No dejes que me encuentre

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 15

La lluvia atacó cada pueblo o ciudad alrededor del bosque, como si ansiara calmar su sed. Salí a la calle con mi sombrilla negra y vi el panorama gris con nerviosismo. Llegué a la calle principal de Azalea y me detuve para dar paso a los autos que atravesaban el lugar. De repente, al otro lado de la calle  una mujer me observaba fijamente, totalmente de rojo y con un velo abierto, dejando a la vista parte de su rostro. Le devolví la mirada sin vacilación, un tanto desconcertada por su insistencia. No me agradaba nada las sensaciones que causaba en mí esa extraña, ira, puro enfado hirviendo. ¿Quién era? ¿Qué quería de mí?

—Ela —. Me volví a la mujer que cuidaba de mí. —¿Lista para irnos? —Me pregunto con dulzura y asentí en respuesta.

Cuando volví la mirada al frente, descubrí que aquella mujer ya no estaba allí. No me era extraño, considerando que muchas cosas que veía estos días no estaban realmente o no existían. Pero, Natur, quien siempre cuida de mi, suele decirme que la existencia es relativa, aún no comprendo a que se refiere.  

—¿A dónde vamos?

—A casa… —Dijo bajo su sombrilla transparente. —Debemos poner fin a esta lluvia —susurró, sacando sus manos para sentir las gotas caer.

Así, nos dirigimos al bosque con algunas bolsas llenas de comida y cosas básicas para el día a día. Fuimos poco a poco y cuando nos acercamos a los árboles, Natur extendió su mano y un camino se abrió delante de nosotras. El viento me saludo con corrientes de aire húmedas. Los pájaros cantaron y el césped quemado pareció recuperar el aliento para revitalizarse. Tomé la mano de Natur, un poco asustada por lo que ocurría y ella me sujetó con fuerza. Su vestido verde se camufló en el paisaje, mientras sus pies se introducían en la tierra mezclando el chocolate de su piel con el del suelo. Entonces, llegamos a un lugar lleno de árboles calcinados rodeando a la mujer de rojo.   

—Has regresado —su voz gutural atravesó el aire con una fineza aterradora, mientras extendía su mano arrugada hacia mi.

—No la toques —me dijo Natur.

—¿Quién es ella? —Pregunté asustada.

—Una mujer no grata para este bosque, su alma es tan horrible como ahora lo es su exterior.

—¿Por qué? Solamente quería… —Ella intentó hablar; pero, Natur la silencio con una simple mirada.

—Nos has hecho daño y por ello, hemos tomado aquello que más deseabas —. La voz de Natur era gélida y directa. —Es por eso que te irás de aquí y nunca volverás…

La mujer empezó a reír de la nada, se burlaba de sus palabras, no le importaba nada. De repente, un chico de mi edad apareció caminando entre los árboles y me observó con sorpresa hasta dirigir la mirada a la anciana que me miraba con fijeza.

—Ela —dijo él.

—¿Me conoces?

—Finalmente llega, joven Adam —Natur se dirigió a él, sin permitir que me respondiera. —Hemos decidido un castigo; pero, me han dicho que debo pedir su opinión en cierto asunto.

—Cierto… —Adam estaba pensativo. —¡Me permite unos momentos a solas? —Preguntó a Natura y ella desapareció al instante, lo que hizo que me sobresaltara. —Simón ha abogado por usted; pero, la decisión ya se ha tomado… Le daremos tres días de gracia para decidir sobre el futuro de su nieto y entonces, será llamada para su juicio en el más allá.

Por primera vez, ella hizo una mueca llena de terror y su cuerpo tembló. Adam se mantuvo a cierta distancia mientras observaba a la señora alejarse, yendo hacia el exterior del bosque para nunca más volver. Natura le abrió el camino para agilizar su partida, incluso parecía que el aire empujaba su escuálido cuerpo.

—Ella deseaba la eternidad; pero, su corazón era tan negro que no podía ofrecer algo a cambio… No del mismo valor de lo que pedía.

Natur regresó a mi lado, cada vez más desvanecida, regresando a su forma natural como el alma del bosque. La vi adherirse a un árbol, a la tierra y al aire, incluso en el viento escuché su voz. —No olvides siempre regresar a casa, Ela.

***

La abuela de Adam me sirvió una de sus famosas sopas o eso me dijo uno de los presentes en su restaurante. También, ella se sentó frente a mi con Adam a mi lado, a punto de comer otra de sus sopas. Tomé una cuchara y me preparé para llevar un poco de aquel liquido a mi boca, por supuesto, la abuela de Adam no tenía los mismos planes para mi. Tal parece, esa era su táctica para iniciar una conversación o interrogatorio, puede que los dos fueran un mismo término para ella.

—Elena, ¿verdad?

—Sí —respondí y dejé la cuchara a un lado de nuevo.

—¿Eres la novia de Adam? —Preguntó y Adam casi escupe la cucharada que acababa de tomar.

—No —dije y él se dispuso a tragar apresurado. —Pero, es lindo. ¿Puedo salir con él?

La abuela me miró fijamente y Adam se quedó helado.



Wanda Quiceno

Editado: 06.07.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar