No dejes que me encuentre

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Capítulo 14

 

El bosque moría junto a mi y no había nada que pudiera hacer al respecto y todo por alguien quien alguna vez creí era mi amiga. Miré a la mujer llena de codicia que me atravesaba con su magia oscura.

—¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos?

No realmente, pero es algo que ella no tenía porqué saber.

—Me pareciste un ser majestuoso, quería saber más de tí y aprender de ti. Te idolatraba porque eras un ser inalcanzable; pero, eres más débil de lo que aparentas —. Su mirada me hacía daño como si enviara corrientes de energía oscura hacia mi y destruyera mi espíritu. —Nunca pudiste entender que todo lo que deseaba era estar contigo, ser como tú por siempre.

—No es tan fácil —le dije.

—No es que importe ahora, si te mato aquí y ahora, podría hacer un nuevo trato con el bosque. Una vida por una vida, si el bosque desea seguir existiendo, una de las dos debe morir… Es decir tú. Entonces, obtendré los grandes poderes del olvido, magia eterna y poder eterno, lo que equivale a vida eterna —dijo emocionada.

—Todo tiene un precio —, intenté explicarle.

—Lo sé, el precio será tu vida —explicó con desdén.

Aunque, el bosque era voluble y nunca se sabía lo que podría hacer.

—Lo siento, pero este es el único modo de lograr lo que siempre quise —dijo y atravesó mi pecho con su mano para tomar mi corazón. Un grito lleno de dolor salió de mi y la vista se me nublo. —In silva a via aberravi, ofrezco una vida por otra vida, llévate esta alma perdida y dejame curar todas tus heridas, siendo tu nueva guía —. Cuando terminó su cántico, sentí que me arrancó el corazón y el aliento se me escapo del cuerpo, mientras mis manos se desvanecian en cenizas. En ese mismo instante supe que el bosque no aceptaba aquel trato, prefería volverse cenizas conmigo a darle eternidad a un ser tan oscuro como aquella mujer. Ese día nos desvanecimos y no quedaron más que cenizas de lo que alguna vez fue.

**

Un constante pitido me molestaba y justo cuando finalmente descansaba en paz, aunque aún no veía la bendita luz que se supone vería. ¿Acaso mi alma se dirigía al infierno? No recordaba haber sido tan mala, bueno, no es como si recordara mucho. Intenté moverme en la nada que me rodeaba y entonces, encontré un libro en mi regazo. Me desplacé entre sus páginas y descubrí que todas sus palabras y cada historia era sobre mi. La chica que quedó atrapada en el bosque para siempre. Me asusté un poco e intenté decir algo; pero, mis cuerdas vocales no emitían ningún sonido. Pasé de todas las páginas directo al final y leí mis últimos segundos de vida allí, sobre la chica cuyas cenizas fueron esparcidas por el viento caliente sobre lo que quedaba del bosque moribundo. De repente, el libro tomó vida propia y sus letras empezaron a borrarse desde la última página hasta la primera, y se cerró de nuevo. Estupefacta, vi unas manos familiares situarse sobre la portada verde escura.

—¿Recuerdas el accidente? —Ella preguntó y levanté la mirada para descubrir su rostro. —Cuando llegaste al lugar yo ya había muerto; pero, él estaba vivo —continuó. —Estabas dispuesta a usar su vida para devolverme la mía…

—¿Quién eres? —Le pregunté.

—Una vieja amiga, jugábamos juntas en el bosque durante los días de lluvia —explicó. —Te enseñé sobre los computadores, la ubicación de los pueblos y ciudades alrededor. Dibujé mapas para ti y miles de cosas lejanas a tu realidad. No he hecho más que abogar por ti en todo este tiempo por tu amistad y lo que hiciste por mi.

—¿Qué hice? —Pregunté y ella sonrió.

—Pudiste haber tomado su vida para salvar la tuya, después de todo hicimos un trato al respecto. Dijiste que lo dejarías vivir a cambio de que su vida pudiera salvar la tuya cuando llegara el momento.

—No pude hacerlo —dije al recordarlo. —Esa no soy yo.

—Lo sé, pero muchos se pierden en el camino.

—¿Y ahora qué? ¿Qué pasará conmigo?

—Deseas ser mortal y eso serás; pero, el bosque debe ser protegido porque la magia y vida que contiene protege al mundo de la perdición. Siempre estarás conectada a él y cuando mueras, tú descendencia estará unida al lugar. Es lo mejor que podemos ofrecer…

—Casi libre —pensé. —Pero, he muerto…

—Sí —afirmó. —Pero, él te ha traído de vuelta.

La miré confundida y entonces sentí que algo forzaba a mis pulmones a respirar y mi cuerpo se suspendía en el aire de vez en cuando. Vi luces parpadear y el libro desvanecerse junto a aquella mujer.

—Comenzaras de nuevo.

La escuché decir mientras otras voces llenaban mis oídos, murmullos que se hacían cada vez más fuertes. También, estaba aquel molesto pitido que no deseaba desaparecer y de repente, la luz regresó junto al oxígeno, mis pulmones se llenaron y mis sentidos despertaron. Estaba en un lugar extraño, rodeada de personas que no dejaban de revisarme y mirarme.



Wanda Quiceno

Editado: 06.07.2018

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