No quiero morir joven ( #1 Saga No quiero)

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Capítulo 5

—Damián, si no nos recuerdas... ¿no nos quieres? —No me mira a los ojos y una lágrima se desliza a través de su rostro. Me tomo alrededor de diez minutos que mi madre comprendiera lo que sucede, o al menos aparenta entender.

La miro fijamente, ya que estuvo todo el tiempo en silencio.

—Mis recuerdos no están, pero mis sentimientos si —ella se levanta y me envuelve con sus delgados brazos y sonrío—. Te quiero como siempre te he querido.

—¿No mientes? —Susurra—. Si no nos recuerdas no nos puedes querer —comenta pensativa. Parece una niña pequeña.

—Mi corazón no los ha olvidado —mi padre entra y sonríe al vernos fundidos en el abrazo—, ¿vienes señor Palinchi? —se nos queda mirando y se recompone cuando mi madre extiende los brazos, esperando a que se una nosotros.

—¡Yo también quiero! —se escucha el agudo gritico de la misma chica que me recibió cuando abrí los ojos. Ambos se acercan y lo hacen.

¿Es normal quererlos sin recordar?

—¿Cuándo iremos a casa papá? —pregunta Kayes, o creo que así se llama. Un hombre alto pelirrojo entra en la habitación seguida de una enfermera. Por su bata sé que se trata de un doctor. Debe ser el que mi padre había mencionado que iría a buscar—, doctor... mi hermano ¿puede recuperar la memoria?

No responde, solo se digna caminar hacia mí con una sonrisa. Mis padres y mi hermana se alejan y se sientan en el sofá que está al lado de la camilla. La enfermera no le quita la mirada a mi papá, y eso me pone nervioso. Mi padre es demasiado atractivo de la misma manera lo son mi madre y mi hermana.

Todos mis signos vitales son normales, al igual que los resultados de los estudios que me realizaron cuando estaba en coma. El doctor nos hace saber a una muy nerviosa familia. Y claro a mí también no hay forma de saber si recuperare o no la memoria. Extiendo la mano en dirección a mi padre y el, la toma a gusto, me dirige una mirada de adoración, a pesar de la notica que acaban de darnos, me siento feliz por tener a esta preciosa familia aquí, conmigo.

—Ya que su incisión ha cicatrizado y su cerebro no presta anomalías, ni síntomas de hinchazón, puede ir a casa Joven Palinchi, y como les mencione antes de operarlo...—le dirijo una mirada perplejo y él se pone nervioso—... discúlpeme. Lo que quiero decir es que deberá estar en reposo dos semanas más. Anteriormente le había dicho que sería más tiempo, pero dada a la buena respuesta de su cerebro no será necesario —me sonríe cálidamente—. No duden en venir si se presenta algún inconveniente. Iré a firmar el alta. Pamela, retira las vías intravenosas del joven Palinchi.

—Sí, doctor Marck, enseguida —se acerca y aprovecha la cercanía de mi padre para mirarlo. Emito un chillido cuando sin nada de cuidado retira en catéter de mi mano—. Disculpe..., joven Palinchi —su voz se vuelve amarga cuando nombra mi apellido.

—Tenga cuidado —veo como se tensa ante la voz severa de mi hermana, ella abre los ojos como platos.

—No se preocupe, señorita Palinchi, no ha sido nada, su hermano ha sido muy dramático, tal parecer.

¿Qué? ¿Quién se ha creído esta mujer para hablarme así?

—No pienso permitir que hable así de mi hijo. Termine de hacer su trabajo y si escucho una queja más por parte de él, hablare con el director de la clínica sobre el mal servicio prestado por usted —me quedo con la boca abierta, por lo que dijo mí madre, ella rápidamente termina de quitarme el resto de las vías intravenosas que tenía con mucho cuidado y camina hacia la puerta, no sin antes dar una mirada a mi padre

—¡Ya deja de mirar a mi padre! —Kayes pone mala cara, notando que la enfermera se ha quedado observando a nuestro padre más tiempo de lo normal—. Sí, el solo tiene ojos para mi mamá. Siempre lo dice —ante las palabras de mi hermana sale a toda prisa de la habitación.

Mi padre y yo soltamos carcajadas, y las chicas se ríen bajamente.

¡Necesito recuperar la memoria!

Mi familia es maravillosa y quiero recordar nuestros momentos juntos. Me siento en la cama, intento ponerme de pie, pero mi padre enseguida toma mi mano y me agarra.

—Permíteme ayudarte hijo.

***

Mi madre va al lado en el asiento de atrás, en el asiento de piloto va mi padre y el copiloto Kayes. Atravesamos una verja y me encuentro en un lugar alucinante, el prado se extiende a lo largo de todo el terreno y puede observar una casa hermosa. Mi padre estaciona y luego de bajar del auto corre para abrirme la puerta.



Wuilder Vargas V.

Editado: 19.06.2019

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