No dejes que me encuentre

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 13

Desperté completamente solo en una cueva oscura muy familiar y me levanté entre el silencio y el aire denso para buscar una salida. El lugar no estaba sumido en completa oscuridad, podía reconocer las rocas en las paredes y el camino. No tan lejos divisé una figura humana caminando sin rumbo. Me acerqué con rapidez y vi a Marco con la mirada perdida, sin notar mi presencia o cualquier cosa a su alrededor. Dije su nombre miles de veces, pero no me escuchó ni una vez. Entonces, percibí las luces tenues de las velas y supe donde estaba.

—Has regresado.

Allí estaban las tres mujeres de siempre y la velas apenas iluminando el lugar, dos fueron a recibir a Marco y la de siempre se me quedó mirando fijamente. Tenía un mal presentimiento sobre todo el asunto y sujeté a Marco del brazo, evitando que se acercara a las mujeres.

—Él tiene que venir con nosotras.

—No, él ha sido víctima de un ser desquiciado relacionado a su mundo y por ello, deben arreglarlo —me atreví a decirlo.

—Niño, las reglas no son así.

—Por su puesto que no, me parece que ni siquiera existen. Todos nosotros no somos más que sus juguetes en este juego de quien vive y quien muere —. Ellas me miraron con fastidio. —No voy a dejar que se lo lleven.

—¡No puedes hacer eso! —Aquella exclamación resonó por todo el lugar.

—Vaya, vaya…

Todos nos volvimos ante la voz de un hombre que salía de entre las sombras de la cueva como si nada. Se sostenía de un bastón y caminaba con lentitud, pero ni su postura ni sus movimientos mostraban debilidad. Nadie dijo nada mientras se acercaba a mi y algo en él me dio una sensación de respeto y temor.

—¿Eres Adam? —Preguntó con tono serio y yo asentí, entonces me corregí.

—Sí, señor.

—Tengo una oferta para ti.

—¿Oferta?

—¡Señor! —Una de las tres mujeres intentó interrumpir, pero una mirada del hombre, si es que era humano, calló a todos al instante.

—Te he estado observando desde hace ya un tiempo y hoy has hecho algo que era necesario desde hace algún tiempo. Por eso, le ofreceré algo que espero acepte —. Se acercó un poco más. —Puede despertar como si nada con su amigo vivo —, dijo y señaló a Marco. —O… puede aceptar ser un vigilante y protector…

—¿De qué? —Pregunté al ver que no hablaría más.

—De la muerte.

Tragué algo de saliva, nervioso.

—Las cosas se han salido de control últimamente y algunos no han estado a la altura del trabajo —dijo lo último mirando de reojo a las tres mujeres. —Acepto que es un trabajo difícil. ¿Qué piensas?

—¿Quién es usted?

—Soy… Un simple supervisor de la humanidad, a veces un mensajero y nada más. Soy lo que soy —se encogió de hombros. —¿Me dará una respuesta?

— No estoy muy seguro de lo que me está ofreciendo.

—La muerte recaerá en sus manos. Dime, ¿qué deseas para este chico?

—Quiero que viva —dije y Marco desapareció. —¡Marco!

—Se ha ido.

—¿A dónde?

—Ha regresado a la vida como lo has deseado. Esto es lo que te ofrezco, veo compasión y razonamiento en ti. El chico no merece morir —explicó. —Incluso, podrás decidir sobre el futuro de aquella chica.

Ela.

—¿Has tomado una decisión? —Preguntó.

—¿Qué pasará conmigo si decido hacerlo?

—Inmortalidad o mortalidad, lo que desees. ¿Cuál es tu respuesta?

Tomé una respiración profunda mientras miraba al hombre adulto frente a mí, tomé una decisión que cambiaría mi vida para siempre.

**

Abrí mis ojos y me encontré frente un bosque en llamas, lucía peor a como lo recordaba. A mi lado, Daniel socorría sorprendido a un Marco que regresaba a la vida milagrosamente. El chico me buscó con la mirada y me pregunté si podría recordar todo lo ocurrido en aquella cueva o parte de ella. Era difícil saberlo. En se momento, descubrí que ya no me encontraba herido y me levanté del suelo listo para regresar y poner orden. Fue cuando la escuché gritar a lo lejos que supe lo que debía hacer.



Wanda Quiceno

Editado: 06.07.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar