No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 2

—¿Qué dijiste Kayes? Pregunto.

Mi respiración se empieza a entrecortar. No le prestó atención al dolor de cabeza y la pongo totalmente en ella.

—Aquí dice: «Se le diagnostica un tumor cerebral a...» —no termina de leer ya que mi papá le quita los papeles de las manos, se coloca más nervioso.

—¿A quién? Musito.

—No alcance a leer completo —ve a papá y frunce el ceño—, ¡papá déjame terminar de leerlo! Se cruza de brazos, se parece tanto a él, de tal palo a tal astilla.

Me siento en la camilla que es un poco incómoda, pero no soy nadie para poder quejarme; espero paciente a que hablen de una buena vez. Después de la muerte de mi abuelo, no me gusta asistir a un hospital y mucho menos público. Es por eso que prefiero estar encerrado en mi cuarto leyendo un libro como «El Tren De Los Huérfanos de Christina Baker Kline.» O simplemente estar escuchando música con mis audífonos puestos.

¡Como ellos esperan a que me entere a última hora de las cosas!

—¿Tengo... un tumor cerebral? —Inhalo y exhalo. Mi vista esta posada en ellos, los miro acusadoramente. Siempre soy el ultimo de enterarme de todo, porque sea el más pequeño no quiere decir que sea estúpido. Me miran desolado. La ira es mi método de defensa para bloquear el dolor que siento en este momento, el miedo me atenaza la garganta, las lágrimas pinchan mis ojos— ¡¿Cuándo pensaban decírmelo?! ¡¿Cuándo muriera?! Dan un respingo y sus ojos se vuelven oscuros.

—¡No te atrevas hablarme de esa manera! Alza la voz mi padre— ¡No dejare que te suceda nada malo!... Pensábamos decírtelo cuando todo esté listo para tu operación

—¿Operación? Abro los ojos como platos.

—Para extirparlo —aclara esta vez mi madre—, quiero a los mejores especialistas atendiéndote. Damián... suspira—... se ha extendido... es... grave —sus palabras son cada vez más inaudibles—. ¡Podríamos perderte! Un sollozo rompe el silencio sepulcral, por un momento pienso que es mío, pero no, mi hermana está llorando, ¡Nunca la he visto llorar!, camina y me abraza fuerte.

—¿Por qué no lo dijeron antes? —Habla mi hermana entrecortadamente.

—No queríamos que estuvieran preocupados, Damián necesita estar relajado y descansar habla mi padre, que estaba en silencio dejando que mi madre explicara esta situación.

Mi argumentación básica con mis padres era de hola a adiós en los últimos meses, no quise entablar una conversación con ellos, me haría mal, ya que últimamente están más pendientes de un proyecto que estaban haciendo que dudo mucho que les interesa que hagamos mi hermana y yo. Pero que equivocado estaba. El proyecto en que estaban realizando era yo. Siempre fui yo.

¿Qué tan malo es? La densa atmosfera que se había formado se vuelve a incorporar, mi hermana ahora está sentada en los sillones que tiene la clínica, no me imagino cuanto debe costar el hospedaje—. Por favor no me oculten más.

—Es muy grave, Damián —habla esta vez una cuarta voz, que ingresa a la habitación—. Buenas tardes señores Palinchi, señorita... Damián me llamo Ronald Marck, fui encargado de tu... bueno enfermedad. La cirugía seria todo un éxito —sonríe muy paternal.

—Tengo muchas cosas que hacer, encontrar mi propósito es uno —sonrió.

—Tú ya lo encontraste desde el día que naciste hijo —exclama mi madre con una sonrisa que no le llega a los ojos.

—Usted siempre tan recia —se burla mi hermana, le guiño un ojo por la ironía de sus palabras.

Después de que el doctor Marck indicara que es lo que debo hacer antes de la cirugía; tengo que venir en unos días para ponernos de acuerdo y tener un control. El pasillo está vacío, las paredes cambia a uno más alegre y positivo, ya no están tan deterioradas como otras veces que había asistido en mi infancia. Una vez que salgo el hospital y entro al auto. Noto muchos flases, los periodistas están afuera tomándonos fotos, escucho el ruido hasta subirme al auto. El sol baña las calles de la ciudad, ahora tengo miedo, mucho diría yo, le temo a todo lo que no conozca.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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