No dejes que me encuentre

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Capítulo 9

Ela se desapareció como si nada aquel día después de mirarme fijamente a los ojos por mucho tiempo, me estaba analizando. Hoy, era el día en que yo la analizaría a ella, si iba a protegerla, necesitaba entender toda la situación. Era el día perfecto, considerando que las clases se habían cancelado y mi abuela había cerrado el restaurante porque tenía una cita con el banco. Por ello no dude en ir al bosque, aunque mi horrible despertar ayudo un poco en la decisión.

Definitivamente, no hay nada como abrir tus ojos entre dormido y encontrar a una mujer mirándote fijamente desde el otro lado de la habitación, usando un vestido negro antiguo y luciendo demasiado pálida para ser real. Pero, lo que impacta más es que diga tu nombre en un susurro que te cale hasta los huesos. Por supuesto que dejas de estar medio dormido, te despiertas por completo, asustado e intentando no dar un alarido al darte cuenta que es tu abuela vestida como si fuera a un funeral. De todos modos, llegué a sentarme en la cama de la impresión y sostuve las mantas como si se tratara de mi vida.

—Abuela, ¿qué haces ahí? —Mi voz tembló un poco.

—Voy al banco hoy, pero no al de aquí —. No sé explicó mucho al respecto. —Puede que vuelva por la noche, así que no seas vago y buscate algo que hacer, no te quiero en la cama todo el día.

Era obvio que no estaba de buen humor, razón por la cual no dije mucho y la acompañé a la puerta.

—Ah, no te metas en ningún problema. Si recibo otra llamada del hospital por ti, moriré antes de siquiera poder dejarte algo en el testamento. Debes tener cuidado con mis nervios, ya no son tan fuertes como antes.

—Esta bien, abuela.

La escuché refunfuñar un poco más y entonces se marchó con sombrilla en mano lista para cualquier cambio de clima. Entonces regresé a una casa vacía y con gran pesar por mi muy cómoda cama, decidí ser diligente con mi día.

*

Cuando cayeron las primeras gotas de lluvia maldije por no haber regresado a la cama, contemplar el techo hubiera sido mucho más disfrutable o simplemente hubiera aprovechado la oportunidad para encontrar dónde había escondido mis videojuegos la abuela. No había nada que hacer, estaba demasiado lejos para regresar. Entonces, seguí mi camino y cuando empezó a llover corrí hacia los árboles del bosque para refugiarme. Lo que experimenté fue magia pura, cuando atravesé la línea divisoria entre el bosque y el exterior, me recibió un clima cálido.

—¿Pero…?

—Parecía que no querías mojarte? —La voz a mi lado hizo que girara de inmediato para ver quien me acompañaba. Por supuesto que era Ela observandome con esa mirada tan peculiar de ella, con demasiada intensidad.

—Preferí dejarte tranquilo estos días y esperar a que fueras tú quien viniera a mi… Los días más aburridos de mi vida —comentó con un puchero que me tomó por sorpresa y empezó a alejarse de mí, caminando hacia las profundidades del bosque. Caminaba con lentitud, sujetándose las manos detrás de la espalda y tarareando una canción. No tuve más remedio que seguirla.

—¿A dónde vas?

—Tenemos que hablar…

—Sí, no me digas —refunfuñe un poco. —¿Y dónde es que vamos a hablar?

—Ya estamos hablando, ¿no te diste cuenta?

Ella estaba jugando conmigo, definitivamente.

—En mis sueños dijiste…

—No era un sueño, estabas a punto de ir al purgatorio.

—¡¿Purgatorio?! —Me exalté y luego trate de retomar el control. —Como sea, mencionaste una “ella” que no tenía tanto poder.

—Ah, supongo.

—Supones —murmuré molesto por su poca atención. —¿A quién te referías?

—No sé.

—¿La anciana vidente?

—Probablemente.

Esta conversación no iba a dirigirse a ningún lado a este paso.

—¿Cuán poderosa es? ¿Quién es realmente?

—Una bruja mala. Y cuando digo bruja no me refiero a lo literal de la palabra, pero supongo que al final los dos significados le quedan perfectamente.

—No te agrada.

—Creo que con eso ya lo dejamos todo claro, pasemos la página.

—¿Cuando vas a salvar a mis amigo? —Pregunté.

—Cuando me saques de aquí —se detuvo frente a un no muy alto precipicio sobre un lago.

—¿Qué? Dijiste que debía protegerte, no sacarte de aquí.

—¿Eso dije? Pues olvide leerte la letra pequeña de nuestro contrato. Ups —se encogió de hombros, girando su cuerpo de frente hacia mí con una sonrisa burlona. Su vestido azul claro bailaba con el viento y mi paciencia trataba de mantenerse en un nivel medio. —Esas cosas pasan.

—Si no los salvas pronto, no te ayudaré a salir de aquí —dije de vuelta, adios paciencia. —¿Como sé que cuando salgas de este bosque no desaparecerás? No soy estúpido, ya me mataste una vez, podrías hacerlo de nuevo también. ¡No confio en ti!



Wanda Quiceno

Editado: 06.07.2018

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