No dejes que me encuentre

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Capítulo 10

Las puertas del elevador se separan, desplazándose para dar paso a quien salga o entre. Yo no lo pienso mucho, retrocedo y empujo mi cuerpo hacia afuera, aunque el espacio no esté abierto por completo. Entonces empiezo a correr, una enfermera me grita; pero no presto mucha atención, me es imposible cuando aquel ser va detrás de mí. Salga al exterior y miro sobre mi hombro, no hay nadie, él no me sigue.

—Estoy aquí — me susurra y me giro al otro lado asustado, encontrandolo a mi derecha, cara a cara. Sus ojos son demasiado grandes, me tiene justo donde me quería. Su mano cae en mi brazo, la mueve desde abajo hasta mi hombro y luego va por mi cuello, sigue a mi rostro y siento que está cada vez más cerca de mi ojo. Quiero moverme, pero no puedo. Trato de reunir toda mi fuerza y justo cuando su mano obstruye mi vista, me lanzo sobre la calle en frente de un auto.

*

Cuando mis ojos vuelven a abrirse, me levanto en un instante con la respiración a mil por hora y una gran pérdida de enfoque en mi visión. Entonces, todo se aclara frente a mi y me doy cuenta que estoy en un lugar desconocido. Suelo de madera, paredes de madera, una chimenea encendida no muy lejos, mesas llenas de frascos de cristal con líquidos extraños y una silla ocupada por Ela. Ella me mira, pálida y muy molesta, su cabello negro luce desordenado y su, ahora, vestido verde se extiende por el suelo de forma irreal. El sonido del viento moviendo las ramas de los árboles es lo único que escucho, hasta que su voz impregna mis oídos con un tono lleno de misterio.

—Hace algunos años tuve una amiga, ella era buena y… Ella deseaba salvarme, sacarme de este lugar. Creí que lo haría, pero se enamoró. Me sentí abandonada, traicionada y herida. Desapareció por un tiempo y luego regresó con el corazón roto, y un nuevo ser en su vientre —. Tal parece me encontraba en su hogar, la cabaña en medio del bosque. —Quería que lo protegiera y dije que lo haría… Pero, la magia no es gratis, siempre pide algo a cambio.

—¿Cómo...? —Cerré mi boca y preferí aguardar al final de su historia.

—Dije que lo protegería a cambio de que cuando llegara el momento, él me sacará de aquí.

—¿Ella aceptó?

—Sí, esa es la verdadera razón por la cual estás aquí.

—Espera, dices que… ¿Esa mujer era mi madre?

Ela me miró por varios segundos sin responder, en ese momento noté que en su regazo se encontraba un texto cubierto por un pedazo de cuero viejo. Sus manos sostenían el objeto con rigidez y mucha fuerza, tanto que sus manos lucían más blancas de lo normal.

—He hecho lo que me pediste, vi a tu amigo y me he encargado de él como pude. También he tomado un gran riesgo al hacer tal hazaña. Te he tenido que sacar de allí antes de que fuera demasiado tarde y en consecuencia, mi magia ha dejado un rastro.

—¿Cómo exactamente me sacaste de ahí? —Me sentí perdido.

—Se podría decir que te teletransporte a este lugar —explicó con cierta simpleza. —Fue un poco fácil porque estabas muerto.

—¡¿Muerto?!

—Sí, un taxi te arrolló y fue un golpe bastante certero. La buena noticia es que no importa cuantas veces mueras, siempre volverás a la vida.

—¡¿Qué?! —Estaba entre sorprendido y asustado.

—Al menos hasta que cumplas tu destino.

—El… El hilo —dije, en murmullos, recordando las mujeres de aquella cueva oscura iluminada por tenues velas. —Ellas… —La mirada de Ela me silenció, algo en ella me decía que no debía hablar de ello.

—Va a venir por mi dentro de poco —susurró.

—¿La muerte? ¿Por qué? ¿Qué fue lo que hiciste? —Necesitaba entender por qué estaba luchando.

—Está aquí —abrazó el cuaderno cubierto en cuero. —A veces me es dificil recordar. Siempre estoy olvidando, Adam. Ya ni siquiera recuerdo a tu madre, todo se vuelve una historia más entre mis diarios —la tristeza y desesperación llenó sus ojos. —Estoy empezando a olvidar de nuevo —confesó.

—¿Olvidar? ¿De qué estás hablando? Empiezo a perderme en esta conversación —le dije.

—Los tres pueblos de hoy en día eran antes toda una comunidad, yo era una aprendiz de mamá Ruth en secreto, la bruja del bosque. Mis padres desconocían mis andanzas, eran personas de poder y la magia era una aberración. Entonces, un día llegó la enfermedad, todo el pueblo había sido envenenado. Era el aire, había algo en el aire —su voz tembló. —Yo me encontraba en lo más profundo del bosque, practicando algunos conjuros y encantamientos, lejos de toda civilización. Cuando regresé, todos estaban muertos —una lágrima cayó por su mejilla.

—Lo siento —dije.

—Aquellos cuyos pecados han sido de gran inmensidad, son elegidos para asumir el cargo de la muerte, tienen que guiar las almas al lugar que les corresponda. Si, por alguna razón no lo hacen, sentirán el dolor del eterno castigo por todo su cuerpo hasta que cumplan su misión. Yo intente revivir a todos aquella noche, le cause gran sufrimiento a ese… Lo que sea aquel ser. El asunto es que lo hice sufrir y él decidió que debía devolverme el favor. Está obsesionado conmigo.



Wanda Quiceno

Editado: 06.07.2018

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