No dejes que me encuentre

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Capítulo 28

El sonido de máquinas y destrucción me despertó en la mañana sobre el suelo de la cabaña del bosque, completamente solo. Por un momento estuve perdido y tratando de recordar cómo había terminado allí y cuando llegué a la respuesta no hice más que lanzar maldiciones al aire. Nada me estaba saliendo bien y siempre terminaba sufriendo un déjà vu completo. Dos días seguidos en que me perdía en sueños y oscuridad, vaya suerte la mía. Solamente esperaba que no se volviera un hábito o algo que me persiguiera siempre.

—Esto no puede estar pasando de nuevo —dije mientras me preguntaba por cuánto tiempo había estado por fuera. Así que saqué el teléfono de mi bolsillo y al ver la hora maldije de nuevo. —¡Increible, simplemente maravilloso! —Empecé a levantarme mientras gritaba enojado sobre toda la situación y para colmo descubría que Ela no estaba por ninguna parte. Definitivamente, tenía el presentimiento de que estaba a punto de vivir el peor día de mi vida y eso ni siquiera se acercaba a la realidad. Todo estaba a punto de irse abajo para mi, porque para el mundo fuera de donde me encontraba, las cosas ya estaban mal.

El teléfono móvil empezó a vibrar en mi mano y contesté de inmediato. —¿Sí?

—Adam, ¿dónde estás? Al menos esta vez si respondiste tu estúpido teléfono, ni siquiera sé para qué lo compraste si…

—¿Qué está pasando? —Interrumpí antes de que no hubiera retorno.

—En primer lugar, no creo que quieras saberlo, pero da igual porque de todas formas te lo diré. Y en segundo lugar, dime que conseguiste la daga porque si no estamos fritos.

Me quedé en silencio.

—Adam, ese silencio no me gusta —dijo Simón temeroso. —Oh, Dios, supongo que tendremos que sobrevivir a este infierno.

Cuando los violentos ruidos de afuera persistieron no pude más que salir de la cabaña e ir hacia el mundo exterior donde caminé por un largo rato sin poder encontrar la causa. No mucho después vi a Ela, es decir, Laurel. Se encontraba de pie en medio de la nada y con sus puños cerrados a los costados de su cuerpo, el cual temblaba por un sentimiento que intentaba contener. Pareció escuchar mis pasos porque dio media vuelta para mirarme y cuando lo hizo la vi debatirse sobre qué haría conmigo o eso pensé.

—¿Qué está pasando? —Le pregunté y ella sonrió con fingida amabilidad, tal parece era un hábito propio de ella.

—Lo mismo de siempre, el enemigo natural de Ela ha despertado —dijo. —Ha pasado antes en otros lugares, lugares que ya no existen.

—No entiendo.

—Van a destruir el bosque y como protectora del bosque no puedo permitirlo, estoy segura de que Ela hubiera hecho lo mismo.

¿Qué cosa? ¿Qué pensaba hacer?

—¿Qué es lo que vas a hacer, Laurel? —Pregunté y busqué por la daga sin encontrarla, ya no se encontraba en sus bolsillos.

—¿Buscas algo? —Fui demasiado evidente para ella y no pensaba ocultar mis intenciones. —No importa cuantas veces te mate, parece que siempre encuentras la forma de volver a la vida. Admito que empieza a irritarme.

—Ela… Si me estás escuchando, quiero que luches contra ella —dije y Laurel se rió de mi. —No, Adam, eso es imposible. Cuando poseo un cuerpo el alma que residía en el se marchita, desaparece para siempre.

—Si no recuerdo mal, me parece que en el hechizo que tanto te esforzaste por recuperar no decía nada sobre desaparición de almas.

—¿Acaso la frase de... Ya no quedará rastro, solamente un alma perdida, no te dice nada? —insistió, citando su propio hechizo de memoria.

—Aquello perdido puede ser encontrado de nuevo, en ningún momento dice lo contrario, no es un hechizo perfecto y estoy dispuesto a probarlo —le dije. Me has vencido dos veces; pero, ninguna de esas veces pelee de vuelta, nunca lo he hecho —porque no sé como hacerlo, desconozco mis capacidades. —Sin embargo, esta vez no me contendre.

—No me interesa —dijo. —Tengo prioridades en este momento, como por ejemplo, humanos que están destruyendo mi fuente de magia. Ellos deben ser destruidos a como dé lugar.

—No, no dejaré que les hagas daño.

—Eso es injusto, ¿pueden dañar este lugar y destruirlo hasta sus cimientos, y aún así no merecen recibir el mismo trato? ¿Qué clase de mundo es este? No puedo aceptarlo, alguien tiene que pagar y lo hará —la sonrisas amables quedaron de lado y su personalidad cruel se hizo presente.

—Ela no lo haría —no estaba seguro de ello, pero prefería pensar que era así.

—Te equivocas, está en su sangre, ¡la sangre del bosque grita por justicia, Adam! —explicó un tanto exaltada. —Incluso ahora mismo puedo escucharla, quiere sangre y eso es lo que le daré.

—No puedo dejarte hacerlo —le dije.

—Lo sé, es por eso que… —levantó su mano y la dirigió hacia mí causando que las raíces de los grandes árboles salieran de la tierra y fueran contra mí de forma amenazante como una mano que buscaba aplastarme.  Pero, por primera vez, confiado de mi mismo y mis capacidades, me quede firme en mi lugar, imponiendo mi fuerza sobre éste que no tuvo más remedio que retroceder. Así, me dirigí a Laurel para continuar con nuestra charla y convencerla de pensar las cosas con más calma. Para mi mala suerte, ya no se encontraba allí y quién sabe en qué momento se habrá marchado.



Wanda Quiceno

Editado: 06.07.2018

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