguntas—. Nos importas, hijo, sé que lo sabes bien. Si no confías en mí, quizás puedas tener una charla de hombres con papá, cómo acostumbran las otras familias a hacer.

—Mamá, tú sabes que papá llora en las conversaciones serias —acoté entrecerrando los ojos ante un imprevisto y gracioso recuerdo—. Como la vez en la que tuvimos "la charla".

Linda largó otra carcajada mientras buscaba en una de las gavetas de la parte baja de la alacena un delantal de cocina para posteriormente pasarlo por sobre mi cabeza. Pude sentir en aquel gesto como se había relajado, la firmeza ineherente que aplicó en el nudo tras mi espalda hizo que yo también me distendiera.

Había sido una semana agotadora a nivel emocional. Solo necesitaba un descanso.

—¿Estás genuinamente bien? —cuestionó por última vez, solo para cerciorarse y constatar que no había ninguna nueva pústula enorme, desagradable y llena de pus en mi alma.

—Lo estoy. Lo prometo. —mentí, abriendo la alacena para extraer la bolsa de harina en una excusa básica pero efectiva para no mirarla a los ojos—. ¿Spaghetti?

Tiré los hombros y la cabeza para atrás y contoneé el cuerpo de manera que mis huesos sonaron en un estridente «crack»

Tiré los hombros y la cabeza para atrás y contoneé el cuerpo de manera que mis huesos sonaron en un estridente «crack». Las desventajas de ser alto caían estrictamente en mi espalda, más siendo yo una persona tan poco deportiva.

Doblé el cuerpo hacia adelante y osé intentar tocarme los pies con las puntas de los dedos, aún sabiendo que el intento sería en vano.



Larú

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En el texto hay: drama, escuela, tiroteo

Editado: 14.11.2018

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