No pude evitarlo

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Capítulo 27| Se puede volver a sonreír

Soundtrack: Life must go on. Alter Bridge.

Me arreglé para salir con Mathías. Me visto con unos vaqueros una remera azul y mis preciadas converse negras. Me maquillé para no parecer un adefesio al lado de él y me coloqué unos aretes de plata. Ya estoy lista.

Al tocar la puerta me despido de mi mamá y salgo.

Cuando abro la puerta veo un Mathías vestido con vaqueros y una franela azul oscuro que abraza sus abdominales. Nunca lo había visto en ropa tan informal. Pero se ve demasiado bien.

Él está de espalda y cuando saludo voltea hacia mí y sonríe. Me saluda y nos vamos hacia su auto.

Luego de conducir como por dos horas se estaciona y nos bajamos del auto, pero aún no me dice en dónde estamos.

— ¿Dime? —pregunto, esta incertidumbre me tiene mal.

Él duda pero al final habla. —Es un lugar de práctica de carreras de autos.

No me lo puedo creer.

— ¿Es en serio?

—Sí. Es una parte de mi vida que me encanta y quiero mostrártela. —me gusta que me muestre sus cosas favoritas.

—Genial. —Exclamo feliz porque es verdad. —Amo los autos. Quizás no soy una experta pero reconozco unos cuantos. Eso lo que tiene que ser hermana de un mecánico automotriz.

—Perfecto. ——me mira y sonríe. —No sabía si te iba a gustar. Cualquier otra chica hubiese puesto el grito en el cielo.

—No soy como otras chicas. ¿Me dejaran conducir? —hago un puchero y estoy decidida a que funcione.

Asiente. —Claro ¿por qué te iba a traer si no ibas a hacerlo? Debes recibir la experiencia completa.

Corro como una niña pequeña lo abrazo. —Gracias Mathías, me encanta, me encanta, me encanta.

Entramos y Mathías conversa con el dueño que es amigo suyo, y bueno luego debo entregar mi licencia de conducir para verificar mi grado de conducción.

Pasamos a una parte que parece un garaje y comienzo a ver los modelos que están allí. Hay desde Mustangs, Camaros y entre otros de todos los años y modelos.

—Escoge. —me dice Mathías

— ¿Puedo escoger el que quiera? —digo, sorprendida.

—El que tú quieras.

Veo un Mustang Gt 5.0 de color blanco y negro. Creo que he muerto y despertado en el puto cielo.

—Ese. —lo señalo.

—Buena elección, mi niña. —dice. —llega a su velocidad de cien kilómetros por horas en cinco punto dos segundos.

—Fantástico. Era justo lo que quería.

Me entregan la llave y me dan las especificaciones de cómo debo usar el auto.

Entro al auto y veo los pedales que son embrague a la izquierda, freno en medio y acelerador en la derecha. Pongo en primera para salir.

La pista tiene forma de ocho y cambio las marchas llegó a quinta cuando el auto empieza a pedirla.

Voy rápidamente. Me encanta la velocidad. Siempre fui una buena conductora pero mantenía el ritmo y cumplía con las normas de tránsito. Pero aquí, eso no es necesario.

Luego de cinco vueltas estaciono, salgo del auto y corro hacia Mathías para abrazarlo.

—Eso fue fantastico. Admito que me encantó. —Grito toda emocionada.

Me acaricia el cabello como a una niña pequeña. —Conduces muy bien. ¿Dónde aprendiste eso?

—Mi papá me enseñó a conducir a los trece años. Decía que debía saberlo por si alguna emergencia.

—Hizo un buen trabajo. Por cierto me cae muy bien. Como te diste cuenta al parecer tenemos la misma pasión por los carros. —mira hacia su auto. —Bueno yo ya te vi conducir. Ahora te toca verme a mí. —voltea hacia mí. —Serás mi copiloto señorita.

—Está bien. —Pienso algo por un segundo. — ¿Por qué no fuiste de copiloto conmigo? —lo miro ceñuda.

Mira hacia el piso, avergonzado. —No quería morir joven.

—Ja, ja. Que divertido. — rio sarcástica.

—Pero ya veo que lo haces bien así que algún día iré de copiloto.

Cabeceo. —Está bien. Estás perdonado.

Caminamos a su auto el abre la puerta como todo un caballero, subo al puesto de copiloto y me pongo el cinturón de seguridad.

He ido varias veces en su auto pero él no pasaba de setenta kilómetros cuando estaba conmigo.

Él se sienta al frente del volante y enciende el estéreo. Se escucha Love like this de Kodaline.

— ¿Lista? —pregunta y eso me recuerda a la primera vez que participé en una cirugía con él.

—Lista. —asiente y pone la llave en el contacto. Al encender el sonido del motor es como un suave ronroneo.

Al acelerar me pega del asiento y el ríe de las cara que pongo y mis comentarios. "De que hay que preservar la vida" u otros como "Siento que la vida se me va y que voy a salir volando por la puerta". En las curvas las realiza sin ningún tipo de nervio. Las curvas era donde más me costaba porque debía desacelerar para no terminar pegada con el borde de la pista.

Él mueve el volante y sonríe. Se ve relajado. Se dé por sí que es algo que le gusta practicar. Tiene una sonrisa muy hermosa como de niño travieso.

Hace los cambios automáticamente, como todo un profesional. De vez en cuando voltea hacia mí y me sonríe. Y en eso me guiña un ojo.

Morida (muerta)

Quedé tiesa

Por Dios que sexy es Mathías.

Él toma mi mano y la entrelaza con la suya. Y su sonrisa se ensancha. Es precioso verlo así.

En la última vuelta va a toda la velocidad y yo grito. Él va desacelerando y cuando llega al final de la pista estaciona, y me mira esperando a que le diga algo.

— ¿Qué te pareció? —pregunta cuando no lo he dicho nada.

No tengo palabras. —Fue maravilloso. —y suelto un suspiro con la mano pegada al pecho.

Él suelta una carcajada. —Me encanta que te haya gustado.

— ¿Podemos hacer una carrera? —le pregunto, ilusionada.

Niega. —Mejor no. Es peligroso para ti y debo cuidarte.

—Está bien. —digo no muy convencida.

Bajamos y hablamos con el dueño. Me felicitó por mi excelente conducción. Y yo estaba feliz. No todos los días se le reconoce a una mujer eso.

Vamos a comer a y seguimos riéndonos de lo que hicimos.



Paola Valentine

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En el texto hay: drama, amor, amistad

Editado: 26.02.2019

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