No dejes que me encuentre

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Capítulo 2

¿Cuál es tu nombre?

¿Cuál es t…?

—Adam, ¿hay alguna posibilidad de que quieras unirte a la clase? —dijo mi maestra de calculo. Maldición, me había quedado dormido en clase. —¿Entonces?

—Lo siento.

La clase continúo de nuevo y traté de prestar tanta atención como pude, pero su voz seguía en mi cabeza. No había podido dormir ni un poco y ahora mis ojos protestaban y mis nervios no ayudaban. Cuando la campana se escuchó en todo el edificio, corrí afuera para buscar a los chicos. Simón se había escondido en algún lugar para dormir, mientras que Marco y Daniel que eran de otra clase ya deberían estar afuera. Los busque en el comedor y luego fui al patio, fue en el último lugar donde los encontré a los tres.

—Tenemos que hablar sobre anoche —dije cuando estuve lo suficientemente cerca y todos parecieron nerviosos ante la idea. —La vimos todos, ¿verdad? —Necesitaba asegurarme de que no lo había imaginado todo.

—Hablas de una chica vestida de blanco con mucho cabello sobre su rostro... —Marco respondió con una risa nerviosa.

—Y descalza —añadió Simón aterrorizado.

—Si, fue lo primero que vi cuando desperté… Jesús, esto es malo.

—¿Cuales son los eventos desafortunados? —Pregunté y los chicos me miraron despavoridos. —Tengo que saberlo…

—No es necesario, es solamente un rumor inventado. Probablemente la chica que vimos anoche es alguien que quería asustarnos.

—Pues lo logró —Marco miró mal a Daniel.

—Las personas enloquecen, dicen escuchar voces, ver cosas que no están ahí, ¡simplemente enloquecen! —explicó Simón con tono serio.

—¿Alguien ha muerto?

—No lo sé —respondió Simón. —Seguro no.

—Esas son tonterias, ¿alguno de ustedes ha sentido algo extraño? —Daniel nos miró, uno a uno. —Ven, puras tonterias. Ya sé, visitemos a la vieja vidente, dicen que ella nunca se equivoca. Seguramente nos dirá que nada pasó, que somos unos niño tontos…

—Si, hagamos eso….

—¿Qué dices, Adam? —Simón me miro fijamente. —Estoy seguro que mi abuela no nos cobrará.

—No creo en videntes… Pero, vale la pena intentarlo —, no perdía nada con hacerlo. —Nos vemos después de clase —me di la vuelta, pensativo y sin ganas de continuar con la conversación. Fui directo a mi salon de clase con la cabeza en las nubes sin poder dejar ir la noche anterior. Subí las escaleras con lentitud y luego di vuelta hacia el salon de clase cuando estuve en el piso correcto; pero, no la vi, la chica que caminaba hacia mi. Chocamos y ella se tambaleo hasta caer al suelo, no pude alcanzarla.

Lo primero que vi fue su cabello negro y luego su uniforme tan nuevo como el mío. Entonces, levantó la mirada y note sus ojos color miel con motas verdes que me miraban con curiosidad. Sacudí la cabeza, sintiéndome un poco idiota por no intentar ayudar, así que me apresure a ella..

—Lo siento —dije mientras trataba de ayudarla.

—Esta bien, no me fije por donde iba —dijo.

Extendí mi mano y ella la tomó fijando sus ojos en los míos, cuanto nos tocamos algo atravesó todo mi cuerpo, asustandome por un momento. La ayude a levantarse empujándola hacia mi, sujetando su mano con fuerza. Algo extraño emanaba de ella, no pude identificar el qué.

—¿Estas bien?

—Bueno, estoy completa —dijo sonriendo. —Tu por otro lado pareces turbado. Cualquiera diría que tuviste una experiencia aterradora. ¿Estas bien?

—Mmm, sí —, la chica tenía buen instinto.

—Si tu lo dices —, no pareció creerme ni un poco. —¿Eres nuevo? Nunca te había visto…

Su cambio de tema me sorprendió; pero le di la bienvenida y soltè su mano un poco torpe.

—Sí, me mude hace algunos días con mi abuela.

—¿Tu abuela? ¿Vive en Anturio o Dedalera?

—No, en Azalea

—Oh, no sé mucho de ese pueblo —miró a lo lejos, por la ventana a nuestro costado, directo hacia el bosque. —Por cierto, me llamo Elena... ¿Vienes de la ciudad?

—Sí, la capital.

—Nunca he ido, en realidad, no conozco ninguna ciudad. Pero he visto fotos y he usado el mapa en internet, hoy en día es tan fácil viajar sin dejar tu casa.

La mire perdido y sorprendido por la repentina conversación. Ella me miraba expectante, con una emoción indescriptible que me aterrorizaba un poco.



Wanda Quiceno

Editado: 06.07.2018

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